Homosexualidades fuera de norma. BangBang! El oso como gángster marica

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Iba a titular este post ‘Masculinidades fuera de norma’ pero, francamente, creo que resulta más apropiado el que he escogido finalmente, ‘Homosexualidades fuera de norma’. Frente al devenir del movimiento gay, ahora LGBTQI, parece claro que nos deslizamos siguiendo una lógica que va desde lo marginal hacia lo global, en una continua e imparable lucha por ganar visibilidad y en la medida de lo posible colonizar el mainstream. La consecuencias de esto son incuestionablemente positivas (los gays no solo existimos, sino que nos corresponden los mismos derechos que a los demás) pero en esta escalada a la visibilidad global debemos pagar un peaje que se deriva del siguiente silogismo: “Si el lenguaje del mainstream se basa en el estereotipo lo mismo ocurrirá con el lenguaje de cualquier movimiento o subcultura que sea incorporada a su órbita, es decir, estamos abocados a morir en el maldito estereotipo”. En efecto, toda una fatalidad.

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Por consiguiente, la cultura gay (subculture no more) se expandirá por el ancho mundo mostrando unas cartas comunes, homogeneizadas y bien reconocibles cuya cristalización poseerá la forma y las maneras del ‘gay’ como construcción cultural, es decir, del mero estereotipo. Será guapo, cuidará su cuerpo, se depilará, se aplicará cremas, bailará bien, tendrá un razonable poder adquisitivo tirando a alto, estará muy interesado por la moda y fomentará el estrellato de cuantas divas gay vengan por delante.

No es el objeto de este artículo abundar en este debate. En todo caso me gustaría señalar la necesidad de una literatura queer (hablo tanto de ensayos como de ficción narrativa) que se ocupe del daño que semejante concepción idealizada de lo gay provoca sobre todas aquellas minorías e identidades que se hallan fuera del insoportable influjo de la norma descrita más arriba.
Personalmente me considero un homosexual fuera de norma, y consecuentemente, me interesan mucho todas aquellas homosexualidades que se presentan como no normativas, complejas, misteriosas, en definitiva, muy alejadas del estereotipo. Esto es algo que evidenció de manera espontánea la subcultura bear. Al menos en sus inicios, resultaba especialmente reconfortante, una verdadera posibilidad de escape, la posibilidad de escapar de una idea de lo gay con la que no nos identificamos.

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Me atrae la idea de trazar una genealogía que describa la presencia de esas homosexualidades fuera de norma a lo largo de los tiempos y a lo ancho de la cultura popular que nos rodea. Remontándonos antes y más alla de las coordenadas del movimiento bear a la búsqueda de momentos que alumbran la posibilidad de otra manera de entender lo gay, encontramos un precedente notable en la obra de Balzac, a través de su personaje Vautrin, oso pionero, hedonista e inmoral que siembra la semilla literaria de una masculinidad que se aleja de su contorno más convencional. Si quieres saber más, pincha aquí. Estamos en el siglo XIX, y de ahí tendemos un puente con el siglo XX a través de uno de sus más fabulosos inventos, el cine.

Homosexualidades fuera de norma. Tipos duros, masculinos, velludos, corpulentos, todos ellos atrapados en una estructura patriarcal que no les impedirá desarrollar sus propios intereses en materia sexual. El cine negro ofrece una amplia galería de personajes que se construyen según estos parámetros, casi siempre vinculados a lo decadente, lo corrupto o lo bizarro.

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Dominic Noonan (Manchester, 1964) es un gángster británico condenado a penas de prisión en más de cuarenta ocasiones por delitos tales como robo, asalto policial, posesión de armas de fuego o fraude. Ha pasado más de veinte años en cárceles de toda Gran Bretaña. Posee una poderosa espalda, lleva la cabeza afeitada y su nuca doble destaca si lo miras por la espalda. Es un tipo duro y homosexual en un contexto rabiosamente heterosexual. Puedes verlo cruzar una calle de su Manchester natal acompañado de una corte de pequeños granujas casi adolescentes, su gang particular, caldo de fechorías, acaso sus amantes. Hace unos años fue el objeto de un curioso documental que recomiendo desde aquí, A Very British Gangster (2007).

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La figura de Noonan recupera la esencia del villano clásico del cine negro desglosada en títulos canónicos como El halcón maltés (1941) o El sueño eterno (1946) pasada por el filtro de la tradición del gángster marica típicamente british, con referentes reales como los célebres hermanos Kray y sus consiguientes derivaciones cinematográficas o literarias como la maravillosa novela de Jake Arnott “Delitos a largo plazo” (1999).

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Se trata de personajes surgidos más allá del estereotipo que en cierto modo encarnan una masculinidad, perdón, una homosexualidad fuera de la norma que los emparenta con la subcultura bear. Hablamos de tipos grandes y robustos que follan entre ellos como opción primera. Algo así como los primos hermanos de los osos.

