Leer nunca fue tan sexy

Hoy quiero darte un consejo. Recétate una buena dosis de dolce far niente estival y entrégate a los placeres inmediatos. Mis novelas de osos te proporcionarán grandes alegrías por muy poco. Alguien me dijo una vez que leer la serie Palabra de Oso se parece mucho a follar. A mí eso me parece pura crítica literaria. Quiero hacerte gozar y volar muy alto. Y tengo la conciencia tranquila, son ya muchos los lectores que manifiestan su amor y su adicción por las historias de Marc y Theodor. Aquí hay Palabra de Oso para rato. Date el gustazo, ya estás tardando.

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Un speedo mojado

Bájame el bañador y ponte a comer polla, me dijo mientras hojeaba una revista en la tumbona. Lo soltó con despreocupación, como si no fuese con él y no hubiese más que hablar. La piel de sus caderas estaba fría y húmeda por el reciente baño en la piscina, pero su rabo me pareció caliente cuando me lo llevé a la boca. Levanté sus tobillos para sacarle el speedo y volví a meterlo entre mis labios. Se puso duro al momento y el elogio encendió una mecha en mi interior. Su tronco se deslizaba suavemente hasta mi garganta en movimientos sistemáticos y precisos. Necesitaba más. Extraje aquella magnífica pieza en toda su longitud y la admiré por su belleza. Su extremo relucía de una manera lúbrica, llamando la atención sobre su condición de volcán a punto de explotar. Cuando por fin ocurrió, la electricidad del instante me sacudió en un éxtasis húmedo que no había conocido en la vida, el tiempo se detuvo y yo me concentré en aquel speedo mojado a los pies de la piscina, luego tuve que cerrar los ojos porque desaparecí por completo y solo había sensaciones.

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Novelas de osos

La masculinidad según Mascular Studio

Mascular Studio es un colectivo internacional de fotógrafos que trabaja el tema de la masculinidad desde un punto de vista tan amplio como reconocible. Pese a la diversidad de artistas implicados podemos identificar un sello propio que se desprende de sus imágenes y que alimenta este proyecto desde el año 2012, momento en el que deciden editar el primer número de Mascular Magazine, una revista descargable de manera gratuita a través de su web y que plantea cada uno de sus números alrededor de un tema, como pueden ser, la naturaleza, el retrato, las relaciones, el fetichismo, etc. 

Mascular Studio ©

En sus propias palabras, “nuestros fotógrafos tienen años de experiencia fotografiando hombres en todo su esplendor. Nos gusta mirar a los hombres, sabemos qué buscar en cada fotografía y disfrutamos retratándote en tu mejor momento. Cómo eliges definir esa masculinidad es asunto tuyo, pero pensamos que dentro de cada hombre existe una identidad masculina única y tu trabajo es capturarla”.

Mascular Studio ©

Hace un par de meses publicaron el número 25 de su revista, dedicado al movimiento, donde además de la fotografía también cobra importancia la pintura y la ilustración. A lo largo de sus páginas se despliega un amplio repertorio de cuerpos masculinos congelados en un instante que invoca conceptos como los de intimidad, sensualidad, belleza, fetichismo y, por supuesto, movimiento. 

Mascular Studio ©

En un contexto como el actual, en el que nos hallamos inmersos en la deconstrucción de conceptos en torno al género, la propuesta de Mascular Studio resulta especialmente sugerente. Su representación del desnudo masculino huye de lugares comunes y se abre a la diversidad de cuerpos y de razas. Como marca de la casa parece consolidarse un gusto por lo performativo y lo fetichista que alumbra poderosas imágenes que despiertan nuestra libido de un modo poco obvio. Por todo ello, merecen nuestra atención y les deseamos una larga vida. 

+ Mascular en los enlaces de abajo.

MASCULAR Magazine, Issue #25 Winter 2019

Mascular Studio Web

Mascular Magazine

Mascular Films

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Un empotrador se dio de baja

Tenía un culo jodidamente complicado, no importaba cuantas veces me lo follara, siempre era como la primera vez. Sabía que su ojete era estrecho y sabía que tomaba un camino inesperado en un ángulo imposible, pero saberlo (y conocerlo) no me bastaba. Mi mazo duro se extraviaba en un mar de complicaciones, acabando de nuevo en el punto de partida una y otra vez. Y mientras tanto el dueño de aquel precioso par de nalgas gemía y lloriqueaba mientras me decía cosas como “me encanta ser tu pasivo” o “mi culito te necesita dentro”. El sudor me nublaba la vista y me irritaba los ojos pero yo no tiraba la toalla. Usaba mis dedos para reconstruir una vez más el trayecto hasta mi objetivo y trataba de allanar aquel camino del demonio que desafiaba las leyes de la física. Cuando por fin conseguía penetrarlo sonaban campanas celestiales sobre nuestras cabezas y él gimoteaba aquello de “préñame, papá”. Pero papá estaba tan exhausto que ya estaba pensando en otra cosa, quién sabe, quizá en darse de baja en el sindicato oficial de empotradores.

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Novelas de osos

Armistead Maupin y la eclosión de lo Bear

Armistead Maupin en su hábitat natural, años 80 (Getty Images)

En el año 2000, el escritor Armistead Maupin (Washington, 1944) publicó su novela “El oyente nocturno” (The Night Listener), una intriga con muchos componentes autobiográficos en la que ofrece de modo indirecto el retrato de un San Francisco en plena eclosión de lo Bear. A Armistead lo conocemos sobradamente por su recomendable serie de novelas urbanas “Historias de San Francisco” y ostenta el título del mayor cronista gay que haya conocido la ciudad. A todo esto, hoy vuelve a estar de actualidad porque Netflix acaba de estrenar una nueva adaptación televisiva de dicha serie.

Foto: Alan Charlesworth

Os dejo con un fragmento extraído de “El oyente nocturno” en el que su alter ego, el escritor Gabriel Noone, relata desde el punto de vista del veterano de la vieja escuela —y de un modo entre irónico y fascinado— lo que supuso la aparición de la subcultura Bear en la ciudad embrionaria del movimiento. 

«La acera del Pasqua hervía de osos con barba y tirantes que en otros tiempos habrían sido calificados de gordos. Aunque tenían por costumbre reunirse aquí —¿en qué? ¿manadas?—, esa mañana la presencia de hombres velludos era especialmente patente. ¿Había una convención en la ciudad?, me pregunté, ¿una migración masiva del interior? En la cafetería se oía un murmullo claramente tribal, el mismo que se escucha en un avión cuando todos los pasajeros, salvo tú, se dirigen al mismo partido de béisbol. 

Hice cola detrás de un trío de osos grises y me llevé mi emparedado de pesto y pavo a una mesa apartada, donde medité sobre mi identidad. Con mis casi noventa kilos, sabía que podía aspirar a ingresar en Osolandia. ¿Qué se sentía al abandonar el gimnasio, decir sí a los bollos de crema, comprar un peto holgado y aprender a erotizar la grasa? En principio, los osos no eran prisioneros de las apariencias. Me gustaba esa idea y la idea de resucitar la democracia carnal de antaño, cuando los esteroides y las orgías todavía no habían empujado a tantos hombres a desear un cuerpo con músculos a punto de reventar». 

(El oyente nocturno, Armistead Maupin, Plaza&Janés, pág. 113)