Era mi momento

tumblr_peh73lm1vx1utckb4_540.jpg

En la distancia su pelo gris parecía envolver su cara de un modo vaporoso, casi sobrenatural. La luz se proyectaba sobre su espalda y lo dotaba de su propia fluorescencia, el contorno de su rostro refulgía y parecía flotar en la oscuridad. Debo decir que como aparición no estuvo nada mal.
La habitación por horas no es de las que esperan, de modo que en cuanto abrimos la puerta nuestros pantalones ya estaban por los tobillos. Me gustó su ancho torso y la curva de sus nalgas bajo sus calzoncillos de algodón. Me eché sobre su cuerpo y nos comimos la boca con un hambre loca, como si aterrizáramos de un viaje de ácido. Quiso follarme y no pude negarme, las cosas habían dejado de depender de mí y yo ya tenía las piernas levantadas. La electricidad alimentaba nuestras miradas mientras me daba mi merecido. Se llevaba mi pie derecho a los labios y lamía su empeine mientras movía la cintura. Eché un nuevo vistazo a su rostro áspero y pensé que todo aquello ya lo había intuido en cuanto nos dimos la mano. Aquellos ojos no podían excluir la suciedad de su mirada y yo la quería toda para mí. Era mi momento.

Más microrrelatos palabradeoso

Novelas de osos

Anuncios

Algo más que un polvo

tumblr_n313agzNIf1smtbb6o1_640-1.jpg

Supe que su vida era un desastre en cuanto vi el polvo que se acumulaba en las estanterías. El salón estaba sobremueblado y repleto de cosas feas y absurdas. Pensé que debería tirarlo todo a la basura y abrir las ventanas durante una semana entera. Era tan evidente que sentí deseos de expresarlo en voz alta. En lugar de eso, guardé silencio y me llevó hasta la habitación. Había un talonario de recetas sobre algún rincón libre y me lo imaginé con una bata blanca recetando algo de amoxicilina para cualquier cosa. Esperé mirando al techo mientras se practicaba una ducha anal. Me hablaba como si yo fuese un activo que viniese del planeta de los activos. Los movimientos de su bigote tenían la virtud de reforzar los subrayados a la manera de un secundario de comedia clásica. Confieso que me hizo gracia. Un gato apareció de algún lado y saltó sobre la cama. También él reclamaba amor, pero no era de los que se andan con segundas. Acercó su cabeza a mi regazo y disfrutó de mis caricias. 

La puerta del baño se abrió y apareció el presunto doctor desnudo de pies a cabeza. Su cuerpo era suave y redondeado. Su pecho hirsuto estaba húmedo todavía y las gotas de agua se precipitaban hasta sus pies. Metí mi lengua en su boca y mi polla despertó como por arte de magia. Follamos sobre la cama de matrimonio en todas las posturas que nos vinieron en gana. Había un espejo sobre el cabecero y observé su hermoso cuerpo mientras afinaba mi juego de caderas. Me gustó la imagen pero decidí que quería aguantar un poco más. Él aprovechó para contarme sus miserias de pareja pero estuvo lejos de importarme. Era un buen tipo y merecía todo mi amor. Ya había visto todo aquel polvo en cuanto franqueé la puerta, nada podía sorprenderme.  

Más microrrelatos 

Novelas de osos

Un hombre barato

tumblr_p725timTci1sv32ngo1_1280.jpg

Quiero un hombre barato enganchado a los placeres caros. Un amante complaciente dispuesto a ser usado, un tipo del montón que no me venga con segundas, una espalda amplia y unas nalgas con hoyuelos. No exijo demasiado, están por todas partes, ¿es que no lo sabes? Quiero un amante natural y agradecido, con camisa almidonada y pantalón de pinzas. Te daré lo que me pides. Date la vuelta y mira más abajo, busca la moneda que cayó al suelo, no me digas que es de cobre. Quiero un tipo duro que me muestre el ojete a modo de saludo, incapaz de hacer pucheros cuando lea en mi mirada. Levanta tus piernas y déjalo a la vista, lameré tus pies y escupiré sobre tu vientre. Antes de terminar te explicaré de dónde vienes y te haré saber lo que me inspiras. No usaré ni una palabra. Busco un hombre sin principios, con su torso de tonel y los andares del que ya no tiene prisa. Te esperaré aquí sentado. ¿Acudiste a mi llamada? Alguien me dijo que eres un hombre barato.