Tipos rudos, film noir y ligera impronta filogay es algo que se respira también en algunas de las escenas literarias y cinematográficas perpetradas por los hermanos Coen. En su compendio de relatos “Las puertas del edén” (2008) se vuelve a percibir ese aroma que ya habíamos detectado en títulos anteriores como Muerte entre las flores (1990) o El hombre que nunca estuvo allí (2001). Toda una galería de personajes vulgares, fondones, patanes, timadores, siempre con un pie, o acaso los dos, fuera de la ley, fuera de la norma. Es quizá por ello por lo que resulta tan fácil considerarlos un eco de las masculinidades apropiadas desde la cultura gay a través de la movida de los osos, personajes que no acaban de encajar en los patrones patentados por un mainstream a menudo perezoso y simplificador. Los gángsters maricas poseen una esencia fascinante que recupera parte del misterio y del peligro primigenio. Una sexualidad peligrosa, un cuerpo poderoso, un desafío a lo establecido en el peor contexto posible, un mundo macho rabiosamente patriarcal. El mainstream en sí y la cultura gay oficial en particular apenas dejan lugar para lo auténtico, lo arriesgado o lo salvaje, para ellos todo es blanco o negro, sin zonas difusas, a la postre, provocan disgusto porque resultan demasiado previsibles. Por eso, ahora mismo parece tener bastante sentido reivindicar las homosexualidades fuera de la norma, ahora que nos encontramos en un momento delicado y poco halagüeño: aún no hemos escapado de un contexto heteronormativo para caer en otro homonormativo. Por favor, ¿alguien puede dejar de producir tantas normas? ¿Podéis dejarnos vivir en paz y asimilar de una vez la variedad de cuerpos, deseos y sexualidades? Definitivamente, quiero ser un marica fuera de norma.

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The Man Who Wasn’t There, 2001

Más gángsters maricas: Dr. Insermini

Bearteca: Entrevista con GianOrso

English and Italian version: www.gianorso.com

Hace poco me tropecé con una extensa y esclarecedora entrevista realizada por Fabrizio Giuffrida al que seguramente sea el fotógrafo de “hombres grandes” por excelencia. Contactamos hace un par de años, cuando GianOrso se prestó amablemente a cederme una de sus preciosas imágenes para la portada del tercer volumen de Palabra de Oso, Arde París. Así que Gianni, encantador como siempre, me dio su permiso para traducir y publicar aquí esa entrevista, y de paso nos emplazamos para una futura conversación más centrada en los asuntos de la carne y los instintos.

Conoces su obra (es imposible que no hayas visto alguna de sus fotos) y ahora tienes la oportunidad de conocer al enorme artista y grandísima persona que hay detrás. Bienvenido al universo GianOrso.

GianOrso by Weebill

GianOrso by Weebill

Una agradable tarde de primavera.

Dos buenos amigos toman café.

Hablan sobre su común interés por la fotografía.

¿Cómo empezaste en la fotografía?

Yo he dibujado desde siempre. Estaba enamorado de Miguel Ángel, Bernini (en Roma puedes ver sus obras por todas partes). Me enamoré de la estatua del “Río Ganges” en Piazza Navona [una de las estatuas de la Fuente de los Cuatro Ríos en Piazza Navona, obra maestra de Bernini], y en la escuela empecé a dibujar más en serio. Siempre me ha gustado la publicidad y el grafismo, así que cuando terminé la secundaria quise estudiar Bellas Artes. A mis padres no les hizo mucha gracia, así que terminé estudiando Empresariales; pero en la soledad de mi habitación seguí dibujando y leyendo libros sobre el arte de dibujar. Cuando tenía unos 15 años empecé a comprar revistas porno americanas y a copiar los modelos y poses que salían en sus páginas. Poco después quise hacer algo más que simplemente copiar, así que me compré mi primera cámara y empecé a hacer mis propias fotos. Esto ocurrió a principios de los 80, una época en la que yo era un adicto a la fotografía de moda. Mapplethorpe estaba por todas partes, en revistas y exposiciones, con sus fascinantes e inquietantes retratos en blanco y negro; y por supuesto, estaban Newton, Ritts, Avedon…

