El arte de James Unsworth

James Unsworth

James Unsworth (Liverpool, 1979) es un artista y activista queer que lleva más de una década explorando las posibilidades de diferentes formatos, desde la fotografía al video, pasando por la ilustración o las instalaciones en galerías de arte. En su trabajo se percibe un interés por abordar los excesos de la sociedad de consumo a través de una visión irónica que oscila entre lo kitsch y lo bizarro. Si hablamos hoy de su trabajo es porque ahora mismo nos parece uno de los artistas más interesantes a la hora de incorporar en sus obras elementos propios de la cultura bear desde un prisma excitante y original.

En enero de 2019 puso en marcha un proyecto de lo más sugestivo que llevará a cabo a lo largo de todo el año. Se trata de una serie de 52 ilustraciones inspiradas por el ancestral arte cerámico griego protagonizada por hombres gorditos de sexualidad no normativa. El artista se ha comprometido ha realizar un dibujo por semana en su iPad con la intención de completar la serie el próximo mes de diciembre. De momento ya podemos ver los primeros frutos de su trabajo a través de su Instagram.


La belleza de las imágenes y la estética tan reconocible en la que se ampara plantea un diálogo entre pasado y presente muy deudora de lo que algunos críticos han denominado urpop, una etiqueta surgida de la necesidad contemporánea de incorporar lo atávico en nuestros relatos culturales.

Si todo va según lo previsto, una vez completada la serie, James Unsworth contempla la posibilidad de dar un paso más con la realización de cerámicas que incorporen las imágenes elaboradas durante estos meses. Mucha suerte, James. Bob Flesh necesita urgentemente una de tus vasijas griegas para presidir su salón.

James Unsworth Web

Instagram @james.unsworth

La única certeza en el mundo

Una hermosa polla tiesa era una certeza y esa era una cuestión que había que valorar en toda su importancia. En otras palabras, un pollón largo y grueso surcado por venas oscuras y tejido sensible. Por momentos su mente académica casi se había visto reducida a la nada. Todo resultaba abstracto, dudoso o indemostrable. Allí era donde le había dejado la resaca de la posmodernidad. En medio de un desierto. Por eso había decidido echarse en manos de un amante tras otro. Él era un hombre gordo en la madurez de su vida cuyos principios científicos se evaporaban en la aridez del terreno. Pero él era un hombre todavía atractivo capaz de despertar erecciones rotundas en sus amantes. Porque, vale la pena insistir, aquellas pollas estaban así de duras y tiesas por él, por sus carnes generosas y armoniosas, y también por ese rostro tosco esculpido por el escepticismo. De modo que antes de ser penetrado por una de aquellas hermosas pollas se recreaba en el sabor de la certeza. ¿Estaba dura aquella polla? Cierto. ¿Se encontraba en ese estado por su causa, debido a su atractivo? Más que cierto. Cuando la dureza se abría paso a través de su carne y le provocaba aquella sensación de intenso placer su cuerpo rechoncho se estremecía como nunca, hasta el punto de eyacular unas gotas de bienvenida. Pero tal y como él lo veía, aquella bienvenida no era tanto para recibir aquella hermosa polla tiesa como para celebrar el poder y la gloria de la única certeza que existía.

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Novelas de osos

Entrevistas Palabra de Oso: El ósculo hirsuto

Guibu con su creación – Autorretrato

En el año 2008 empezó a publicarse en la red El ósculo hirsuto, una serie de tiras eróticas protagonizada por un poeta enamoradizo y con tendencia a la melancolía llamado Jorge Funes. El impacto de la serie no se hizo esperar, hasta el punto de aparecer traducciones a otros idiomas o muestras de fan-art hechas por sus propios seguidores. El ósculo hirsuto había sintonizado con una manifestación poco explotada del deseo homoerótico desplegando un universo poblado exclusivamente por hombres gordos que deambulan por los laberintos del amor y de la sensualidad. Sus maneras se alimentan del folletín erótico clásico pero el conjunto se distingue por ese regusto literario marca de la casa y por una ternura que fluye en abundancia de su autor. Poco sabemos sobre Guibu, la persona que se encuentra detrás de este proyecto, por eso se hacía tan necesaria esta entrevista, realizada en el momento en el que la segunda entrega de El ósculo se encuentra muy avanzada y sigue publicándose regularmente a través de su blog.

