Una cara entre la multitud

Vi una cara conocida, alguien con quien solía follar en el pasado, un viejo amante que tenía la peculiaridad de ronronear mientras disfrutaba de su premio. En la cama o en el baño de aquel love motel del centro era generoso de un modo irresponsable, siempre conseguía arrastrarte un poco más allá, empapar tus dedos en tu propia saliva y llevarlos a su boca antes de ofrecerte su cuerpo redondeado como un lienzo en blanco. Le usé de todas las formas que mi sucia imaginación exigía, recuerdo sus tobillos entre mis piernas mientras su culo subía y bajaba ante mis ojos. Tenía una hermosa espalda y unas nalgas suaves. Era un incendio que arrasaba con todo lo que se encontraba. Para él follar era saborear la fruta madura después de un largo ayuno. Luego pasó algo y aquella irresponsabilidad suya sacudió mi mala conciencia, supongo que tenía demasiadas papeletas para ser apuntado por mi dedo acusador. Menuda estupidez la mía. Al ver su cara entre la multitud recordé aquel ronroneo y me sentí como un imbécil. 

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“Camioneros maricas”: un cómic olvidado

Camioneros maricas, Jim Goad & Jim Blanchard, 2004

Por algún motivo esta web arranca el nuevo año con un interés especial por el mundo del cómic gay orondo y peludo. Antes de que lleguen más posts y entrevistas especiales sobre el tema me apetece recuperar una curiosa muestra del género publicada en Estados Unidos en el año 2004 bajo el título Trucker Fags In Denial, un cómic de treinta y dos páginas editado poco después en España como Camioneros maricas.

Sus protagonistas, Butch y Petey, son dos paletos obesos, feos y reprimidos que se ganan la vida alternándose al volante de un camión que recorre la muy icónica geografía de los Estados Unidos de América, a saber, la de las interestatales, las áreas de servicio y los mugrientos moteles de carretera. A lo largo de su solitario viaje conoceremos un poco mejor a tan peculiares personajes, pero vaya por delante que Butch y Petey son colegas, mezquinos, panolis, despreciables, violentos, racistas, homófobos y —muy a su pesar—  muy (pero que muy) maricas. 

Camioneros maricas está lejos de enmarcarse en el contexto de la subcultura bear o demás satélites queer próximos a la causa peluda. Ante todo es una sátira de brocha gorda sobre ciertos segmentos de la población norteamericana (esos rednecks que todos conocemos, los mismos que le dieron por el culo al pobre Ned Beatty en la mítica Deliverance), y como tal se sitúa fuera de los propósitos de todo cómic erótico que se precie. Sin embargo, el trabajo de Jim Goad (guionista) y de Jim Blanchard (dibujante) consigue excitarnos —no sé muy bien si de modo voluntario o no— ante semejante catálogo de depravación sexual y miseria mental.  

Para todos aquellos cuya curiosidad haya florecido por lo anteriormente expuesto, he aquí una buena noticia: la edición íntegra original en inglés del cómic puede consultarse (y descargarse gratuitamente) a través de la biblioteca digital archive.org. Sin duda, una gran noticia teniendo en cuenta que Camioneros maricas estaba descatalogado y amenazaba con caer en el saco del olvido. A tan estupenda iniciativa, cabe añadir la posibilidad de descargar un vasto archivo que documenta todo el proceso de elaboración del cómic, los guiones de Jim Goad, los borradores de Jim Blanchard, etc. En fin, todo un festín para aquellos paladares inmundos que no le hacen ascos a contemplar a contemplar un headfucking entre dos rednecks modélicos para la era Trump.  

Para terminar, os dejo con la traducción del texto explicativo del dibujante Jim Blanchard recogido por dicha web. Por momentos, parece que Internet sigue molando bastante.

«Descubrí a Jim Goad cuando vi su incendiaria revista autopublicada “Answer Me!” a primeros noventa. Me encantó y le mandé un paquete con mis publicaciones. Le gustaron, de modo que colaboré en el arte de los números 3 y 4 de “Answer Me!”, incluyendo la portada de Hitler del tercero.

