Bear Directors: Orson Welles

68-orson-welles-theredlist

Nada mejor que empezar el nuevo año dándome el gustazo de postear este maravilloso artículo que mi querido Dr. Insermini le dedica al Bear Director por antonomasia, el gran Orson Welles. Un auténtico gozo para aquellos que –como yo– quieren saber más sobre su genio y figura desde un punto de vista filogay. Querido Orson, nunca lamentaremos lo suficiente el no haber compartido contigo un cocido madrileño en una sencilla taberna mesetaria. Fumarnos un puro, hablar de lo humano y lo divino, y, ¿por qué no?, mariconear un rato.

BEAR DIRECTORS: ORSON WELLES

Un especial muy necesario y muy hush hush del Dr. Insermini

Y, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual.

Orson Welles en Mis almuerzos con Orson Welles

Permitidme que antes de empezar aclare un par de cosas. La primera: soy muy fan de Orson Welles, seguramente, hablando de cine, es la personalidad más fascinante que nos dio el siglo XX. Como el mismo Kane, Orson fue un hombre de muchas caras, cuya imagen pública -la del genio incomprendido por la industria del cine y más tarde el trotamundos amante de la buena vida- reflejaba una parte muy-muy pequeña de lo que fue realmente Orson Welles. Él mismo disfrutó toda su vida alimentando ese misterio que le rodeaba, dando por ciertas historias falsas que se contaban sobre él y observando divertido cómo progresivamente el mundo, los plumillas en las revistas, sus viejos colegas, parloteaban y distorsionaban aún más su imagen, de la misma forma en que lo haría un espejo deformante de los que había en las ferias de atracciones. ¿Pero quién era Orson realmente? ¿No tenemos cada uno nuestro Orson particular? ¿Es verdadera la imagen que nos ha llegado de él o es todo una gran mentira? (Oigo las risas de Orson, ruidosas, como sonarían las de un Dios que vive en los cielos). Y con esto llego a la segunda aclaración. No quiero que este artículo se interprete como un razonamiento que busca defender la tesis -que no es nueva- de que Orson Welles era homosexual, latente o no. Eso sería una catetada por mi parte. Algo que me haría sentir muy pequeño. Más pequeño aún teniendo en cuenta que de quien estoy hablando es de Orson. Lo que quiero –y esto te lo digo especialmente a ti, querido Orson– es poner orden a una serie de datos que he ido recabando como forma de rastrear al Orson marica que convivió contigo a lo largo de toda tu vida. – No te enfades, querido Orson, porque pienso que humildemente, desde este rincón que me cede Bob Flesh, lo que voy hacer es contribuir a engrandecer un poco más tu leyenda. A darle unas cuantas capas más a tu majestuosa imagen. Y además, créeme, no es lo mismo ser marica en estos tiempos que en tu época. Ahora es cool.

Orson Chimes at Midnight

Por otro lado todas las etiquetas son engañosas, reduccionistas. Nombrar las cosas es acabar con su misterio. ¿Es gay un hombre que se da cuenta de que disfruta más de las relaciones sexuales que tiene con su mujer si introduce a otro hombre en la cama? Los gays puros, los heteros puros son muchos menos de lo que creemos. Hay toda una zona de grises que apenas comprendemos. Una zona de grises en la que estabas tú, querido Orson. Te gustaban las mujeres, de eso no hay ninguna duda. En tus mejores años, cuando eras el joven genio del teatro que creó el Mercury Theatre, que revolucionó la radio con aquella emisión de La guerra de los mundos y que poco después se dejó querer por Hollywood, ibas de flor en flor. Según las biografías estabas loco por tirarte a toda starlette que se te pusiera a tiro. Lo hacías en los camerinos, en los coches, debajo de las mesas. Entonces aún no tenías la figura oronda que luego te ha hecho reconocible a los ojos del mundo. Lo tuyo te costaba mantenerte delgado. Muchas privaciones y contínuos baños de vapor que te hicieran sudar hasta el último gramo de grasa. Pero lo cierto es que estabas cerca de ser un galán. ¡Y ese encanto! ¿Hay algo más sexy que la buena salud, el rebosar de vitalidad y energía? ¿Que te hagan reir? No te tomabas nada en serio, ni siquiera a ti mismo. ¿Cómo no caer en tus brazos? Por si alguien no lo recuerda tuviste romances importantes con grandes bellezas. Con la bellísima actriz mexicana Dolores del Río, a la que dejaste por Rita Hayworth, con la que te casaste. También está ese divertido episodio en el que durante una larga estancia en Italia te encaprichaste de una italiana bigotuda y poco agraciada que no hablaba ni una palabra de inglés. Ella te daba calabazas, pero tu obsesión era muy fuerte. La perseguiste, te arrastraste, rechazaste a Rita en un acercamiento con visos de reconciliación. Tenías que poseer a la italiana fea. Era algo más fuerte que tu vida. Es una de las historias que más me gustan de ti. Pero junto a todas estas historias de faldas hay una parte homo en tu vida que no puedes negar. No sé si alguna vez te apeteció comerte una polla. No estoy seguro. Tu colega John Huston -otro hetero, con menos sombras aún que tú- dejaba que Truman Capote se la mamara de vez en cuando. Esto lo cuenta Andy Warhol en sus diarios. Se lo contó el propio Capote, y yo me lo creo.