Hola Guibu, gracias por aceptar esta entrevista, charlar contigo tiene mucho de deseo cumplido. Al igual que a mí te rodea el misterio y es muy poco lo que sabemos sobre tu persona. Enumero las pocas cosas que he encontrado en la red con la intención de que las confirmes, las desmientas o aportes algunas nuevas, si te apetece. Firmas tus historias como Guibu-Rocaja (¿Rocaja?), vives en Tucumán (Argentina) y no andas lejos de los cincuenta.

Hola, Bob. Me hace feliz saber que cumplí tu deseo. Sí, son correctos esos datos. Ya estoy cerca de los 50 años y también muy cerca de la calvicie. “Guibu” es el dibujante y “Rocaja” (o “Carajo”) es el guionista. Pero ambos son la misma persona, o sea yo. Es sólo un juego lo de los dos nombres. Cuando de niño leía historietas notaba que todas tenían un dibujante y un guionista. Quería reflejar eso en mi cómic. Nostalgia. 

Mi anonimato también lo llevo al extremo de no dar a conocer “El ósculo…” de mi parte. Dejo que se lo descubra por azar. O gracias a menciones que otros hacen sobre el cómic, como por ejemplo la nota y la entrevista que se publicaron en un suplemento de un diario argentino. El autor fue Diego Trerotola que me hizo la entrevista vía email.

Me imagino que esto del anonimato tiene que ver el hecho de vivir en un entorno que no aún no ha escapado de la herencia homofóbica. ¿Estoy en lo cierto o hay algo más? ¿No es una lata tener que justificarse ante los demás porque te gustan los gorditos maduros?

Sí, cuando despertó mi deseo sexual allá lejos, cuando tenía 14 o 15 años, vivía reprimiendo ese deseo, pues me atraían hombres de 40 años o más. Esa situación me parecía extraña y cargada de cierto temor. Y mi anonimato tiene más que ver con mi entorno familiar. Hasta hoy, a mis 47 años, todavía no sé manejar la situación y cómo afrontarla. Siento mucha incomodidad por estar justificándome.

Confiemos en que las cosas cambien muy pronto. Por lo demás, has sido pionero a la hora de difundir ficciones eróticas sobre hombres rotundos y hermosos, ¿no crees que sigue existiendo una gran necesidad de ficciones literarias que exploren aquel deseo que escapa de la norma estética oficial?

Sin duda. Creo que para satisfacer esa necesidad no queda otra alternativa que animarse a crear esas ficciones que escapan de la norma estética oficial. Tú, desde tus libros y yo desde el dibujo estamos aportado ficciones que pueden inspirar a otros. La cuestión es animarse.  

En tus historias la juventud está rigurosamente excluida, se puede entender como toda una declaración de principios, especialmente por lo que se refiere al mundo gay y a su sempiterna obsesión por los efebos.

Creo que historias (historietas, cómics) homosexuales con personajes jóvenes hay muchas. Tienen su espacio y reconocimiento. El cómic que publico está para dar vida a esos personajes gorditos y de edad madura. Porque a los personajes maduros y gorditos también les pasan cosas. Ellos también pueden ser protagonistas y no personajes secundarios. Tienen deseos, quieren amar y gozar.    

En mi adolescencia tuve un profesor de lengua gordito que me ponía bruto. Creo que a partir de ahí se consolidó en mí esa idea del profesor literario como mito erótico. ¿Compartes alguna experiencia semejante?

Yo también descubrí lo erótico en la literatura. En mi adolescencia, si en algún libro encontraba un pasaje que revelaba un deseo entre hombres y específicamente hombres maduros y gorditos, se convertía casi en una obsesión volver una y otra vez a leerlo sin perder la excitación inicial que me provocaron las palabras de ese pasaje. En esos años no existía internet, ni revistas eróticas, ni películas para adultos de gorditos maduros.  

Cuando hice un taller literario, el coordinador era un señor gordito y maduro que despertaba todos mis deseos y fantasías. Con él descubrí muchos autores de la literatura gay (por así decirlo). Había una mezcla de placeres: el de la lectura, el de la escritura y el placer corporal del que me hacía descubrir la literatura.    