Más microrrelatos 

Novelas de osos

El último de ellos

tumblr_pe46nvong21r118ra_540.jpg

Algunos de ellos se sincronizan con sus mujeres a lo largo de la gestación. Cuando ya son papás sus caderas se ensanchan como una sandía bajo el inclemente sol de agosto, sus tetas aumentan de tamaño en un guiño a la abundancia y se vuelven fértiles y mullidas. El pelo empieza a crecer por los lugares más insospechados. Su regazo se redondea y se prepara para resultar acogedor de un modo universal. Los andares se vuelven pausados y algo torpes, el culo empieza a pesar ahí atrás. Los muslos se rozan entre sí cuando hay prisa. El último de ellos llevaba una estelada tatuada de forma pedestre en el hombro derecho. Los colores apenas se distinguían pero él era un incendio con patas. Ser papá le hacía ir estresado todo el día. Antes de terminar me pidió que la sacara y que se lo diese en la boca. “Vull que vegis com me l’empasso”, me dijo. Que en catalán significa “quiero que veas cómo me la trago”

El cielo en la tierra

Captura de pantalla 2018-07-03 a las 16.20.46.png

«Todo empezó como un juego regado por el alcohol. Me dijo que si a los maricas les gusta tanto es por algo y que no había que darle demasiadas vueltas. Estaba cachondo como un demonio y no había ninguna mujer cerca. Me lavé en la ducha, no porque quisiera sino porque él me lo pidió. Al salir, me esperaba en pelotas en el salón con una erección que era dos veces la mía. Los huevos le colgaban y se balanceaban con un movimiento pendular. Me pidió que me bajara los pantalones y que me colocara a cuatro patas contra el sofá. Obedecí y le ofrecí mi culo. Estaba jodidamente excitado por la novedad, pero también acojonado por si me hacía daño. Primero lamió aquel agujero que nadie antes me había lamido, ni siquiera mi mujer, y consiguió que me relajase de una puta vez. Estaba borracho y eso me ayudaba. Mi ojete virgen empezó a desear aquel enorme pollón a sabiendas de que me iba a destrozar por completo. Pero la cosa curiosa era esa: aún sabiendo que me iba a reventar —era más que evidente que aquel grueso tronco no podía entrar por allí— mi agujero casi parecía hablar, suplicar porque se ocupase de llenar aquel vacío. Joder, sentía una quemazón insoportable. Me dije a mí mismo que era una ocasión única y que no la podía dejar pasar. El tipo lo había hecho otras veces y siempre había salido bien. Su voz sonaba muy segura, como si le quitara importancia a la situación. Introdujo un par de dedos empapados de lubricante con bastante facilidad. Me dijo que si entraba el tercero todo iría bien, pero fueron cuatro dedos los que me metió. Los sacó de allí y los sustituyó por su mazo de carne. Estaba tan duro que fue entrando muy poco a poco. Cuando ya debía de faltar poco empecé a quejarme pero él aprovechó para meter el resto del tronco de una tacada. Entonces OCURRIÓ. Empezó a darme por el culo sin importarle las burradas que yo dijera y a partir de entonces perdí el control por completo porque me puse a llorar de gusto. Si quiero contarte esta historia es precisamente por esto, no tienes ni puta idea de las sensaciones que me hizo sentir aquel cabrón, hizo conmigo lo que quiso y me hacía gozar tanto que dejé de preocuparme de si mi polla estaba tiesa o no, de si me estaba reventando o de si aquello era algo que estaba mal. Empezó a escupirme en la espalda y a zurrar mis nalgas. Yo había dejado de estar en aquel salón, contra aquel sofá. Mi cuerpo era una gelatina que se sacudía y cuando empezó a usar sus caderas sin compasión, mi polla empezó a eyacular pesados chorros de esperma que cayeron sobre mis pies descalzos. Entonces me la sacó, se quitó la goma y empezó a descargar su leche caliente sobre mis nalgas, mientras yo me desmoronaba y la sentía aterrizar sobre mi carne. Me había usado como a una puta y lo peor de todo es que me había gustado. Y mejor haré callándome la boca porque me doy cuenta de que estas historias —por mucho que uno lo intente— nunca le hacen justicia al momento original. Son ridículas. La única duda que me quedó después de aquello es por qué los tíos seguimos empeñados en eso de ‘mi culo no se toca’. Es como decir ‘no quiero experimentar el cielo en la tierra’. No tiene ningún sentido».