orson_marlene

Por lo que he leído me doy cuenta de que eras por encima de todo un seductor. Lo fuiste casi desde que naciste. El pequeño wunderkind (niño prodigio) que maravillaba a todos desde su primera infancia. Con 8 años ya estabas acostumbrado a que los amigos de papá y mamá se te insinuaran.

“Ya ve, toda esta experiencia la tenía ya entonces. Desde mi más tierna infancia fui la Lillie Langstry de la peña homosexual adulta. Todos me buscaban. Yo no sabía cómo quitármelos de encima. Pensaba que les sentaría mal si les decía que yo no era homosexual, que sería un reproche, así que siempre tenía dolor de cabeza. ¿Sabe? Yo era una especie de virgen perpetua”.

Orson Welles a Barbara Leaming, en la biografía Orson Welles (Tusquets editores).

Creo que todo este background te hizo ser consciente de tu poder seducción desde muy pronto, del efecto que tu precocidad, tu genio, provocaba en los adultos, y que con los años te acostumbraste a utilizarlo en tu provecho. Sin ninguna maldad, antes bien con mucho cachondeo.

Me encanta la historia que tuviste con John Houseman, que tú mismo definiste como una novela rusa. Él era un empresario algo mayor que tú, que entonces apenas habías cumplido los 20 y estabas en plena efervescencia creativa. Cada obra que representabas en Nueva York era un gran acontecimiento. Houseman quería introducirse en el mundo del espectáculo y fue en una representación de Romeo y Julieta cuando se produjo vuestro primer encuentro. Él quedó prendado de ti. En su autobiografía evoca ese momento describiéndote como un “joven monstruoso”, que despertó en él “algo obsceno y terrible, una irresistible violencia interior”. Así nació una historia que duró varios años. Tú, indiferente, te dejabas cortejar y te divertías con el efecto perturbador que provocabas. En una ocasión Houseman fue a visitarte a la casa que compartías con Virginia, tu primera mujer. Tú estabas en la bañera, tomando un baño. Divertido, le hiciste pasar. Houseman sufrió un shock ante lo que vio. “Allí estaba Orson echado, inmóvil y cubierto por el agua, a través de la cual su cuerpo grande y de una palidez cadavérica parecía desproporcionadamente hinchado. Cuando salió entre excusas, chorreando y salpicando agua por todas partes, me di cuenta de que su tamaño no debía nada a la refracción de la luz: de que era tan enorme dentro como fuera de la bañera”. Esto lo cuenta Houseman en su libro, y Barbara Leaming, tu biógrafa lo describe como un calculado esfuerzo más por tu parte para impresionarle y desconcertarle.

Captura de pantalla 2016-01-03 a la(s) 02.13.57

Un joven Orson en compañía de John Houseman

Una vida, la tuya, por la que fueron desfilando diferentes hombres que asumían el rol de padre. El tuyo verdadero quedó pronto relegado a un segundo plano. Era un inventor algo borrachín poco capaz de asumir responsabilidades. Seguramente, tú, que con 10 años ya habías montado una representación teatral de El doctor Jeckyll y Mr. Hyde entendías perfectamente la situación, aunque como Kane en la película nunca acabaste de aceptar del todo que se te privara de una infancia normal. Todo este desfile de padres, tutores, al que se unió también Houseman queda reflejado en tus películas, donde es fácil encontrar paralelismos con tu propia vida.

toomuchjohnson

Joseph Cotten entre los pechos, fotograma de Too Much, Johnson (1938)