Has construido un mundo a tu medida que es pura fantasía para todo amante de los maduros gorditos, un mundo que además se sitúa fuera de los lugares comunes de la subcultura de los osos. ¿Qué opinión te merece esta cosa de los “osos” y cómo ves su evolución a lo largo de los años?

Cuando buscaba fotos eróticas de hombres gorditos y maduros, noté que se repetía la palabra “bear” (eso fue, aproximadamente en 1998). Así descubrí la comunidad de osos. Creo que gracias a esa comunidad encontré un referente de mis deseos. Había en el mundo otros hombres que admiraban a esos cuerpos tan particulares. Aquí en Tucumán hubo un club de Osos (hoy ya no existe) que me permitió socializar en un ambiente sin culpa ni vergüenza. En cuanto a la evolución, creo que esta subcultura, con los años fue ganando reconocimiento. Que los osos se hagan visibles me parece algo positivo.   

¿De dónde surge la decisión de ambientar tus historias en un tiempo indeterminado que parece lejano, pre-tecnológico y deliberadamente anacrónico?

También tiene que ver con la cuestión de la libertad creativa. Y si lo pienso demasiado puede ser también por mi tendencia a estar en lo oculto. Si la historia de “El ósculo…” transcurriera en mi ciudad quizá hubiese resultado una manera de exponerme demasiado. 

Jorge Funes tiene mucho de arquetípico para aquellos que compartimos gustos sexuales: hombre gordo, sensible, bonachón, confiable, culto, follador, pero también por lo que se refiere a su fisonomía canónica, hombre peludo, calvo, con bigote hirsuto y muy masculino, que viste camisa blanca, corbata y pantalón de pinzas que acentúa la hermosa curva de sus nalgas. He leído en alguna entrevista que, a diferencia de los demás personajes, no tiene un referente real. ¿De dónde sale Funes?

Posiblemente surgió de mi inconsciente, de la suma de muchas imágenes simpáticas y eróticas en mi cabeza. Me gustan mucho los hombres gorditos, calvos y de estatura baja. Recuerdo un bigote grueso y espeso que tenía un conductor de programas de tv argentino; me resultaba un bigote muy erótico. Recuerdo una película (The Favor, the Watch and the Very Big Fish, 1991) en la que el protagonista (el actor Bob Hoskins) era calvo y llevaba bigote; me gustaban los gestos de su rostro, ideales para mi dibujo. Y el mejor trabajo que le cabía a Funes era el de poeta, algo que me toca de cerca, que conozco y me apasiona.    

Una vez más, con Bob hemos topado

Funes es adorable aunque algunas veces se pasa de bonachón. En dos ocasiones sufre abusos por parte de otros personajes (Pietro, el camarero o el guardia del Registro Civil) y se le echa en falta algo de carácter. Sin embargo, estos episodios no dejan de resultar morbosos en tanto exploran el erotismo desde una vertiente sádica poco habitual en estos tiempos de corrección política. ¿Quieres comentar algo al respecto?

En Funes está el miedo a lo violento (nunca esperes que Funes reaccione con violencia, a lo sumo puede enojarse ciñendo sus cejas) pero a la vez es un miedo que despierta placeres. Cuando Funes es violado por el guardia, tiene una erección. Funes nunca desea vivir una situación violenta como es una violación, pero cuando la vive aparece la excitación y se deja arrastrar. Funes tiene algunos aspectos de mi personalidad, por eso tiene ese carácter.  

Me gusta mucho la fijación anal de tus historias. Siempre le pregunto lo mismo a mis entrevistados. ¿No crees que ha llegado el momento de desplazar al falo de su posición central en la cultura dominante y celebrar la importancia del culo en nuestras vidas?

Creo que sí, definitivamente. El culo es lo más oculto y cuando un hombre descubre en otro hombre esa profundidad oculta, puede encontrar cierta belleza. Si a un hombre no le convenció el falo del otro, ¿no pensó en verle el culo? Si Funes es atractivo por ser gordito, calvo y bigotón, asimismo su culo es atractivo, mucho más después de la depilación. Los que pudieron acceder a esa oculta profundidad de Funes quedaron encantados. 

Me encanta esa idea narrativa de la depilación perianal como profesión insólita y secreta. En tus historias hay un candor vinculado a lo sexual que resulta de lo más excitante. Uno de mis momentos favoritos es aquel en el que un hombre le muestra a otro el resultado de la depilación perianal. ¿Cómo entiende Guibu el erotismo?