Yo compraba revistas de moda, arrancaba las páginas con las fotos más interesantes y las añadía a mi creciente colección. Todavía conservo muchos de esos recortes de revistas, y algunos de ellos muestran fotografías asombrosas y atrevidas, de las cuales prácticamente ninguna han sido publicadas en libros de fotografía. Observando y estudiando esas fotos empecé a sentir el deseo de crear algo original, de experimentar con la creación de imágenes, y fui dando pequeños pasos. Empecé por buscar y leer libros de fotografía que se centraban en los elementos técnicos de ese arte. Después me pasé mucho tiempo caminando por Roma y fotografiando estatuas en diferentes momentos del día, con distintos objetivos, mientras apuntaba en un cuadernito las especificaciones técnicas de cada foto (faltaban aún muchos años para que se creasen los datos EXIF). La ventaja de hacer fotos a estatuas es que nunca se aburren, por mucho tiempo que necesites para obtener buenas imágenes. Cuando me sentí más seguro de mis habilidades técnicas empecé a pedir a mis amigos que posaran para mí. Al principio fue duro (casi siempre me decían que no). Las cosas cambiaron en el invierno de 1985, cuando mi amigo Michele aceptó y por fin tuve la oportunidad de retratar a un ser humano en vez de a estatuas. Cuando miro hoy esas primeras fotos de Michele veo errores evidentes, después de todo era mi primera experiencia con retratos, pero siento un enorme cariño por ellas porque me recuerdan mi deseo de hacer fotos y me recuerdan también a mi amigo Michele, que murió unos años después. Era un hombre muy guapo, grande, alto. Todavía recuerdo sus preciosas y enormes manos, su atronadora voz grave y su gran sentido del humor. Michele fue el primero que creyó en mi potencial como fotógrafo. Hace poco le di las “gracias” en mi galería de Flicker, porque nunca tuve la ocasión de hacerlo antes. Incluso ahora, cuando estoy haciendo fotos o cuando estoy editándolas a solas con mi ordenador, me pregunto qué pensaría Michele de mi trabajo, qué diría de los miles de retratos y desnudos después de todos estos años de experiencia, especialmente ahora que tengo mi propia web…

Steve_Rancho Palos Verdes, august 26 2009

Steve_Rancho Palos Verdes, august 26 2009

Hablemos de tu web, www.gianorso.com. ¿Cuándo empezaste y por qué? ¿Tienes muchas visitas?

La web fue creada en 2004, pero no estuvo online hasta el 20 de octubre de 2005. La puse en marcha porque quería mostrar mi trabajo sin ninguna censura ni intermediarios. Por primera vez sentí la necesidad de hacerlo personal y directamente. Así que compré mi propio dominio, busqué software para crear galerías en flash y gracias a la paciencia de mi webmaster de entonces, ZippOrso, la primera versión de la web estuvo terminada. Compruebo las estadísticas de la web a menudo, y además del gran número de visitas de América y Europa, me ha sorprendido gratamente el enorme interés de los visitantes japoneses. El tráfico diario está sobre las 1.000-1.500 visitas, pero llega a sobrepasar las 4.000 cuando cambio las galerías o cuando algún otro portal publica un artículo sobre mi trabajo y añade un link a mi web.

Como ya he dicho, la función principal de la web es simplemente mostrar mi trabajo. Es mi galería de arte personal, donde puedo poner las imágenes que más me gustan sin tener que someterme a presiones comerciales o dios sabe qué objetivos, y especialmente sin censuras. A menudo me pregunto si todo el tiempo que paso haciendo fotos, editándolas, estudiando las mejores poses, llevando a cabo investigaciones artísticas o buscando citas, si no será simplemente un juego en mi cabeza, si en realidad a la gente no le da igual todo eso y solo les interesa la gratificación inmediata de ver cuerpos desnudos. Pero de vez en cuando recibo un email de alguien que ha descubierto mi web por casualidad y que no solo aprecia el lado artístico de mi trabajo, sino que además me dice que le ha ayudado a cambiar la forma en que se ve a sí mismo. Gracias a mis fotografías hay personas que han conseguido superar años de lucha contras su propia imagen y de esconder sus cuerpos. Estos emails significan mucho para mí. Me empujan a ir más lejos y a crear más y mejores trabajos.

El proceso de crear galerías de fotos depende del número y la calidad de las imágenes que he tomado y editado en los meses previos. Al principio mi intención era cambiar las galerías cada mes, pero pronto me di cuenta de que era una tarea imposible, es más, entendí que las fotografías necesitaban más tiempo para que pudieran ser vistas. Ahora las galerías cambian cada seis, siete meses. Así tengo tiempo suficiente para mantener el nivel muy alto y puedo dedicar el tiempo necesario a editar mis fotos. Normalmente hay dos o tres galerías dedicadas a modelos, una a retratos, una a parejas y una a paisajes urbanos o naturales (una categoría que no estaba planeada al principio y que evoluciona constantemente).

Juan & Carlos_Madrid, november 19 2010

Juan & Carlos_Madrid, november 19 2010

En la galería “Portraits of Modern Gentlemen” de tu web hablas de “una tipología masculina específica que es mi objeto de deseo”. Mirando tus fotos podemos ver una gran cantidad de modelos de diferentes edades, físicos y grados de autoconfianza frente a la cámara. ¿A qué te refieres con “tipología masculina”? ¿Cómo la definirías?

Creo que escribí esa declaración al principio de crear la web. Supongo que estaba buscando un “manifiesto” para el tema de mis fotografías. “La tipología masculina que es mi objeto de deseo” se refiere a hombres grandes y corpulentos, con ojos azules, barba pelirroja y pelo rubio o pelirrojo. ¡Una especie de gigante vikingo-escocés-irlandés! Por supuesto, es una proyección de mis deseos personales, aunque nunca he conocido esa “proyección” en la vida real. Desde que era niño, siempre me ha atraído un tipo de hombre que no se ajustaba al concepto de belleza habitual o popular. Me llamaban la atención los hombre grandes en vez de los tíos delgados, aunque era consciente de que estos últimos eran considerados como guapos por la mayoría mientras que los que a mí me gustaban no.