En Ciudadano Kane, tu gran amigo Joseph Cotten interpreta al gran amigo de Kane. Me he topado con lecturas de Kane que hablan del trasfondo homosexual de esa relación y no me resultan nada descabelladas. Yo mismo he pensado siempre que de alguna manera estabas enamorado de él. Mirando por la red he visto que algunos van más allá y perciben una mirada gay bastante clara en tu cine y señalan la repetición de ciertas dinámicas de dependencia masculina en los personajes de tus películas. ¡Oh, sí! Yo también creo que en Touch of Evil (1958) entre Quinlan y Menzies había AMOR. Pero la cosa no termina ahí. Me ha encantado descubrir que en tu obra no terminada The Other Side of the Wind, rodada durante varios años (1970-76) John Huston da vida a un director de cine esculpido a imagen y semejanza de Ernest Hemingway. Como él, Hannaford es un hombre que se esfuerza por proyectar una imagen de macho que disipe todas las dudas sobre su sexualidad. ¿Es usted homosexual? Le preguntan los periodistas. Finalmente se despeja esta duda y se descubre que Hannaford está loco por la estrella masculina de su última película, John Dale, un joven con aspecto de estrella de rock. Es este amor secreto y no correspondido lo que terminará destruyéndole.

 hemingway gay

Esta representación del macho es verdaderamente interesante, querido Orson. ¿Es una vendetta personal contra Hemingway, con el que tuviste una amistad en el pasado? ¿O es simplemente una desmitificación de la figura del macho-man? Lo cierto es que la película se rodó en un momento en el que la idea del macho de toda la vida llevaba años siendo ridiculizada por los hippies y demás tribus contraculturales. ¿No habrá también algo de ti en el personaje de Hannaford? Y en todo caso ¿Por qué hacer de él un homosexual armarizado? Es una pena que no pudieras terminar la película. Y aunque se habla todo el rato de que pronto llegará a las salas un montaje fiel a tu idea de la película, estas cosas no suelen salir bien. Quizá sea mejor quedarnos con el misterio y la leyenda de lo que hubiera sido.

En el libro What Ever Happened to Orson Welles? A Portrait of an Independent Career, de Joseph McBride se repasan todas estas complejas relaciones entre hombres que aparecen en tus películas, desde Kane hasta The Other Side, asegurando que están en el mismo corazón de tu obra, donde las relaciones heterosexuales que aparecen tienen por el contrario un interés bastante limitado.

En otro libro, Mis almuerzos con Orson Welles, hay una parte reveladora sobre lo que estamos hablando.

– Orson:  Este año tengo un juicio en Francia, quiero impedir la publicación de un libro de un viejo colega… ha escrito que soy impotente y un homosexual latente.

– Henry Jaglom:  ¿Y cómo lo va a saber él?

– Orson: Lo que probablemente haya ocurrido es que cuando pasé seis semanas en París antes del rodaje de Otelo, para ensayar con Micheál MacLiammóir, él se unía a nosotros en las comidas. Y, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual. Para que se sienta cómodo, ¿comprendes? Y para que Micheál se sintiera cómodo, yo me amaneraba un poco.

Mis almuerzos con Orson Welles. Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles. Editorial Anagrama.

Aquí no puedo evitar sonreír, porque me encantaría verte soltando la pluma y hacer un poco el mariquita. Creo que te hubiera comido a besos. Pero me sonrío también -querido Orson- porque creo sinceramente que no estás siendo del todo sincero. Te soltabas la pluma porque eras caprichoso y lo querías todo. A veces, estando entre homosexuales brillantes, como Micheál MacLiammóir, te apeteció ser como ellos y participar de la chispa que ellos tenían. Envidiabas su despreocupación por lo que dijeran los demás. Quien haya leído la biografía que escribió Barbara Leaming sobre ti conoce bien a MacLiammóir y sabe que nunca en la vida se hubiera sentido incómodo por su homosexualidad. En ninguna circunstancia. Decir eso es tan idiota como decir lo mismo de Quentin Crisp.

orson y kiki

Orson con su caniche Kiki, que le acompañaba a todas partes

En otro momento del libro, Henry Jaglom afirma que Gary Cooper te volvía loco, a lo que tú respondes: “Pues sí. Veo a Gary Cooper y me convierto en mujer”. Sinceramente creo que un genio como tú supo aceptar su parte femenina más de lo que le gustaba reconocer. Y eso, a mis ojos, es parte del secreto de tu enorme atractivo.