Lo de la depilación fue una experiencia real. Un amante me pidió que me depilara el culo. Yo acepté y él se ofreció hacer la depilación. La vivencia fue tan intensa que no quise que se perdiera ahí. Tenía que plasmarla en “El ósculo…” y terminó como escena inicial y como uno de los ejes de la historia.

Mi erotismo tiene algo de fetichista. Me parecen muy eróticos los hombres gorditos vestidos de traje (pantalón de vestir, saco, corbata, tirantes) o los uniformados. Un hombre maduro fumando también me resulta erótico. Y por supuesto, los pelos, los vellos, los bigotes, las barbas y la calvicie. Obviamente leer poesía erótica o que me la lean (como lo hace mi profesor de taller literario) me resulta muy estimulante.   

Hablemos del componente hirsuto de tu historia. Uno de los momentos más inesperados de El ósculo es aquel en el que a Funes le depilan el bigote a traición, su impacto dramático es tal que no permites que los lectores observen semejante fechoría. ¿Un ósculo que no sea hirsuto es un beso descafeinado o se trata sencillamente de la fascinación por esa masculinidad tradicional que no entiende de etiquetas?

Un beso es algo dulce. Un beso hirsuto es intensamente dulce. En “El ósculo…” el beso peludo está cargado de masculinidad. Y en Funes a esa masculinidad se le suma la ternura.

Cuando le depilan el bigote a Funes, éste pierde su identidad. Si en el cómic no muestro esa desnudez es porque gran parte del erotismo de Funes se pierde y se convierte en algo casi obsceno desvelar esa zona depilada. 

En mi historia el término “ósculo hirsuto” hace referencia no sólo al beso de dos bocas con bigotes o barbas, sino también al beso que se da entre las nalgas peludas.    

La decisión de ponerte a dibujar, ¿surge de algo tan casual como improvisar dibujos de hombres gordos sobre un papel o ya te rondaba la idea de hacer una historieta?

Antes de internet, dibujaba mis propias historias eróticas, fantaseaba mucho. Eran dibujos de hombres maduros y gorditos. Allí encontraba mucho erotismo y placer. Puede parecer raro excitarse con dibujos pero eso me ocurría. Disfrutaba de esos pseudo-comics que creaba y después por temor a que descubrieran esos dibujos, los destruía, los quemaba. 

Cuando descubrí internet (todo ese mundo virtual), sentí que podía compartir con otros esas historias y esos dibujos desde mi anonimato. Después fue cuestión de pensar un guión y dedicarme a diseñar personajes y escenas. Así nació “El ósculo hirsuto”. 

También me viene a la mente una anécdota de la infancia, cuando tenía 6 o 7 años descubrí en un maletín secreto de mi padre unos dibujos en un sobre. Eran dibujos de hombres y mujeres desnudos (me dieron la impresión de estar dibujados por él), en diferentes poses, no eran historias sino simplementes dibujos individuales. Ya a esa edad me gustaban más los dibujos de hombres desnudos que los de las mujeres. Cuando los vi, me perturbaron y me llamaron mucho la atención. Con el tiempo comprendí que aquella vez me sentí excitado por esos dibujos. Quizá de esa vivencia nació mi interés por el dibujo erótico. 

¿Eres un lector de cómics habitual? ¿Puedes citar alguna preferencia o influencia para tu serie de El ósculo?

No soy un lector voraz de cómics. Pero de a poco estoy tomando entusiasmo para leer mucho más. 

Dibujantes que me influenciaron, podría nombrar a Horacio Altuna (argentino), pues me gusta cómo logra naturalidad en las poses de los personajes. Otro fue Carlos Vogt, que publicaba en revistas de la editorial Columba (DatagnanEl tonyFantasíaNippurIntervalo, las que me acompañaron durante mi niñez y adolescencia). Su dibujo tenía una simpleza que me cautivaba  (por cierto dibujaba muy bien a los gorditos con bigote). En internet descubrí muchos dibujantes de manga homoeróticos, eran mis preferidos pues eran muy explícitos, y los personajes casi siempre estaban vestidos de traje, muy típico del porno japonés de hombres maduros. 