Otro detalle importante en mi formación es que, desde que tengo uso de razón, me fascinaban los libros de arte y fotografía. Recuerdo que cuando tenía seis o siete años me regalaron un libro sobre el Vaticano y los frescos de la Capilla Sixtina, con detalladas fotografías de los grandes cuerpos pintados por Miguel Ángel e incluso todos sus estudios sobre formas masculinas. Ya entonces me atraían los cuerpos grandes; me fascinaban los sensuales cuerpos hiperbólicos de Rubens, Giambologna y Canova, artistas que han retratado hombres grandes, magníficos, que están lejos del concepto actual de belleza masculina impuesto por los medios de comunicación de todo el mundo. Johnny Depp, Brad Pitt o Hugh Jackman representan hoy el ideal de belleza masculina, y aunque me gustan por lo que son, no tengo el más mínimo interés en hacerles fotos. Recuerdo cuando tenía unos veinte años y hablaba con amigos sobre el tipo de hombre que nos gustaba. Durante años he sido el hazmerreír porque, al contrario que ellos, a mí me gustaba John Goodman y no Tom Cruise.

¿Significa eso que tu fotografía es en realidad una transposición de tu deseo?

¡Absolutamente! Mis deseos, mis intereses, lo que me gusta, mis ideales, todo influye en mi fotografía. Es verdad que hay algunos detalles físicos que me llaman la atención inmediatamente: caras, piernas, la forma del cuerpo, y hay personas a las que el instinto me pide fotografiar. Pero tras hablar con ellos mi interés desaparece. Por esa razón puedo decir que mi fotografía se parece a mi deseo sexual. Y al contrario, me he encontrado en la situación de fotografiar a hombres que eran muy atractivos en carne y hueso pero que frente a la cámara resultaron ser muy diferentes de lo que yo esperaba.

Lipfy_Rome, august 22 2014

Lipfy_Rome, august 22 2014

¿Qué te inspiró para empezar a hacer fotos de hombres desnudos?

La revista americana Colt fue mi biblia personal. Aunque era consciente de que los hombres hipermusculados y glamurosos que solían sacar en su páginas estaban absolutamente fuera de la realidad, la calidad de las fotos de Jim French, el creador del estilo Colt, era impresionante. Todavía hoy hay algunos fotógrafos que lo copian. Las poses, las perspectivas, la edición, siguen estando en mi cabeza como referencias personales.

Mi segunda obsesión era la revista porno americana Drummer. Presentaba otra tipología de hombres, intrigante, provocadora, que conquistó mi corazón y mi cabeza. Y por último, aunque no menos importante, descubrir el enorme arte de Mapplethorpe, con sus blancos y negros extremos y su habilidad para convertir situaciones que pueden considerarse como de extrema violencia en imágenes estéticamente artísticas. Una de sus fotos que sigo considerando impactante y absolutamente moderna es el retrato de dos hombres barbudos, uno atado boca abajo, con su compañero agarrándole los huevos firmemente, ambos mirando a cámara [“Elliot and Dominick, 1979”, en Robert Mapplethorpe, Ten by Ten p. 11, Schirmer and Mosel, Munich 1988]. Es un retrato precioso, turbador, cualquier cosa menos aburrido. Recuerdo que la gente salía corriendo de una gran retrospectiva de su trabajo hace unos años en Venecia. Sus fotos muestran una estética y una sexualidad que no todo el mundo está dispuesto a ver y aceptar.

Ivan & Gabo_Rome_sept-24-2012. Fotografía original utilizada para la portada de ‘Arde París’

¿Es difícil encontrar modelos?

Como ya he dicho, cuando empecé a hacer fotos y le pedía a alguien que fuese mi modelo siempre me decían que no. Reconozco que muchas veces la gente tiene una relación muy mala con la fotografía y con la idea de posar frente a una cámara para una foto que no sea la típica foto de vacaciones. Se dice que algunas culturas nativas de América se negaban a que les hicieran retratos porque creían que la cámara les robaba el alma. De alguna manera, creo que puede haber algo de verdad en eso. Algunos retratos que he hecho muestran la personalidad del modelo mejor de lo que las palabras podrían hacerlo. De todas formas, las cosas empezaron a cambiar cuando pude enseñar mi trabajo a los posibles modelos y se dieron cuenta de que no estaba intentando hacer catálogos de porno barato, sino que estaba embarcado en una exploración personal sobre aspectos de la belleza masculina.

Hoy en día incluso utilizo chats para contactar con posibles modelos, con diferentes resultados dependiendo de la disponibilidad y la seriedad de la gente.