Pongo el punto final aquí a esta especie carta a Orson que me ha salido. Creedme, hay aún mucho más que desgranar, pero lo dejo para otro momento. No quiero abusar de la confianza de Bob Flesh. Como decía al principio, con este artículo no pretendo decirle al mundo que Orson Welles fuera gay, bisexual o lo que sea. Orson era simplemente un hombre maravilloso. ¿No es una etiqueta una forma de estigma? ¿Quién las necesita? Lo que me mueve en el fondo es el deseo de cargármelas y de que evolucionemos. ¿Qué mejor que hacerlo hablando de Orson?

 INSERMINI

‘A Bears World’, una serie fotográfica de Jamie M. Moore

a bears world

Gracias a Juxtapoz Magazine he descubierto el trabajo del fotógrafo Jamie M. Moore, un estudiante de la School of the Art Institute of Chicago cuya serie “A Bears World” se compone de instantáneas extraídas de la subcultura bear. Por ella aparece alguna cara conocida, como la del genial fotógrafo Woofer, y se agradece la franca mirada que aporta sobre sus modelos. La serie se aleja de los lugares comunes de la comunidad bear (no verás fotos de kdadas ni de barbacoas) para centrarse en un registro más cotidiano. Se agradece el sentido estético de sus imágenes y la variedad de cuerpos que retrata.

En la web en la que recoge su serie, su autor, Jamie M. Moore encabeza el proyecto con una sencilla y directa declaración de intenciones:

«Desde que salí del armario a edad temprana, siempre supe que estaba fuera de la normalidad porque no me sentía atraído por el estereotipo del homosexual esbelto, afeitado y aseado. Me sentía atraído por hombres de gran tamaño, con vello facial y corporal y que no tenían absolutamente nada que ver con la imagen estereotipada del gay.

Pronto descubrí que existía un lugar para la gente como yo y los hombres por los que me siento atraído. Las siguientes fotografías forman parte de un trabajo continuo que irá creciendo a medida que vaya haciendo nuevos amigos y ayudando así a más gente como yo a encontrar un lugar donde sentirse aceptados por no encajar dentro de los estándares de belleza.

Bienvenidos a mi serie en marcha sobre la subcultura gay conocida como ‘Osos’.»

moore8

Fotos: Jamie M. Moore ©

Homosexualidades fuera de norma. BangBang! El oso como gángster marica

hilly-blue-03

Iba a titular este post ‘Masculinidades fuera de norma’ pero, francamente, creo que resulta más apropiado el que he escogido finalmente, ‘Homosexualidades fuera de norma’. Frente al devenir del movimiento gay, ahora LGBTQI, parece claro que nos deslizamos siguiendo una lógica que va desde lo marginal hacia lo global, en una continua e imparable lucha por ganar visibilidad y en la medida de lo posible colonizar el mainstream. La consecuencias de esto son incuestionablemente positivas (los gays no solo existimos, sino que nos corresponden los mismos derechos que a los demás) pero en esta escalada a la visibilidad global debemos pagar un peaje que se deriva del siguiente silogismo: “Si el lenguaje del mainstream se basa en el estereotipo lo mismo ocurrirá con el lenguaje de cualquier movimiento o subcultura que sea incorporada a su órbita, es decir, estamos abocados a morir en el maldito estereotipo”. En efecto, toda una fatalidad.

portada-global-gay

Por consiguiente, la cultura gay (subculture no more) se expandirá por el ancho mundo mostrando unas cartas comunes, homogeneizadas y bien reconocibles cuya cristalización poseerá la forma y las maneras del ‘gay’ como construcción cultural, es decir, del mero estereotipo. Será guapo, cuidará su cuerpo, se depilará, se aplicará cremas, bailará bien, tendrá un razonable poder adquisitivo tirando a alto, estará muy interesado por la moda y fomentará el estrellato de cuantas divas gay vengan por delante.

No es el objeto de este artículo abundar en este debate. En todo caso me gustaría señalar la necesidad de una literatura queer (hablo tanto de ensayos como de ficción narrativa) que se ocupe del daño que semejante concepción idealizada de lo gay provoca sobre todas aquellas minorías e identidades que se hallan fuera del insoportable influjo de la norma descrita más arriba.
Personalmente me considero un homosexual fuera de norma, y consecuentemente, me interesan mucho todas aquellas homosexualidades que se presentan como no normativas, complejas, misteriosas, en definitiva, muy alejadas del estereotipo. Esto es algo que evidenció de manera espontánea la subcultura bear. Al menos en sus inicios, resultaba especialmente reconfortante, una verdadera posibilidad de escape, la posibilidad de escapar de una idea de lo gay con la que no nos identificamos.

