Todos queremos a Ned Beatty

Nos dejó la semana, el 13 de junio, pero esto no es una despedida. Siempre recordaremos a Ned Beatty (1937-2021), uno de nuestros actores favoritos y un rostro imprescindible en el cine y la TV de los setenta en adelante. De voz grave y gran versatilidad, a Ned lo mismo lo vimos explorando su vis cómica como su lado más duro. De entre sus muchos trabajos destacamos títulos míticos como Deliverance (1970), Network (1976), Superman (1980), Todos los hombres del presidente (1976), Nashville (1975) o Querido detective (1986). Su participación en Deliverance resulta dura y cruda y será recordada por muchos seguidores de esta web como la primera vez que una película mainstream muestra en pantalla la violación homosexual de un hombre gordo y rudo, en una escena antológica que pocos actores hubiesen sido capaces de afrontar.

Con Brad Dourif en Sangre sabia (Wise Blood, 1979)

Su filmografía se compone de más de doscientos títulos, una carrera que en sí misma supone un capítulo inolvidable de la cultura pop. Ned siempre le restó importancia a su condición de actor secundario, con cada una de sus actuaciones demostraba aquello de que no había papeles pequeños sino grandes oportunidades. Sin ir más lejos, su participación en la visionaria Network se rodó en un solo día, un total de seis minutos en pantalla en la piel de Arthur Jensen, el prepotente pez gordo de un conglomerado mediático, una interpretación de altura que le valió su única nominación al Oscar. De voz portentosa, llegó a grabar discos y a desarrollar una carrera paralela sobre las tablas. Tras muchos años de hiperactividad empezó relajar el ritmo. “Las películas te vuelven un poco perezoso. Si estás con un papel secundario o un cameo, haces un buen dinero y no tienes que trabajar demasiado. Adoro el teatro, pero es curro: seis días por semana, ocho funciones a la semana. A cierta edad quieres levantarte, tomarte un café y volverte a la cama”, explicaba en una entrevista. Su última película, la comedia Baggage Claim, es del 2013. Tenía más que merecida la jubilación. Y como decíamos al principio, esto no es un adiós, muchas de sus películas ya forman parte de nuestro ADN y seguiremos revisándolas una y otra vez. Buen viaje, Ned.

Network, 1976

Bear Radar: Denis Ménochet

Seules les bêtes

Hay un actor que me ha robado el corazón esta temporada y ese actor se llama Denis Ménochet. Aunque muchos de mis seguidores, mucho más atentos que yo, lo descubrieron años atrás en su papel de granjero de la resistencia interrogado por los nazis en la larga y tensa escena que abre el Inglorious Basterds de QuentinTarantino, no ha sido hasta el estreno de la producción francesa Solo las bestias (Seules les bêtes, 2019) cuando se me ha aparecido como toda una revelación. La película, de lo mejor que hemos visto últimamente, es uno de esos puzles con apariencia de thriller a la manera de Amores perros que hilvana un demoledor retrato de toda una galería de personajes atrapados en una situación límite. Entre todos ellos, nos hemos fijado en Denis Ménochet. 

Denis Ménochet y François Ozon

Hemos leído que Denis nació en Enghien-les-Bains, Francia, en el año 1976, aunque solo contaba dos semanas de vida cuando su familia decidió mudarse a Noruega. A partir de ahí su existencia nómada le ha llevado a cruzar el charco, vivir en Estados Unidos para regresar al continente e instalarse en Sharjah, cerca de Dubai. No sabemos en qué momento decide volver a Francia para labrarse una carrera como actor. Según su ficha de IMDB, en sus primeros años de juventud se entrega a su gran pasión por el skate y uno de sus primeros empleos, con solo diecinueve años, será el de hacer de chófer para el mismísimo John McEnroe. 

Ingloriuos Basterds

Definido por Tarantino como el Robert Mitchum francés, Denis ha aparecido en numerosas películas de prestigio del país galo como las que ha rodado con François Ozon (Dans la maison, Grâce à Dieu) o la dura historia sobre malos tratos “Custodia compartida” (Jusqu’à la garde, 2017). 

Su carrera avanza con paso firme y es fácil verlo en producciones de todos los tamaños y nacionalidades. Acaba de estrenar The Mauritanian, con Jodie Foster, tiene pendiente lo nuevo de Wes Anderson (The French Dispatch) y está rodando una vez más con François Ozon (Peter Von Kant), lo cual es siempre una estupenda noticia.

Su evolución física nos llama poderosamente la atención porque con el paso de los años está ganando enteros a efectos de nuestro Bear Radar. Su corpulencia ha florecido como una flor en primavera, su pecho se ha ensanchado, su rostro se ha endurecido y los quilos ganados en estos últimos años —en conjunción con su incontestable talento— lo han convertido en una suerte de portento actoral. Vamos, que a nuestro adorado Ludovic Berthillot le ha salido un competidor. Se llama Denis Ménochet y está aquí para quedarse.