Has dicho que tus modelos “tienen en común que son diferentes del concepto estético dominante de belleza masculina”. ¿Se puede considerar eso como un criterio que sigues a la hora de hacer tus fotos?

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de hacer fotos a una increíble variedad de cuerpos, caras, manos, expresiones, gestos, y todos tienen en común que son diferentes del concepto estético dominante de belleza masculina. Ese es mi punto de partida, la voluntad y el objetivo de mostrar al mundo que los hombres que a menudo son maltratados por los medios tienen una sensualidad igual, si no superior, a todos esos modelos que nos enseñan en televisión, en películas y en anuncios.

Me rebelo contra lo que es “normal”. Al contrario, sigo luchando en mi guerra personal por la belleza de los hombres grandes.

Vicent & Jose Luis_Rome, april 24 2014

Vicent & Jose Luis_Rome, april 24 2014

Cuando te he preguntado sobre tipologías masculinas no has mencionado a los osos. ¿Por qué? ¿Aceptarías que te definieran como “fotógrafo de osos”?

Creo que “fotógrafo de osos” es una definición demasiado estricta. Yo no repudio nada, pero creo que he ido mucho más allá de eso. He demostrado que tengo un concepto más amplio de la tipología masculina. Me encantan los hombres grandotes, pero hay algunos tíos fornidos que encuentro extremadamente atractivos. Tengo mis preferencias personales, claro: ya conoces mi debilidad por los pelirrojos de piel pálida, me vuelven loco los americanos, me fascinan los españoles y los guapísimos hombres del norte de Europa, igual que me resulta arrebatadora la belleza cautivadora de los hombres negros y la sensualidad elegante de los orientales.

El concepto de “oso” era muy interesante al principio, cuando empezó como una reacción a los estereotipos gay de los 80. Recuerdo cómo me temblaban las manos cuando recibí mi primer ejemplar de la revista Bear con las primeras fotos de Jack Radcliffe. Pero tras muchos años y muchas relaciones personales con grupos de osos aquí en Italia, he perdido cualquier interés en esas etiquetas y esa identidad. Por eso nunca me refiero a mis hombres como osos, chubbies o lo que sea, porque odio etiquetar a la gente. Yo solo hago fotos de personas.

¿Cómo son tus relaciones personales con tus modelos?

¡No tienes ni idea de lo complicados que pueden ser mis modelos! Mi aprecio personal por sus caras y sus cuerpos choca a menudo con su convicción de que son feos e inútiles. Pocas veces me he encontrado con tíos que tuvieran una buena relación con sus cuerpos. La mayoría de ellos querrían ser completamente diferentes. Recuerdo un osezno joven, muy mono, tapizado de vello oscuro que vino a una sesión de fotos con una foto de Cameron Diaz en las manos. Me dijo: “¡Por favor, sácame como ella!”. ¡Le dije que incluso Photoshop tiene sus límites!

Intento hablar mucho con mis modelos antes de la sesión, y solucionar posibles problemas tipo “mi novio no quiere que pose” o “soy horriblemente feo”. Ahora suelo presentarme enseñándoles mi web y preguntándoles si estarían interesados en posar para mí. Que no… vale, no importa. Quizá la próxima vez, o quizá nunca. Pero hay una cosa que me molesta de verdad: la gente que me escribe ofreciéndose como modelos, que me hacen organizar todo y que el día fijado para la sesión desaparecen sin llamar o mandar un mensaje para informarme. ¡Sigo teniendo la esperanza de encontrarme algún día con un puñado de hombretones exhibicionistas que posen sin problemas ni preocupaciones!

Otro gran problema tiene que ver con que no son modelos profesionales, así que muchos, cuando se ponen delante de la cámara se quedan… petrificados, se convierten en un enorme trozo de madera. Hace falta paciencia, mucho hablar, música y bromas hasta conseguir que se relajen y al final se lo pasen bien en la sesión.

Enzo, the Dolls Charmer_Rome, april 25 2014

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¿Cómo de importante es Photoshop en tus imágenes? ¿Cómo lo utilizas?

Photoshop me ayuda a editar los archivos RAW para conseguir la máxima calidad. Lo uso para eliminar granos, pequeñas cicatrices o imperfecciones de la piel, pero nunca jamás para cambiar drásticamente el color o la forma de los cuerpos. Obviamente, también es muy útil para pasar fotos en color a blanco y negro o duotono.

¿Dónde haces tus fotos? ¿Tienes un estudio? Normalmente mi estudio es… ¡el salón de mi casa! A lo largo de los años he ido comprando equipos con los que puedo convertir mi salón en un estudio fotográfico profesional. Lo uso sobre todo en invierno. Cuando el tiempo lo permite, prefiero hacer fotos con luz natural. Aunque no es tan fácil encontrar sitios tranquilos donde poder fotografiar a hombres desnudos.

BearMstr & PaulCub_Rome, july 13 2012

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¿Cómo trabajas con luz natural? ¿Qué soluciones técnicas utilizas?

