Un speedo mojado

Bájame el bañador y ponte a comer polla, me dijo mientras hojeaba una revista en la tumbona. Lo soltó con despreocupación, como si no fuese con él y no hubiese más que hablar. La piel de sus caderas estaba fría y húmeda por el reciente baño en la piscina, pero su rabo me pareció caliente cuando me lo llevé a la boca. Levanté sus tobillos para sacarle el speedo y volví a meterlo entre mis labios. Se puso duro al momento y el elogio encendió una mecha en mi interior. Su tronco se deslizaba suavemente hasta mi garganta en movimientos sistemáticos y precisos. Necesitaba más. Extraje aquella magnífica pieza en toda su longitud y la admiré por su belleza. Su extremo relucía de una manera lúbrica, llamando la atención sobre su condición de volcán a punto de explotar. Cuando por fin ocurrió, la electricidad del instante me sacudió en un éxtasis húmedo que no había conocido en la vida, el tiempo se detuvo y yo me concentré en aquel speedo mojado a los pies de la piscina, luego tuve que cerrar los ojos porque desaparecí por completo y solo había sensaciones.

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Novelas de osos

Un empotrador se dio de baja

Tenía un culo jodidamente complicado, no importaba cuantas veces me lo follara, siempre era como la primera vez. Sabía que su ojete era estrecho y sabía que tomaba un camino inesperado en un ángulo imposible, pero saberlo (y conocerlo) no me bastaba. Mi mazo duro se extraviaba en un mar de complicaciones, acabando de nuevo en el punto de partida una y otra vez. Y mientras tanto el dueño de aquel precioso par de nalgas gemía y lloriqueaba mientras me decía cosas como “me encanta ser tu pasivo” o “mi culito te necesita dentro”. El sudor me nublaba la vista y me irritaba los ojos pero yo no tiraba la toalla. Usaba mis dedos para reconstruir una vez más el trayecto hasta mi objetivo y trataba de allanar aquel camino del demonio que desafiaba las leyes de la física. Cuando por fin conseguía penetrarlo sonaban campanas celestiales sobre nuestras cabezas y él gimoteaba aquello de “préñame, papá”. Pero papá estaba tan exhausto que ya estaba pensando en otra cosa, quién sabe, quizá en darse de baja en el sindicato oficial de empotradores.

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Novelas de osos

Tirantes

Llevaba tirantes y eso puntuaba doble, su barriga era desafiante y casi geométrica. Sentí el deseo de recostar mi cansada cabeza sobre ella. Todo en él me hablaba de armonía, mullidez y sexo del bueno. Una caída de ojos, un encogimiento de hombros y unos antebrazos peludos tostados por el sol. Al pasar por la estrechez del pasillo del tren, mi hermosa polla rozó su muslo y adquirió la contundencia de la certeza de un modo inmediato. Él me miró con aquellos ojos del color del océano y yo me quedé hechizado por la magia del momento. Ah, la certeza, otra vez había tropezado con ella.

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Novelas de osos

¿Cómo de intenso?

Josh McKenna ©

Me dijo que era heterosexual y que no pensaba cambiarse. Él no pensaba cambiarse, ¿vale? Miré sus labios carnosos y sus mofletes sonrosados de lechón. Lo había visto desnudo en los vestuarios. Tenía unas nalgas suaves del color de la inocencia y un ojete rosa sin usar. Hice un gran globo de chicle a modo de respuesta. Cuando explotó sobre mi frondoso mostacho recuperé virutas de fresa ácida con mi lengua y me las llevé a la boca. Quiero follarte, le dije sin pestañear. Sus tersas mejillas enrojecieron un poco más y el rubor desencadenó una pregunta. ¿Duele? Su expresión era la de haber mordido una almendra amarga. Yo seguía mascando el chicle y le respondí: no lo mires por ese lado, digamos que será intenso. La electricidad entre nosotros aumentó cincuenta voltios y elevó la temperatura. Cuando me preguntó ‘¿y cómo de intenso?’ yo ya sabía que lo tenía en el bote.

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Novelas de osos

Ya disponible mi nueva novela de osos: ‘Diez gorditos’

Una extraña invitación. 

Una mansión aislada. 

Una improbable reunión de viejos amigos. 

Un peligro invisible. 

Un misterio que resolver. 

Palabra de Oso celebra su décimo volumen con un irresistible enredo erótico-festivo, un homenaje travieso y desenfadado a la gran Agatha Christie y a las clásicas novelas de misterio. Diez gorditos es el número más especial de toda la colección: más páginas, más carne, más sexo y un inesperado reencuentro con un montón de adorables personajes que regresan del pasado para poner a prueba la resistencia del incombustible Marc Kaplan.

Quiero mostrar mi más sincero agradecimiento a Gianorso por la preciosa fotografía que ha servido de base a esta portada tan especial. Grazie Gianni!

Puedes comprarla en formato digital y en papel a través de Amazon y iTunes.

Lee el primer capítulo de Diez gorditos.