Mientras publicaba “El ósculo…” descubrí otros dibujantes: el argentino Rubén Gauna (¡Horror! desperté con un cazador), su estilo me parecía tierno y divertido. Otro fue el español Daniel Mainé (Beartoncity), sus personajes osunos eran sumamente atractivos.  

El azar o el capricho parece ser el combustible de tus historias, ¿puedo soñar con un Ósculo indefinido o planeas terminar en breve la segunda entrega y ponerte con una tercera? ¿Cuáles son tus planes al respecto?

Pensé en contar toda la historia que ocurre entre la violación a Funes por parte del guardia hasta el comienzo de la primera parte de “El ósculo…”. Ya escribí algo del guión y algunos diálogos. No es definitivo o concreto ese proyecto. Si logro publicar “El ósculo…” en papel, quizá me entusiasme mucho más para seguir con la historia. Por el momento solo estoy centrado en terminar la segunda parte. 

Desde que empezaste con la serie en el 2008 hasta la actualidad se nota una tremenda evolución por lo que se refiere al dibujo y al acabado de las viñetas. ¿Te sientes cada vez más cómodo dibujando?

Sigo aprendiendo, practicando. Me falta mucho para considerarme un dibujante medianamente diestro. Soy muy crítico conmigo mismo.   

Leer tus viñetas regularmente a través de tus blogs siempre ha resultado un tanto incómodo. Hay un clamor que suspira por la edición de tu serie en papel. ¿Por qué se demora tanto? ¿Es posible tengamos la edición física de El ósculo hirsuto para este 2019?

Siempre pensé a “El ósculo…” como algo exclusivo para internet, para lo virtual. Sin embargo quizá cuando termine la segunda parte, intentaré publicar en papel las dos partes. Cada vez me parece más seductora la idea. 

Es verdad, muchos seguidores me dicen de la incomodidad de ver el cómic a través del blog. Pero yo le tengo cariño al blog. No tengo Instagram ni twitter. No uso el móvil (o celular) para las redes. 

¿Te has planteado alguna vez la posibilidad de escribir una novela o algún relato literario en la línea de El ósculo hirsuto?

Me gustaría, sin duda. Aunque a mí me atrae mucho más lo visual. Será cuestión de animarme. Dicen que todo lector tiene algo de escritor. 

Para terminar, un poco de autobombo, ¿conoces mis novelas de osos? ¿Has leído alguno de mis microrrelatos?

No he leído tus novelas, sí conozco tus microrrelatos. Me resultan muy eróticos, estimulantes y bellamente acompañados de fotografías deliciosas. Tu web Palabra de oso es de lectura obligada, hay muchos artículos interesantes. Muchos artistas de la cultura osuna pueden descubrirse allí. Además está muy bien diseñada y redactada. Felicitaciones.

Felicitaciones a ti por ser un tipo tan estupendo y mucha suerte con tus proyectos. ¡Larga vida a El ósculo hirsuto!

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Absolutamente nada

Los pantalones de pana le sentaban de miedo, su culo pesado y rollizo me transmitió esa idea de solidez que siempre ando buscando. Era un señor y ya no estaba para tonterías, podías verlo en su cara; sus ojos cansados habían visto demasiadas cosas, nada podía sorprenderle. Clavé mi mirada en la suya de un modo franco, poco más se podía añadir. Nos quedamos así, saboreando nuestro deseo mutuo durante demasiado tiempo, lo supimos cuando el metro se detuvo abruptamente y la fealdad que nos rodeaba volvió a tomar forma. Se bajó en aquella parada sin volver la vista atrás, pude haberle seguido pero a los dos nos pareció más elegante dejarlo allí. Nada podría estropearlo. Absolutamente nada.

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Novelas de osos

En la bañera con Burl Ives

The Spiral Road (1962) es una de esas películas que hubiera caído por completo en el saco del olvido de no ser por una célebre escena de baño compartido entre sus dos protagonistas, Rock Hudson y el bear icon Burl Ives. Por lo que sabemos, ver sus 145 minutos de metraje resulta una proeza poco aconsejable, un devenir religioso/existencial entre dos médicos holandeses tratando la lepra en las indias orientales. Mi buena acción del día consiste en capturar la serie de imágenes de tan homoerótica escena y compartirla con mis queridos lectores. Con todo, la película no resulta tan descabellada, yo por un Burl Ives soy capaz de enfrentarme al paludismo, recuperar la fe y compartir bañera si hace falta.