Cuando hago fotos al aire libre o en la playa prefiero hacerlo hacia el final de la tarde, cuando el sol está bajo en el horizonte y la luz es oblicua y brillante. Normalmente evito hacer fotos en las horas del mediodía, la luz es demasiado fuerte y hace que los modelos cierren los ojos. Cuando es posible le pido a algún amigo que me ayude con los paneles reflectantes.

¿Cómo compones tus imágenes? ¿Sigues alguna regla?

No, no sigo ninguna regla en particular. Suelo tener en mente algunas ideas y posibles poses cuando organizo la sesión, aunque a veces los modelos tienen problemas para ponerlas en práctica. Puedo estar influido por otras fotos, o por obras maestras del arte (he usado muchas veces la pose de “Amor profano” de Caravaggio, o “El pensador” de Rodin). Normalmente uso colores neutros de fondo, para que el espectador se concentre más en el modelo que en lo que le rodea.

Ahora cuéntanos lo más extraño o escandaloso que te haya ocurrido haciendo fotos.

Yo no me escandalizo fácilmente. Extraño… bueno… una vez un español se ofreció a posar para mí durante sus vacaciones en Roma. Me mandó algunas fotos, pero se le olvidó decirme que eran de hacía quince o veinte años. Así que cuando abrí la puerta me encontré frente a mí con el triste recuerdo de lo que una vez fue. Intenté hacer las fotos de todas formas, ¡pero los resultados fueron desastrosos!

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¿Mantienes contacto con otros fotógrafos especializados en desnudos masculinos? ¿Qué opinan de tu trabajo?

Estoy en contacto a diario con fotógrafos de todo el mundo a través de www.flickr.com, especialmente con los que se dedican a temáticas similares. Deberías preguntarles a ellos lo que opinan de mi trabajo [risas]. Personalmente encuentro muy interesante el intercambio de ideas, sugerencias y puntos de vista. Y con algunos de ellos se ha ido desarrollando una buena amistad.

¿Se pueden comprar tus fotos? ¿Tienes pensado publicar un libro con tus trabajos?

No, mis fotos no están a la venta por ahora. Ni siquiera me lo he planteado, ¡aunque hay gente convencida de que me estoy haciendo rico vendiendo fotos en mi web! Quizá algún día lo haga, quizá no, no lo sé. Lo de hacer un libro es una idea que he acariciado desde hace mucho tiempo. Me he planteado la vía de la autopublicación con servicios de impresión como blurb.com, pero no he dado ningún paso en esa dirección. ¡Quizá después de mi próxima exposición algún editor de renombre mundial se ofrezca a publicarme! [risas]. Oye, todos tenemos derecho a soñar, ¿no?

Las imágenes utilizadas en esta entrevista aparecen con el permiso de su autor. Para cualquier otro uso ponte en contacto con él en gianorso@gmail.com.

Hipsters maricas Versus Osos con camisa de cuadros

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La evolución del movimiento bear describe una curva perfectamente paralela a la de tantos otras subculturas. Rise and fall, dirán los más agoreros, auge y caída. Es lo mismo que le pasó al punk, al rocanrol y a otras movidas. De repente, el mercado lo ha engullido todo, parece que la esencia se diluye en la construcción de un nuevo estereotipo que se sumara a la gran marea del mainstream.

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¿Que tiene que ver todo esto con los osos? Mirad, desde los años noventa hasta la actualidad han transcurrido ya más de dos décadas. Las voces críticas que señalan que el movimiento oso ha perdido su autenticidad pueden tener parte de razón, pero, como me gusta decir, no podemos pretender que las cosas permanezcan inmutables a lo largo de los siglos, básicamente, porque la inmutabilidad no existe.

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La lectura que hago de todo esto no es la típica que cabe esperar de un abuelo cebolleta, de aquel que se aferra al mantra de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Ni mejor ni peor, en todo caso diferente. La figura del oso ha evolucionado del bear primigenio, con barba asilvestrada, aires de leñador y camisa de cuadros a la del oso hipsterizado, elegante, sofisticado, preocupado por el vestir y practicante de una fina ironía marica que le distancia de su entorno y de la herencia de un pasado con el que no se identifica necesariamente.

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Puede que se trate de una lectura superficial, quizá lo sea y me permito recordar que me muevo en el terreno de la especulación, no pretendo sentar cátedra en absoluto. Desde este punto de vista podríamos decir que el movimiento bear se halla inmerso en su segunda ola, por usar la jerga de los feminismos. Una segunda ola que se distancia de la primera, a la vez que queda solapada con la misma (no nos engañemos ambas olas siguen coexistiendo, independientemente de cuestiones secundarias como la edad).

