A Bottom Made In Heaven

No sabemos su verdadero nombre. Ahora mismo su alias de Instagram es Himboluv. Le pregunto a una IA por el significado de «Himbo» en el contexto de la cultura pop y me dice esto: «En la cultura pop, un «himbo» es el equivalente masculino del estereotipo «bimbo». Se refiere a un hombre muy atractivo y físicamente corpulento o musculoso, pero que es ingenuo, de pocas luces o «cabeza hueca»».

Supongo que Himboluv sigue la típica estrategia queer de apropiarse de un apelativo despectivo para neutralizar sus connotaciones. O a lo mejor le gusta ser un mero icono de plástico. Himboluv es mucho Himboluv. A menudo cambia de alias y borra todos sus posts. Muchas veces le cierran la cuenta por su carácter exhibicionista. Luego crea otras nuevas que también funcionan a la manera de backup y mientras tanto va desplegando su pequeño imperio en las redes sociales, desde Instagram a OnlyFans, pasando por su lista de deseos en Amazon. A lo mejor todo lo que ansía nuestro beefcake favorito es un sugardaddy

Himboluv adora a las divas pop, de Kylie hasta Rosalía pasando por Julieta Venegas y todas las que se te ocurran. Él las ama a todas. Me doy cuenta de que mi fascinación por él tiene mucho que ver con eso. Siempre me ha interesado el potencial de las divas pop a la hora de crear estrategias de resistencia para la complicada existencia marica. Himboluv lo dice a menudo, como cuando comenta una publicación de Instagram de Olivia Rodrigo agradeciéndole todo lo que ella ha hecho por él. “Eres toda una inspiración para mí”, le dice, “me has ayudado a alcanzar mi yo soñado”. Alana S. Portero habla de este empoderamiento queer a través del pop en su libro biográfico “La mala costumbre”.

Himbo es un Bimbo para los hombres viriles con un marcado rol activo, una fantasía inalcanzable, un calientapollas que tiene muy bien aprendido el manual de estilo de las divas pop. 

El mes pasado publicó una story de Instagram en la que promocionaba un lubricante llamado de manera transparente Bottom. Su precioso y enorme culo aparecía de manera provocadora con textura acuática, casi neumática, a la manera de un travieso balón de playa de Nivea. A Himbo le gusta ser una zorra, hace bandera de ello. A veces habla de los años que lleva sin practicar sexo pero todo en él habla de sexo. Nos quiere babeando ante sus imágenes, ante ese glorioso par de nalgas que parecen sacadas de una sesión de fotos de Nicki Minaj. Himboluv es demasiado y te quiere duro para él. Quiere que le digas cosas sucias pero ya te avanzo que no vas a conseguir nada. Supongo que la mejor manera de acercarse a él sería hacerle un regalo, porque Himbo es una auténtica Material Girl

Le he escrito un par de veces para hacerle una entrevista, pero Himbo no me responde. También es un artista del escapismo, esa anguila producto de la cultura pop que no se deja atrapar, cuando piensas que ya la tienes se te escapa de entre los dedos y te deja a solas con tu gran erección. Sospecho que ese es su verdadero objetivo. Así se las gasta Himbo. No miento si digo que no hay ahora mismo ninguna cuenta de Insta que me interese tanto como la suya. 

En cierta manera manera, Himbo, con su carácter travieso e inaprensible parece reclamar un par de azotes. Pero luego te deja con la boca abierta al desplegar su creatividad y te olvidas de todo. Lo único que puedes hacer es caer (de nuevo) a sus pies. Himbo se ha construido a sí mismo. Ese melocotón del tamaño de una sandía en plena temporada es el fruto de muchos esfuerzos. Sabe lo que quieres y sabe dónde puede llegar. 

Himboluv busca el superluv pero un superluv de látex. En su mundo todo es artificial y es esa condición la que alimenta su desbordante creatividad. Sabemos que su pasatiempo favorito es emular hitos de sus divas, recrear la portada de un álbum mítico de Kylie, sentirse Madonna por un rato. 

