Follar en el Majestic

Había una serie de protocolos que seguir antes de llegar a la suite del ático. Pregunté en recepción y alguien hizo una llamada en voz muy baja, como si le hablase al cuello de la camisa. Un minuto después me confirmó que alguien me podía acompañar hasta el final del pasillo para empezar el recorrido ascendente. Mientras avanzaba reparaba en detalles que me hablaban de lujo. La moqueta bajo mis pies me hacía sentir que flotaba, que me deslizaba entre algodones: todo era silencio y confort. Tanta pompa me parecía excesiva, ni siquiera tengo el vocabulario para describirlo, yo solo quería llegar de A a B y, una vez allí, pasar un buen rato. 
Unos pisos después golpeé la puerta con los nudillos. El hombre que me abrió la puerta era maduro, poseía un frondoso bigote oscuro y, a través de su bata de seda, atisbé un apetecible cuerpo neumático aunque depilado. Un punto menos para él. Quise darle un beso pero la rigidez de su lenguaje corporal lo echó por tierra. Atravesamos el salón de su majestuosa suite y llegamos hasta el dormitorio. A la derecha, un gran ventanal y la terraza con vistas al Paseo de Gracia. Se quitó la bata y se quedó en calzoncillos. Parecían salidos del vestuario de una película del espacio, con ese acabado dorado que redondeaba las nalgas hasta convertirlas en algo puramente artificial. Mi polla empezó a sumirse en la indiferencia. 
Aquel hombre era un analfabeto sexual. Desconozco el motivo. Era un prestigioso editor de moda y había alcanzado el éxito. Pero no le servía de nada. La rigidez de su cuerpo era lo contrario de un afrodisiaco, su inseguridad aniquilaba todo asomo de deseo. No tenía ninguna iniciativa ni picardía. Todo aquel lujo para qué. Los calzoncillos espaciales debían de costar un riñón. Por alguna razón pensé en ellos mientras trataba de estimular sus pezones con mi juego de lengua. Nada ocurrió. O mejor dicho, sí. La certeza de estar perdiendo el tiempo. Le dije: «esto no está funcionando, me largo». Él asintió bovinamente. Por sus venas no corría sangre sino alguna bebida vegetal. Me vestí deprisa y suspiré con enfado mientras me ataba los cordones de las zapatillas. Él se había vuelto a poner sus calzoncillos dorados. Cuando salí a la calle me calé las gafas de sol para amortiguar la hiperrealidad. El lenguaje universal del amor no siempre es tan universal, del mismo modo que un hotel de cinco estrellas no tiene por qué garantizarte un polvo de cinco estrellas.  

Adiós al año que escribió Stephen King

Las malas lenguas dicen que 2020 ha sido ese año que parece haber sido escrito por Stephen King. Sea como sea, ha sido el primer año de la pandemia y solo nos cabe desear que el segundo sea mejor. No pienso aburrir a nadie con las reflexiones de Bob Flesh sobre un año tan controvertido. Por aquí hemos continuado con nuestras rutinas y hemos seguido construyendo este universo Palabra de oso que se alimenta tanto de mis novelas o microrrelatos como de las cosas interesantes que suceden alrededor de la causa bear. La vida continúa y siempre lo hará. Seguimos descubriendo cosas que merecen nuestro interés y, mientras otras desaparecen, también están aquellas voces o artistas que permanecen y nos ofrecen regularmente una nueva explosión de creatividad. No me apetece enumerar nombres, este año me encomiendo a la nube de imágenes. Son cosas que han pasado por esta web. Sigue dándole al scroll si te has perdido alguna.