Chanquete centenario

El pasado 28 de febrero se cumplieron cien años del nacimiento de Antonio Ferrandis, actor valenciano muy popular durante la segunda mitad del siglo XX gracias a su talento innato para la actuación y a una carrera prolífica que desarrolló tanto en el cine y la televisión como en el teatro. Si su rostro ya resultaba familiar para muchas generaciones de espectadores, con los años llegó a alcanzar la categoría de mito de la cultura popular española tras su aparición en la mítica serie de TVE “Verano azul”, emitida por primera vez durante los años 81 y 82 del pasado siglo.

Antonio Ferrandis nació en Paterna, Valencia, se licenció en magisterio, pero no tardó en apostar por su gran pasión, el teatro. A finales de los cuarenta ya había pasado por diferentes compañías teatrales y a partir de los 50 inicia una trayectoria imparable tras protagonizar junto a Paco Rabal una adaptación del “Muerte de un viajante” de Arthur Miller a cargo del prestigioso José Tamayo. Su carrera oscilará entre el pedigrí que le aporta participar en proyectos teatrales serios (adaptaciones de Shakespeare, Ionesco, Unamuno, José Zorrilla, Chejov, etc.) y sus innumerables trabajos en el cine comercial español de los años del desarrollismo, donde será muy solicitado, especialmente como personaje secundario, en roles habituales de padre de familia ejemplar o viril comparsa del protagonista. Su buen hacer lo llevará a participar en proyectos cinematográficos más reputados y en un buen puñado de series. Su ficha como actor en Imdb incluye casi ciento cincuenta títulos. 

El caso de Antonio Ferrandis nos interesa especialmente por dos motivos. En primer lugar, porque representa una masculinidad y un físico portentoso que lo han convertido en icono sexual para muchas generaciones previas a la eclosión de esta movida de los osos; y en segundo lugar, por la trágica realidad asociada a su vida personal: un actor gay obligado por las circunstancias a negar su sexualidad durante prácticamente toda su vida. Una triste realidad que comparte con innumerables compañeros de profesión. 

Las crónicas nos cuentan que aunque vivía su sexualidad con normalidad dentro del ambiente artístico en el que se movía nunca pudo librarse de las consabidas preguntas en el entorno de la esfera pública. En las entrevistas que concedía se declaraba “sexualmente frío” y a menudo era preguntado por el fantasma de la homosexualidad, una cuestión que eludía una y otra vez y que le llevó a hacer de la negación un mantra.

Ahora, años después de su muerte, sabemos que compartió su vida con otro hombre, un ayudante del conocido productor de cine José Luis Dibildos y que siempre se obligó a mantener un nivel de extrema discreción. 

Volviendo a los primeros ochenta, a la serie “Verano azul”, su interpretación del viejo lobo de mar Chanquete le convirtió soterradamente en todo un referente sexual para muchos jóvenes de la época. Una suerte de icono Bear antes de lo Bear que ayudó a más de uno a aceptar la naturaleza no solo de su orientación sexual sino de la medida de su deseo. Porque Chanquete, con sus formas orondas e hirsutas de marino retirado, encarnaba a la perfección esa figura ruda y masculina que se volverá recurrente a partir de los años noventa en el contexto de la incipiente cultura osuna.

Es por ello que la deuda que muchos atesoramos con Chanquete, con Antonio Ferrandis, con el actor que lo interpretó, es incontestable. A primeros de la década del 2000, un escritor valenciano, José Luis Collado, publicó El año que murió Chanquete, una novela de cariz autobiográfico en la que situaba a dicho personaje televisivo en el centro de su crecimiento personal y sexual. Un texto emocionante y muy recomendable que puede leerse tanto como novela erótica de osos como ajuste de cuentas contra ese afán silenciador de los años oscuros que nos ha tocado vivir a muchos en nuestras edades tempranas. Porque la negación que acompañó a Antonio Ferrandis durante toda su carrera encuentra un eco en nuestra propia negación. Es más, nuestra lucha sigue siendo contra esa negación. Y la figura de Chanquete, además de rotundo icono sexual, tiene mucho de símbolo y de referente. Su historia, también en la nuestra. Y por eso, y por su enorme talento, no pensamos olvidarlo nunca.

La felicidad de los Katakuris

Un luchador de sumo muere mientras hace el amor en el hotel regentado en las montañas por la familia Katakuri. Son muchas las sorpresas que les espera a tan peculiar familia a lo largo de The Happiness of the Katakuris (Takashi Miike, 2001), un delirante e irresistible musical que ahora cumple veinte años. Si aún no lo has visto, búscalo. Lo vas a disfrutar. Palabra de oso.