A veces pienso que llegará un momento en el que Himboluv se quedará sin ideas pero luego se sale por la tangente y te sorprende con algo nuevo. Aquello que me ha empujado a sentarme a escribir este post ha sido su serie dedicada al Romeo + Juliet de Baz Luhrmann. Eso no lo vi venir. Aparta, Leonardo, aparta Claire Danes, yo asumo mi destino fatal junto a Himbo Capuleto sin rubor ninguno. Me pregunto si mi Himboluv cuenta con un amigo talentoso con dotes de director artístico al que usa como asistente, porque Himbo nos demuestra que con un mínimo de elementos puede conseguir algo grande. Algo tan grande como su culo, de hecho.

Nuestro héroe usa su imaginación y poco a poco va subiendo la apuesta. A estas alturas ya no tiene gran cosa que demostrar. Recuerdo una vez en la que nos enseñó su agujero rosa en Bluesky. Ese fue un día grande. La geometría de sus nalgas resulta de un hiperbólico subido, tanta perfección consigue transformarse en el material del que están hechos los sueños húmedos. Aquí el culo es el mensaje. Pero todo lo que le rodea me tiene fascinado. Creo que con su ingenio, Himboluv ha conseguido poner un punto y aparte en esa dimensión marica desplegada por las grandes divas de la música pop. Quedaos con el oso más peludo, porque yo me quedo con mi Bimbo y su eterna promesa de superluv.

Himboluv Instagram

Himboluv Bluesky

Abrazar a Rob Reiner

La muerte de Rob Reiner nos ha dejado a todos sus seguidores un poco tocados por varios motivos. En primer lugar porque nadie merece morir así y en segundo lugar por el poso de tristeza que arroja sobre una trayectoria personal y profesional luminosa como la de Rob Reiner, un tipo sensato, talentoso, amable e importante para muchos de nosotros, para todos aquellos que hemos crecido amando el cine, amando sus películas.

Porque hubo un momento en nuestras vidas que fue iluminado por su talento como realizador, ocurrió durante la segunda mitad de los años ochenta, durante lo que solo podemos calificar como su etapa de esplendor como director de cine. Desde Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986) hasta su obra maestra Misery (1990) pasando por hitos de la cultura popular como Cuando Harry encontró a Sally (1989) o el gran clásico de aventuras La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). Durante esta época Rob Reiner nos demostró que atesoraba lo mejor de Hollywood, no solo era un portentoso narrador de historias sino que tenía una sensibilidad propia. Sus comedias resultaban frescas porque sabían eludir los lugares comunes del momento, sus dramas sabían sortean lo facilón y lo sensiblero, sus coqueteos con el thriller de terror elevaron la materia prima del Stephen King de Misery a la categoría de clásico mayúsculo. Despedir a Rob Reiner supone despedir a un Hollywood de vieja escuela del que él fue uno de sus últimos alumnos aventajados. Le venía de familia. Su padre Carl Reiner era toda una institución en la tradición de la comedia netamente estadounidense, y el propio Rob empezó su trayectoria delante de las cámaras en la célebre sitcom All In The Family.

Su carisma resultaba desbordante y eso le llevaba a menudo a ser reclamado como actor por colegas de profesión. Nosotros siempre lo agradecíamos. Nos encantaba que se colase en títulos predilectos como Postales desde el filo (Postcards From The Edge, 1990) o El lobo de Wall Street. Porque además de ser uno de nuestros directores favoritos, caíamos rendidos ante su aplomo personal y su irresistible constitución física de gran oso polar. Tropezarse con una imagen de Rob Reiner nos daba ganas de abrazarle, así era de adorable. Bastaba con ver sus películas para comprender que este hombre era un gran humanista, bastaba asomarse a la franqueza de su mirada para que se te cayeran las bragas al suelo.

