El bigote de Richard Riehle

Nada más lejos de mi intención que convertir esta web en una suerte de obituario, pero como sabéis aquí sentimos debilidad por la figura del actor secundario clásico de envergadura rotunda y maneras de oso. El pasado 15 de octubre nos dejó Richard Riehle y es justo y necesario dedicarle un pequeño homenaje. Richard nos dejó a la edad de 78 años tras una carrera prolífica tanto en cine como en televisión. Fue uno de esos actores secundarios imprescindibles desde el momento en el que debutó, a finales de la década de los setenta. Su marca de la casa fue ese poblado mostacho de morsa y esa mirada afable que nos derretía a muchos cada vez que se colaba en nuestra televisión. Básicamente, se dejó ver en todas las series míticas de diferentes épocas, desde culebrones como Falcon Crest a fenómenos posteriores como Ally McBeal, sin olvidarnos de apariciones en Las chicas de oro o Roseanne.

Trabajador incansable, en su ficha de imdb se incluyen más de 400 títulos entre los que destacan papeles secundarios en películas de éxito como Casino, Tomates verdes fritos o la extraordinaria Mysterious Skin de Gregg Araki.

Su aspecto apacible y bonachón se correspondía con una personalidad sensata y reposada. Sobre el oficio del actor y el constante paso por diferentes audiciones solía decir lo siguiente: «Nunca me he tomado el rechazo en las audiciones como algo personal. Sé que a muchos actores les pasa. Se me da bastante bien hacer la audición y pasar página. Doy lo mejor de mí en la prueba y, si eso es lo que buscan, y si todos los astros se alinean, lo conseguiré; y si no, pues no pudo ser y a otra cosa».

Con el equipo de Bear City 2

Su atractivo no pasó inadvertido para la cuota bear de sus fans, comunidad que lo acogió como icono y que llegó a brindarle la ocasión de colarse en su mundo. Podemos ver a Richard en Bear City 2 interpretando al padre de uno de los protagonistas.

Para quien se lo esté preguntando, no, Richard Riehle no era gay, compartió su vida con su mujer Jane hasta la actualidad, durante más de cincuenta años, con quien tuvo cuatro hijos. Siempre decimos lo mismo en estos casos, con actores tan prolíficos como Richard será un placer seguir encontrándonos con él en series y películas. Su legado no termina aquí. Ese bigote seguirá dándonos muchas alegrías.

The Bears Are on Ozempic

El pasado 1 de agosto el New York Times lo hizo oficial: The Bears Are on Ozempic. Parece que es la clase de artículo destinado a marcar históricamente un acontecimiento. Y eso es algo que solo se consigue insuflando cierto aire alarmista a su contenido. Pero ¿dónde queda el rigor? ¿Significa que —en efecto—la comunidad bear afronta un serio peligro de extinción? ¿O nos hemos pasado de derrape?

Al margen de las respuestas, nos parece natural que un medio decano como el New York Times se haga eco de una realidad que está empezando a hacerse sentir en el seno de la comunidad de osos a escala planetaria. En su artículo, se ocupan de la escena localizada en Provincetown durante su Bear Week. Y sí, lo que nos cuentan resulta un tanto alarmista. Osos inapetentes, cuerpos de menor envergadura y, en general, hombres más pendientes de la aprobación de sus respectivos médicos que de mantener vivas las señas de identidad de la subcultura que los acoge.

El debate está servido. Un post en la cuenta de Instagram de Palabra de oso nos sirvió para comprobar que los ánimos están a flor de piel. Un cazador manifestaba su parecer en un comentario: «Tiempos extremadamente deprimentes para los osos. Se sienten más saludables (se desconocen los efectos secundarios a largo plazo) pero son esclavos de una droga que les trae de vuelta la felicidad que perdieron porque nunca fueron felices siendo osos. Décadas de ser incluidos en un concepto que nunca aceptaron. Quieren redefinirlo ahora… Absolutamente cansado y harto de eso». Mientras otro participante contemporiza: «¿Dónde está el maldito problema? Ellos vivirán más tiempo, la mayoría tiene diabetes». A continuación otro oso pierde los papeles: «Nos están matando», comenta escuetamente.

Lo que está claro es que la impronta de los fármacos agrupados bajo la nomenclatura GLP-1, entre los que podemos mencionar Zepbound, Wegovy, Ozempic y Mounjaro, se hará sentir de un modo u otro. Ahora bien, sabemos a los medios les gusta más un drama que a un tonto un lápiz, de manera que inspiremos profundamente y permanezcamos a la espera. La revista The Advocate replicó a la noticia del New York Times con un titular que llamaba a la calma: La cultura gay bear sobrevivió al fascismo corporal. Puede sobrevivir a Ozempic.