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Hipsters maricas versus osos con camisa de cuadros. Durante este tiempo han pasado muchas cosas. Los osos han llegado al mainstream marica (han sido fagocitados y transformados, más bien) y los nuevos cachorros se han encontrado con un contexto muy diferente. No parece tener demasiado sentido de hablar de un “orgullo bear”. Cualquiera diría que los osos han existido desde siempre, no hay gran cosa que celebrar. Los jóvenes cachorros vienen pisando fuerte y se preocupan más por llevar una barba soberbiamente cultivada (el componente hirsuto del rollo oso se ha concentrado en el poder y las posibilidades del vello facial) que por participar de otras rutinas. Atención, quiero que se me entienda bien, no busquéis reproche en mis palabras, a mí todo esto me parece de lo más natural. Es algo consustancial a las nuevas generaciones (por algo son nuevas, porque se distancian del pasado).

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El oso de inspiración leñadora y asilvestrada sigue acudiendo a eventos osunos naturistas, mientras que el oso hipster prefiere escaparse a ver un concierto de Antony and The Johnsons, Perfume Genius o de Hot Chip. El oso de antes recurría al tatuaje tribal, a la pezuña del oso y demás variantes. El oso hipster se interesa por el tattoo como algo que va más allá del componente tribal. De hecho, jamás se tatuará un tribal sino algo más elaborado. La asunción de los tatuajes por parte de la modernidad hipster tiene más que ver con la caída de unas barreras culturales que con otra cosa, supone la consolidación de un proceso que empezó hace ya unos cuantos años (ojo, no estoy diciendo que los hipsters hayan dignificado los tatuajes sino que los han democratizado aún más). Si antes poseía ese carácter tribal o de subcultura ahora prima su carácter meramente estético. Las malas lenguas dirían que las connotaciones low culture del tattoo taleguero o de subcultura han sido redimidas por una concepción reloaded y preciosista, propia de la movida hipster. Hoy en día resulta difícil encontrarse con alguien que no lleve algún tatuaje. Ya no es patrimonio de unos pocos sino de la cultura pop en toda su extensión. Nunca en mi vida había conocido a tantos tatuadores. Lo juro. Y eso que Bob Flesh no lleva ningún tattoo (ni siquiera en su rolliza nalga izquierda, como algunos se han atrevido a rumorear).

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Más cosas. El hipster marica está más cerca de los hipsters heteros que de los osos Old School. Esto puede crear confusión. Y créanme, a veces resulta muy difícil (por no decir imposible) distinguir a un oso hipster de un hipster hetero. Todos parecen igual de maricas e igual de masculinos. A mí esto me gusta, en mi opinión recupera cierta parte del misterio, de la ambigüedad y de la excitación deseada. Tengo un amigo chaser que suele decirme que le disgusta (y que le parece poco erótico) encontrar zarpas de oso en la anatomía de sus amantes. Puedo entenderlo.

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En mi novela La leyenda del oso polar (Palabra de Oso#5) aparece un oso hipster descrito en clave de humor. Básicamente, lo que quería hacer era plantear la confusión que pueden experimentar las nuevas generaciones de osos en un contexto estético tan cool, tan alejado del desgarbado estilo de leñador de Nebraska. Las coordenadas estéticas han cambiado y han afectado a una parte de la comunidad bear, no a todos, ni siquiera a una mayoría, pero sí a la visibilidad de un colectivo amplificada por la difusión mediática, bloguera y 2.0. El oso hipster parece resultar más fotogénico (ay, también más delgado) y adaptarse cómodamente a la estética de un mundo Instagram en el que los filtros proporcionan un baño inmediato de sofisticación. En general, todo mola bastante, aunque ahora que lo pienso, quizá demasiado.

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Y la cosa es que a la segunda ola del movimiento bear le sucederá una tercera, a la que —a lo mejor— llamaremos Era Post-Bear. Entonces las cosas serán muy diferentes, y los osos hipsters ya convertidos en daddies de pelo cano mirarán con extrañeza a los nuevos cachorros. Correrá el año 2042 y alguien, en la soledad de su acogedor salón, estará escribiendo un artículo muy parecido a este. Los ciclos se seguirán sucediendo como si no hubieran existido antes y, en ese preciso momento, alguien bostezará desde la penumbra de un rincón.

Hombres enamorados

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“Me gustaría saber por qué casi todos aquellos hombres que se aproximan a la grandeza tienden a la homosexualidad, tanto si lo admiten como no”. Leído en la correspondencia del escritor D.H. Lawrence (1885-1930). En la imagen Alan Bates y Oliver Reed en la célebre escena cuerpo a cuerpo de la adaptación de su novela Mujeres enamoradas. Las nuevas masculinidades vienen de lejos.

Bear Actors: Edward Arnold y el porno para osos

Suscribo todo lo que dice el Dr. Insermini en materia de osos, cine y Hollywood, por eso es un placer tenerlo de nuevo como blogger invitado en una nueva entrega de Bear Actors. Hoy unas jugosas reflexiones sobre los osos magníficos del pasado, sus voces varoniles y la decadencia del porno para osos. Algo está pasando. Invoco la llegada de una nueva era de erotismo, invoco la llegada de un erotismo más sutil, excitante y cerebral. El Dr. Insermini tiene razón, estamos cansados de tanta mamada y enculada gratuita, queremos más, queremos todo eso que se pierde por el camino de la inmediatez. He aquí una receta de éxito para avispados productores de porno bear.