Siempre he pensado en él cuando estoy escribiendo una novela de Palabra de oso. Sin ir más lejos, la gran fantasía encarnada en el personaje de Theodor Kaplan tiene mucho del propio Rob. En cierta manera, Theo es la versión gay de Rob Reiner. Ambos están esculpidos por las hechuras del amor, de la lealtad, de la sensibilidad artística. Y despedir a Rob Reiner supone decir adiós a muchas cosas, todas ellas muy queridas. Leíamos en el Instagram del podcast Vigilante que su trágico fin supone también el fin de una era, la de un Hollywood en extinción, en plena absorción por la era del streaming y sus adocenadas maneras. Pasó lo mismo a finales de los años sesenta con la atroz muerte de Sharon Tate. Sus titulares sensacionalistas actuaron como punto final de aquel Hollywood joven y revulsivo destinado a cambiarlo todo. La despedida de Rob nos deja el cuerpo con una turbia sensación igual de premonitoria. Es el final de una era y no estamos muy seguros de que nos guste la que tenemos por delante. Porque todo aquello que encarnaba la figura de Rob Reiner, su cine, su sencillez, su manera de hacer, su condición de artesano, de repente nos parece ya de otra época. Pero una época en la que nos quedaríamos a vivir para siempre, y lo haremos en cierto modo volviendo a sus películas, invocando el espíritu de las cosas bonitas. Gracias por todo, Rob.

Simplemente Mack

El pasado sábado 18 de enero nos dejó Mack, uno de los mayores iconos de los inicios de la comunidad Bear. La noticia fue difundida a través de Facebook por su pareja, Rob. Habituado a compartir su particular estrellato con Jack Radcliffe, otro coloso de aquella época, el bueno de Mack alimentó los sueños húmedos de toda una generación a través de sus portadas en revistas, sesiones de fotos y vídeos. Sus marcas de identidad, a saber, gruesos cigarros en los labios, prendas vaqueras, camisas de cuadros abiertas —dejando ver su hirsuto pecho y sus contundentes pezones—, alimentaron la estética de una protomasculidad de la que se apropió la causa Bear. A modo de homenaje, recuperamos unas fotografías realizadas por el artista Chris Komater en el año 2002 donde aparece en todo su esplendor. Desde aquí solo nos resta desearte un buen viaje, Mack.

Albert One, el Italo Disco y tú

El otro día me dio por pensar en las semejanzas que podemos encontrar entre el Italo Disco y el cine de terror italiano, orientados ambos —cada uno en su medio— a conseguir una estética propia basada en la fantasía y en la grandilocuencia más desatada. Además de otro factor fundamental, a saber, esa afectación que les llevaba a hacerse pasar por productos anglosajones, adoptando nombres, alias y escenarios que inducían al despiste sobre su verdadero origen. 

Pero por mucho que me guste el cine de terror italiano, hoy he venido aquí a hablar de música, en particular de Albert One, uno de los principales embajadores del Italo Disco durante sus años de esplendor —finales setenta y primeros ochenta. Alberto Carpani (Pavía, 1956 – 2020) combinaba un físico rotundo ajeno a los cánones de la industria musical con una fuerte personalidad y un talento incontestable para crear hits que sacudiesen la pista de baile desde sus cimientos. Ahora que lo pienso, no es la primera vez que esta web se ocupa de un portento del Italo Disco, ya lo hicimos años atrás al recordar la figura de Gepy & Gepy, otro grande de la canción italiana. 

Alberto Carpani adoptó el nombre de batalla de Albert One y en pocos años se consolidó como una figura fundamental dentro del circuito de discotecas y música de baile. Se trata de una liga particular entre el mainstream de las emisoras de radio comerciales y la subcultura de las pistas de baile. 

Yo confieso que he llegado muy tarde a sus canciones pero eso solo me reafirma en lo incontestable de un legado destinado a permanecer y a hacerte bailar como si no hubiese un mañana. Entre el poderío y la ingenuidad, el Italo Disco reclamaba un espacio libre de prejuicios, situado más allá del cinismo, un fenómeno absolutamente irrepetible en estos tiempos resabiados que nos ha tocado vivir. Albert One supo construir un mundo artificial y exuberante a la medida de las mentes soñadoras. Escuchar temazos como For Your Love, Secrets, Turbo Diesel, Hearts On Fire o el más tardío, Face to Face te lleva a lugares absolutamente apoteósicos. Las irresistibles melodías y la carismática voz de Albert One, se ocupa del resto. Nos gustaría saber más sobre los avatares personales del artista, del que lo desconocemos prácticamente todo. En cualquier caso, aquí dejamos este humilde homenaje y la reivindicación de su figura como Icono Bear imprescindible.