Captura de pantalla 2015-11-27 a la(s) 18.15.34

Me atrae la idea de trazar una genealogía que describa la presencia de esas homosexualidades fuera de norma a lo largo de los tiempos y a lo ancho de la cultura popular que nos rodea. Remontándonos antes y más alla de las coordenadas del movimiento bear a la búsqueda de momentos que alumbran la posibilidad de otra manera de entender lo gay, encontramos un precedente notable en la obra de Balzac, a través de su personaje Vautrin, oso pionero, hedonista e inmoral que siembra la semilla literaria de una masculinidad que se aleja de su contorno más convencional. Si quieres saber más, pincha aquí. Estamos en el siglo XIX, y de ahí tendemos un puente con el siglo XX a través de uno de sus más fabulosos inventos, el cine.

Homosexualidades fuera de norma. Tipos duros, masculinos, velludos, corpulentos, todos ellos atrapados en una estructura patriarcal que no les impedirá desarrollar sus propios intereses en materia sexual. El cine negro ofrece una amplia galería de personajes que se construyen según estos parámetros, casi siempre vinculados a lo decadente, lo corrupto o lo bizarro.

very_british_gangster_ver3_xlg

Dominic Noonan (Manchester, 1964) es un gángster británico condenado a penas de prisión en más de cuarenta ocasiones por delitos tales como robo, asalto policial, posesión de armas de fuego o fraude. Ha pasado más de veinte años en cárceles de toda Gran Bretaña. Posee una poderosa espalda, lleva la cabeza afeitada y su nuca doble destaca si lo miras por la espalda. Es un tipo duro y homosexual en un contexto rabiosamente heterosexual. Puedes verlo cruzar una calle de su Manchester natal acompañado de una corte de pequeños granujas casi adolescentes, su gang particular, caldo de fechorías, acaso sus amantes. Hace unos años fue el objeto de un curioso documental que recomiendo desde aquí, A Very British Gangster (2007).

707f3d37-14a7-405b-856b-fc8d69c96230

La figura de Noonan recupera la esencia del villano clásico del cine negro desglosada en títulos canónicos como El halcón maltés (1941) o El sueño eterno (1946) pasada por el filtro de la tradición del gángster marica típicamente british, con referentes reales como los célebres hermanos Kray y sus consiguientes derivaciones cinematográficas o literarias como la maravillosa novela de Jake Arnott “Delitos a largo plazo” (1999).

Captura de pantalla 2015-11-27 a la(s) 17.41.43

Se trata de personajes surgidos más allá del estereotipo que en cierto modo encarnan una masculinidad, perdón, una homosexualidad fuera de la norma que los emparenta con la subcultura bear. Hablamos de tipos grandes y robustos que follan entre ellos como opción primera. Algo así como los primos hermanos de los osos.

Tipos rudos, film noir y ligera impronta filogay es algo que se respira también en algunas de las escenas literarias y cinematográficas perpetradas por los hermanos Coen. En su compendio de relatos “Las puertas del edén” (2008) se vuelve a percibir ese aroma que ya habíamos detectado en títulos anteriores como Muerte entre las flores (1990) o El hombre que nunca estuvo allí (2001). Toda una galería de personajes vulgares, fondones, patanes, timadores, siempre con un pie, o acaso los dos, fuera de la ley, fuera de la norma. Es quizá por ello por lo que resulta tan fácil considerarlos un eco de las masculinidades apropiadas desde la cultura gay a través de la movida de los osos, personajes que no acaban de encajar en los patrones patentados por un mainstream a menudo perezoso y simplificador. Los gángsters maricas poseen una esencia fascinante que recupera parte del misterio y del peligro primigenio. Una sexualidad peligrosa, un cuerpo poderoso, un desafío a lo establecido en el peor contexto posible, un mundo macho rabiosamente patriarcal. El mainstream en sí y la cultura gay oficial en particular apenas dejan lugar para lo auténtico, lo arriesgado o lo salvaje, para ellos todo es blanco o negro, sin zonas difusas, a la postre, provocan disgusto porque resultan demasiado previsibles. Por eso, ahora mismo parece tener bastante sentido reivindicar las homosexualidades fuera de la norma, ahora que nos encontramos en un momento delicado y poco halagüeño: aún no hemos escapado de un contexto heteronormativo para caer en otro homonormativo. Por favor, ¿alguien puede dejar de producir tantas normas? ¿Podéis dejarnos vivir en paz y asimilar de una vez la variedad de cuerpos, deseos y sexualidades? Definitivamente, quiero ser un marica fuera de norma.