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Llevaba un tiempo queriendo escribir sobre Edward Arnold, y qué mejor que hacerlo aquí en Palabra de Oso, porque en absoluto tengo la intención de comentar su extensa filmografía. Lo que me apetece realmente es hablar sin rodeos del efecto que me ha provocado este actor grande, por su talla y también por su talento, un hombre de maneras muy masculinas, que conoció el éxito en las décadas de los 30 y los 40, en un momento en el que ya había dejado atrás su juventud y se había convertido en un daddy de poderosa presencia física. Quería aprovechar también para hacer una reflexión sobre el aburrido destino del porno. Y diréis que a qué viene eso, pero es que viendo a Edward Arnold en sus viejas películas en blanco y negro me he sentido más excitado que viendo cualquier película random de ositos. Quizá en el fotograma de arriba no os parezca para tanto. Y es que para sentir su hechizo es necesario verlo y oírlo, porque las dos grandes cualidades que convierten a Edward Arnold en un daddy hot-hot-hot son: su voz, que más que de su garganta o sus pulmones, nace directamente de sus testículos, y una tremenda, inesperada, agilidad física. En esta época de porno desatado, es fácil que a golpe de enculadas y mamadas filmadas en planos detalle, uno termine olvidando lo que de verdad resulta sexy, y estas dos cualidades, creedme, no tan obvias, deben ser urgentemente reivindicadas. Así que gentes del porno, por favor, presten atención, porque en un par de pinceladas y usando a Edward Arnold como ejemplo voy a darles algunas ideas que harían que sus películas fueran mejores, más excitantes, menos aburridas.

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Respecto a la voz. Resulta sorprendente lo poco explotado que está este recurso en el porno. De la misma forma que una voz chillona y repelente en boca de un pedazo de oso puede hacer que tu líbido se derrumbe, y que prefieras irte a tu casa a pasarles un algodón húmedo a las hojas de tus plantas, una voz varonil, o simplemente armoniosa, pero que refleje una fuerte personalidad, puede marcar la diferencia entre un simple “me hace tilín” y un ¡mátame camión! Queremos que los osos hablen más en la películas. Nos importa su voz, queremos que digan marranadas cuando están follando, claro que sí, pero también queremos saber cómo es su voz, oirlos hablar y perdernos en el misterio de sus notas vocales. Escuchad durante un minuto a Edward Arnold, imaginad a esta bestia follando, por favor.

La agilidad. Pensad una cosa, ¿qué hay más hot que John Goodman? John Goodman bailando. Para expresar esta idea no se me ocurre nada mejor que recuperar el videoclip de la canción de The Avalanches Since I Left You, en el que un hombre del montón y su amigo llegan a través de un túnel a un estudio de danza donde dos bailarinas hacen sus coreografías. Uno de ellos, arrastrado por la belleza del momento, se une a las chicas y a sus bailes. De repente, lo que era un osito sexy se convierte en un osito enloquecedor, al que miras hipnotizado y al que sólo deseas comerte.

Mucho de esto hay en el caso de Edward Arnold.

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En la primera película suya que vi, Eyes in the Night (1942) interpreta a Duncan “Mac” Maclain, un detective ciego (sí, ciego!!) aficionado a la lucha libre. En la primera escena de la película aparece practicando llaves y sometiendo uno por uno a todos sus amigos. ¡Qué premonitorio! Poco sabía yo que el ambiente homoerótico de la escena iba a ir asociado ya para siempre a Edward Arnold.

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Creo que me daréis la razón si digo que un oso o un chubby es siempre más sexy si sus kilos de más no le impiden tener agilidad y rapidez de movimientos. Si es capaz de sorprendernos. También quiero algo de eso en el porno, no quiero gente muerta, sin alma, follando. En Easy Living (1937) Edward Arnold da vida a un millonario muy duro en los negocios, pero de gran corazón. En esta película, una comedia muy loca, llena de gags físicos, demuestra una vez más que su corpulencia no le impedía estar en una gran forma física. Tiene varias escenas de caídas en la película, y creedme, las he capturado fotograma a fotograma y no hay trampa ni cartón, es él quien las hacía.

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No sé si a estas alturas le habréis pillado al punto a Edward Arnold, si no lo habéis hecho es que he fracasado. Sólo me queda sacarme de la manga estas dos capturas de Eyes in the Night, en las que lo encuentro especialmente sexy.

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Respecto al porno, creo que simplemente he hecho un llamamiento para que las películas incorporen un poco más de visión, que aprovechen más el carisma y las cualidades de los actores, que no crean que lo tienen todo todo ganado por tener un reparto de hermosos ositos de barba perfecta. Queremos algo del espíritu de Edward Arnold en la películas de osos. Y lo queremos ya.