A primeros de la década de los 2000, Jim me escribió y me preguntó si me animaba a hacer un cómic que había imaginado llamado “Trucker Fags In Denial”, que presentaba las hazañas de dos camioneros homosexuales obesos encerrados en el armario. La idea me pareció divertida, especialmente si la escribía Jim Goad. Al principio tenía cierta desconfianza en el proyecto porque sabía lo difícil que resulta hacer un buen cómic. La continuidad es crucial y requiere dibujar y entintar con precisión personajes, fondos, bocadillos de texto y rotular una y otra vez, algo que no había hecho antes, a excepción de los pocos cómics experimentales que hice en los años ochenta y noventa. Había trabajado como entintador para el popular cómic alternativo de Peter Bagge, Odio, pero nunca tuve la responsabilidad de dibujar, entintar y escribir un cómic narrativo en forma de libro. 

Si no me falla la memoria, la cosa empezó un año después de que Jim me pidiera por primera vez que nos pusiéramos a trabajar en “Trucker Fags In Denial”. Jim fue contratado como editor jefe para la revista Exotic de un club de striptease de Portland, Oregon y tenía más o menos manga ancha. Produciríamos una página de “Trucker Fags In Denial” al mes para Exotic Mag. Tener que hacer una sola página al mes me permitió tomarme mi tiempo y definir el estilo adecuadamente. Jim me enviaría un guión cada mes con imágenes muy específicas para cada viñeta así como los diálogos. Produjimos veintiocho páginas durante veintiocho meses consecutivos y no se me ocurre ni una sola vez en la que se quejara o me pidiera que cambiara nada, aparte de ajustes menores. Pienso que conformamos un gran equipo de escritor/dibujante. 

La editorial de cómics de Seattle, Fantagraphics Books, cuyo catálogo incluye desde “Peanuts” y “Dennis The Menace” hasta “Zap” publicó y vendió rápidamente dos ediciones de “Trucker Fags In Denial” en los años 2004 y 2005. El cómic, de treinta y dos páginas, se cotiza actualmente entre los 40 y los 50 dólares en Amazon.com. Esta sería la última vez que trabajaría en un cómic.» 

Jim Blanchard

Nunca subestimes a un power bottom

Para Tony follar era un combate. Solo uno de los dos se proclamaría vencedor. Para él la lucha consistía en aguantar las embestidas del empotrador y encajar aquellas grandes pollas en su experimentado culo. El polvo era todo un viaje que podía alargarse más o menos, en función de la resistencia de ambos. Las caderas del otro se movían con suavidad al principio pero solo al principio y en ocasiones ni eso. Poco después el sudor cubría ambos cuerpos y los empellones sacudían las redondeces de Tony con una furia absolutamente fuera de control. Era el momento de los insultos. Tony se desgañitaba insultando al macho, llamándole ‘bastardo hijo de puta’ y cualquier cosa que le pasara por la cabeza. Aquel respondía redoblando su esfuerzo, con el sudor cubriéndole la frente, los ojos escocidos y la necesidad de conquistar de una vez las nalgas carnosas que tenía entre manos. Y el tiempo pasaba. Y el desafío aumentaba hasta convertirse en algo mayor que se les iba de las manos. Pero nunca subestimes a un amante como Tony. Sabe follar como nadie y no se conforma con cualquier cosa, te exigirá que acabes con él sin contemplaciones o que te sometas al poderío del auténtico power bottom. Cuando el enemigo se derrumbaba sobre su cuerpo empapado, el orgasmo se escuchaba a dos manzanas. La expresión “you bastard!” seguía saliendo de su garganta pero ahora a modo de ronroneo. Su cuerpo entero se estremecía por el placer que proporciona la victoria. Hasta donde yo sé, permanece invicto. Así es Tony. 

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¿Quieres sexo de calidad?

Hablaba de cosas como ‘orgasmos de calidad’, ‘sexo de calidad’, de aquello que ‘marca la diferencia’, no hablaba de los lugares a los que había llegado mientras le follaba, mientras nuestros cuerpos se convertían en una unidad y se precipitaba en las profundidades del dolor y del placer. Lloraba a lágrima viva por la gracia que le había sido concedida. Porque él era un brillante hombre de negocios que no había conocido nada igual en la vida. Aquellos orgasmos ‘eran de calidad’, decía, pero en su boca sonaba como un mero parámetro empresarial, como una reunión en la cumbre, como el pico de un éxito en un contexto de crisis. Si me pongo a pensarlo ahora casi me arrepiento: debería haberle dado más duro. ¿Quieres sexo de calidad? Tómalo.

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