Y esperemos que así sea. Desde esta web ya nos ocupamos de la cuestión dos años atrás, cuando el rumor de los tambores empezaba a hacerse notar. Nuestros pensamientos nos arrastran hasta un escenario hipotético en el que ser oso será una mera cuestión performativa, a la manera de la elección de género que propone la filósofa Judith Butler. Ser o no ser oso será una prerrogativa personal irrenunciable. Una vez más veremos como lo personal es político. Puede que la comunidad bear adelgace su envergadura en alguna medida, pero a la fuerza, su núcleo, permanecerá como un verdadero ejemplo de compromiso y resistencia. Y desde luego, los que miren por su salud, deberían estar completamente libres de portar una letra escarlata como signo de ignominia. Seamos adultos. Ampliemos las miras. Respetemos cada una de las decisiones. Intentemos no pensar solo con la p…

Pero ¿quién diantres acuñó el término «Bear»?

Un poco de arqueología Bear. Rescatamos este artículo publicado por The Advocate en el mes de julio de 2016 para recordar que es esta revista decana quien se arroga el bautismo de la comunidad bear antes de que empezara todo, sin ir más lejos, en una publicación suya del año 1979.

Aquí la transcripción en español del breve artículo:

«Parece que hay cierta controversia sobre quién acuñó el término «oso» para referirse a algunos hombres homosexuales. Algunos afirman que fue Richard Bulger, quien, junto con su entonces pareja, Chris Nelson (1960-2006), fundó la revista Bear Magazine en 1987. Pues no. Fuimos nosotros. Bulger y Nelson fueron lo suficientemente listos como para convertirlo en un negocio lucrativo.

Podría decirse que el primer uso del término se remonta a hace exactamente 37 años, cuando George Mazzei lo utilizó en su artículo «¿Quién es quién en el zoológico?», publicado el 26 de julio de 1979 en The Advocate . Magníficamente ilustrado por el talentoso ilustrador y caricaturista Gerard Donelan, colaborador habitual de The Advocate, el artículo procedía a clasificar alegremente a otros hombres y mujeres homosexuales como si fueran animales del zoológico.

Eran tiempos más sencillos. ¿Sigue siendo gracioso ahora? ¿Aún se mantiene vigente? Eso lo decides tú.»

The Advocate, 26 Julio 2016, consúltalo online aquí

Big Boys, un coming of age diferente

«Big Boys» es una película rodada en el año 2023, de corte independiente, que supone una gran aportación a la tradición del coming of age, es decir, a las historias que se centran en el complicado paso de la adolescencia a la madurez.

En esta ocasión nuestro protagonista es Jamie, un niño gordito de catorce años, desbordado por los miedos e inseguridades de su edad, que durante una acampada familiar se enamorará de Dan, el novio de su prima. Escrita y dirigida por Corey Sherman, la película sigue puntualmente los lugares comunes de los relatos de iniciación pero sabe aportar en todo momento una mirada verdadera sobre su delicado material. Porque al fin y al cabo, esta historia no es como las demás. Jamie vive en un contexto heterosexual pero su realidad lo aboca constantemente a los márgenes. Ni su cuerpo ni sus deseos obedecen a la norma imperante, una situación con la que no resulta fácil lidiar a edades tan tempranas.

Corey Sherman se las apaña muy bien para guiar la mirada del espectador a través de los ojos de Jamie, interpretado por el debutante Isaac Krasner. «Big Boys» camina por la fina línea emocional de este tipo de ficciones, fijándose en el detalle, en el juego de miradas y, especialmente, en los silencios, en aquello que permanece debajo de la superficie. La película avanza sin prisas, desgranando la progresiva fascinación y atracción de Jamie por Dan sin atropellarse, hasta alcanzar un desenlace donde encontramos la verdadera grandeza de esta pequeña película. La despedida final de los dos personajes, su conversación en el coche, resulta un verdadero prodigio, una escena emocionante como pocas, rodada con asombrosa sensibilidad y con un derroche de talento por parte de Isaac Krasner.

Tras un exitoso recorrido por festivales, «Big Boys» ha conseguido conquistar una parcela propia y muy necesaria dentro de la tradición en la que se enmarca. A modo de anécdota, mencionar que la película supuso la ópera prima de su realizador, Corey Sherman, a quien hemos visto fugazmente como actor en algún capítulo de aquella célebre webserie titulada «Where the Bears Are». Además, seguiremos con atención la trayectoria del joven Isaac Krasner, quien siguiendo las leyes hormonales de la vida, se ha espigado como un junco (ooooooh), y a quien veremos pronto como parte del elenco de «Crystal Lake» la serie que la productora A24 ha rodado sobre la mitología de la franquicia de Viernes 13.

«Big Boys» está disponible en la plataforma Filmin.