Para mi gusto, durante este año el capítulo dedicado al obituario ha sido demasiado abultado. En pocos meses, nos han dejado tres iconos fundamentales como son los actores Brian Dennehy, Wilford Brimley y Allen Garfield. Una gran pena a la que hemos correspondido con merecidos homenajes y algo que, a la postre, queda compensado por su inmortal legado, unas actuaciones y unas películas sobre las que volveremos una y otra vez. Es lo que tienen los iconos, que son inmortales. Por mi parte, he publicado Ceremonia secreta, la novela número 11 de mi serie Palabra de oso. Como las anteriores, me está dando muchas alegrías y sigo calentando motores para nuevas entregas. También he continuado con algo que me encanta, como es la sección Entrevistas Palabra de oso. Siempre es un placer compartir las experiencias de los demás. Hay mucho por hacer todavía. A veces me da la impresión de que, aunque pueda parecer lo contrario, esta cosa de los osos sigue siendo marginal, algo muy excluido del implacable mainstream. Soy un pesado con esto, pero creo que tengo motivos. Los hombres gordos y el amor que profesamos a sus hermosas y sensuales formas sigue siendo excluido por la así llamada Cultura oficial. En ese sentido, creo que el trabajo de todos vosotros, como el de esta web, sigue teniendo mucho sentido. Tenemos que seguir peleando por conquistar nuestro espacio y dejar de justificarnos por nuestra falsa condición de rara avis. Lo único que queremos es diversidad de todo tipo, de género, te tamaños y pelajes.

Y la cosa no se para. Termina este año de la pandemia pero siguen pasando cosas. Una especialmente bonita está a punto de ocurrir y será el primer post del 2021. Y tengo otras pendientes. Cosas muy molonas. Tenemos que seguir creando referentes y ampliando un lenguaje del deseo común. Es natural. Yo al 2021 solo le pido que me devuelva parte de la sensualidad de la que me privó tanto confinamiento porque las experiencias son el mejor complemento de la imaginación. La imaginación es la mejor herramienta para todo artista o creador pero la experiencia es la sal y la pimienta. Así que si le pido algo al que será Año 2 de la pandemia es que nos vaya devolviendo ese campo siempre fértil de la experiencia. Porque para la introspección y el confinamiento siempre hay tiempo.

Dicho esto, solo quiero dar las gracias a todos aquellos que han colaborado de un modo u otro con esta web a lo largo de este año y expresar el deseo de seguir encontrándonos todos, creadores y curiosos, por aquí.

Bob Flesh os desea lo mejor para este 2021 🥂

A ver si te enteras de una vez

Un microrrelato de Bob Flesh:

«¿Es que no lo ves que te quiero follar? ¿No supiste leerlo en mi mirada cuando te cruzaste en mi camino? ¿Acaso despegué mis ojos del océano de los tuyos? Soy un libro abierto, ¿es que no lo ves? Mis pupilas hablaban de cosas sucias y de amor rápido, tenían toda la intención. Pies descalzos, mis caderas entre tus piernas, sube el culo un poco más. ¿Es que no lo ves que te la quiero clavar? ¿Qué vas a hacer? Vas a llorar. Tu cuerpo ya lo sabe, gózalo y déjame hacer, a ver si te enteras de una vez.»

Más microrrelatos eróticos

Novelas de osos

Vuelve la revista Hairy

Nuevo número de la revista Hairy ya disponible. Esta tercera entrega nos llega con más páginas, en edición aún más cuidada, con más variedad de cuerpos y, por supuesto, con lo hirsuto como hilo conductor, todo un festival furry repleto de chulazos esculturales, pollas tiesas, culos neumáticos y un rollo abiertamente puti para ponerte bien palote. Además del erotismo desplegado por los Hairy Boys también incluye contenidos como entrevistas a artistas como Mel Odom, Cachorro Lozano o ButchDick, ilustraciones de Stanley Sunday, textos de Hidroboy, Juan Flahn o un servidor, Bob Flesh. Todas las fotografías son obra de la factoría Torres Ibarzo y todo el conjunto posee el inconfundible sabor y desparpajo de las fiestas PopAir, Dicks, Bananas y toda esa escuela de la farra Bear de Barcelona. Un número imprescindible para cualquier amante del homoerotismo entre hombres de pelo en pecho. Consigue tu ejemplar a través de la web de quefantasia.com