0102Captura de pantalla 2015-11-27 a la(s) 18.10.450304Captura de pantalla 2015-11-27 a la(s) 18.04.4805

06

The Man Who Wasn’t There, 2001

Más gángsters maricas: Dr. Insermini

Guía básica para follar en tiempos del GROWLr

pic84

Hace un par de días un fan de mis novelas de osos me escribió pidiéndome consejo para afrontar esta nueva era de promiscuidad sexual promovida por las numerosas aplicaciones de folleteo. No es que me las dé de experto ni me guste pontificar, pero como ya he dicho más de una vez me gusta follar. Como a ti, vamos. A continuación os presento una serie de reflexiones sin otro ánimo que el de recapitular algunas impresiones acumuladas a lo largo de estos últimos años. Todo muy básico, muy elemental. Eres libre de añadir las tuyas.

1. Nunca te cites con un pezón, por muy sexy que sea. Sin foto de cara no hay polvo.

2. No quedes con nadie que cometa atroces faltas de ortografía a no ser que te comas las haches como si fuesen lacasitos o seas un mero empotrador.

3. Si cuando te abre la puerta, te ofrece una Voll-Damm y su aliento es doble malta, inventa un pretexto y date la vuelta. Probablemente olvidaste cerrar la llave del gas.

4. No folles con un gordito geek a menos que sepas quién es Joss Whedon o hayas visto las últimas temporadas de Dr. Who.

5. Si eres un power bottom que siente fuego en el culo y suspira por un buen rabo tieso desconfía de los versátiles.

6. Si eres un activo militante evita quedar con otros activos convencidos, hay muchas probabilidades de que acabéis como dos estatuas mirando al horizonte.

7. Si te hace reír antes de conocerlo en persona, folla con él.

8. No te montes demasiadas expectativas de tu cita, recuerda, follar es tan natural como respirar o preparar la cafetera.

9. Una buena charla sobre lo que os gusta en la cama os ahorrará más de un disgusto.

10. Si el texto de su perfil es más largo que la Biblia, descártalo. No eres un psicólogo, tú quieres follar.

11. Una advertencia para los fanáticos del café previo: de cafés desastrosos han salido polvos gloriosos.

12. Evita a aquellos que te metan mucha prisa, antes, durante o después. Follar debería definirse como lo opuesto al estrés.

Bearteca: Los cogegordos

Vice-cogegordos

Hoy recupero para la Bearteca un curioso artículo de Óscar David López publicado en la edición mexicana de la revista Vice en octubre del 2013. En él su autor lleva a cabo un pequeño trabajo de campo sobre los chasers, es decir, cazadores de osos o como él los bautiza, los cogegordos. Su punto de vista oscila entre la sorpresa y la ingenuidad, como si fuera toda una revelación que existan maricas que no gusten de los cuerpos de belleza estereotipada a los que nos tiene acostumbrados el dichoso mainstream. La parte principal -y la más interesante- del artículo es aquella en la que diferentes chasers o cogegordos se someten al cuestionario del periodista, quien da pie a la batería de testimonios con su particular estilo:

«En esa búsqueda por entender a mi ex amante, pregunté a varios chasers vía correo electrónico algunas cosas en relación a su deseo. Aunque todos son admiradores de lo gordo, unos son más modositos que otros en sus respuestas, ya que sólo creen que han resbalado contra unos hombres de piel de banqueta y que no es nada serio, pero otros aman verdaderamente los cuerpos grandes y duros, ásperos, aunque tengan problemas de erección, o que vivan con un tufo aún a comida grasosa. Ellos dicen que les resulta más estimulante para la acción un cuerpo obeso que un tipo flaco. Quizá para muchos resulte extraña y excesiva la mayoría de las respuestas que leerán, pero creo que no hay otra manera más honesta de acercarse a la experiencia de los cogegordos que a través de una gruesa fila de ideas sobre el tema. Incluso, quizá alguno de ustedes termine por intentar seducir a un gordito en los próximos días. Abran la boca grande, pues.»

Leer el artículo completo.