Comunicado de Bob Flesh

Estimados lectores, amigos y seguidores:

Habréis notado que últimamente me prodigo poco por estos mundos digitales, y la razón no es otra que la falta del tiempo y la energía necesarios para mantener vivos estos foros, planteando temas, debates y cuestiones de interés para la comunidad osuna como he venido haciendo durante estos años.

Esa falta de tiempo y energía también es trasladable a mi otra faceta, la que dio origen a todo, la de escritor de novelas, la de autor de esa serie pionera en la narrativa española que tan bien conocéis: Palabra de Oso. Perdonad tanto circunloquio, en realidad escribo este post para comunicaros que el volumen 8 de la serie va a tardar más de lo previsto en ver la luz. De hecho, ya hace tiempo que debería estar publicado, pero mis otras obligaciones, las que me dan de comer y pagan mis facturas, me impiden en este momento volcar toda mi creatividad en escribir una nueva historia.

Pero podéis estar tranquilos, Palabra de Oso no está ni mucho menos muerto. Marc, Theodor y compañía siguen muy vivos en mi interior. Puedo sentirlos arañando mis entrañas, luchando por volver a salir al mundo, retorciéndose dentro de mí en busca de nuevas aventuras que a veces asaltan mis neuronas en los momentos más inesperados. Aunque quisiera, no podría matarlos. Quién soy yo para quitar la vida a unos seres a los que una vez di a luz pero que ya no me pertenecen, que poseen sus propias vidas independientes y, reconozcámoslo, mucho mas interesantes que las de la mayoría de nosotros.

Así pues, me disculpo por este largo silencio y os pido paciencia. No sé cuánto tiempo pasará, espero que no demasiado, pero os prometo que volveréis a disfrutar de las apasionantes y tórridas aventuras de Marc, Theodor, Joel, Ginny, J.R., Oswaldo, Hans Mayer, Wolf,  Smog, Armand y Maurice, Carlos Bakunin, Bert, Leo Cunningham, el profesor Quisenberry y un larguísimo etcétera. Todos ellos son mis hijos, mis padres, mis amantes… mis amigos. Volveréis a saber de ellos.

Un abrazo peludo y carnoso.

Bob Flesh

Entrevistas Palabra de Oso: Carlos Savoie – Colectivo Stop Gordofobia!

Le conocí años atrás a través de su perfil de Facebook cuando se hacía llamar Carlos Sinolesgustatubarrigaclavasela, detalle que me enamoró. Carlos Savoie (Santa Cruz de Tenerife, 1988) es asquerosamente joven y tan guapo por fuera como por dentro. Enfermero, agitador, hombre inquieto, activista LGTB comprometido con mil causas, divulgador y constructor de mundos mejores. Bob Flesh ha charlado con él para hablar de su faceta como cofundador del colectivo Stop Gordofobia! y de paso repasar algunas cuestiones que tocan muy de cerca al momento actual de la movida de los osos. Tomad asiento y abrid vuestra mente, hay cosas que debéis saber.

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Hola Carlos, encantado de charlar contigo, francamente, me sorprende que no haya más iniciativas como la vuestra en nuestro país. ¿Cuándo nació vuestro colectivo? ¿Se constituyó a imagen y semejanza de otras iniciativas surgidas en otros países?

Pues la verdad es que Stop Gordofobia! ha atravesado varias fases y nace en el 2011 poco después del 15M. En una primera fase no empezamos directamente con la página. Lo comenzamos mi compañera Magda Piñeyro y yo, ambos somos personas gordas, ella provenía del ámbito feminista, yo de la lucha LGTB, y acampados en la plaza como tantas noches, haciendo guardia por si la policía venía a desalojarnos, hablando de nuestras vivencias como personas gordas y tal, pues al poco decidimos crear un grupo secreto de Facebook en el que agregar a personas gordas, sobre todo amigos o amigas nuestros, que pensábamos que podrían simpatizar con la causa. La verdad es que funcionaba como un grupo de autoayuda, en él nos contábamos mierdas del día a día, creamos consignas y empezamos a generar discurso. Pero se nos quedó corto y llegado un momento decidimos dar un paso más, pensamos que para cambiar el mundo no podíamos hacerlo desde un grupo secreto de Facebook. La verdad es que en ese momento no pensamos en iniciativas de otros países ni nada, descubrimos poco después que en EE.UU. había un movimiento activista bastante potente pero en aquel entonces fue una idea completamente fruto de la creatividad, del querer avanzar un poco más. Empezamos muy poco a poco. Sinceramente, pensamos que no tendría mucha repercusión, pero la verdad es que ha superado del todo nuestras expectativas y vamos ya por los 35000 Megustas en Facebook.

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En esta entrevista hablaremos mucho de los media, de la cultura de masas o del mainstream como generadores (y reforzadores) de los cánones de belleza imperantes. Realmente, se percibe una notable hipocresía. A menudo los informativos incluyen noticias ‘simpáticas’ sobre algún desfile de moda de tallas grandes u otras sobre los riesgos de la delgadez extrema asociada al mundo de la moda pero el contexto nos habla de otra cosa, de la omnipresencia y de la dictadura de los así denominados ‘cuerpos perfectos’. ¿Cabe pensar en un debate de los medios que no resulte tóxico o cuanto menos hipócrita?

Yo creo que no, que la labor de los medios de comunicación es específicamente esa, los medios muchas veces están vendidos o son manipulados por los partidos políticos que gobiernan en el momento, tanto el PP ahora como el PSOE en su momento, y dichos partidos también están vendidos a intereses capitalistas, el PSOE con el Banco Santander y el PP con el BBVA. Así que creo que el discurso de los medios siempre suele ser como para cubrir expediente, decir la típica frase crítica pero en plan postureo, y lo mismo con las gordas, decir ‘qué mala es la gordofobia’, y como para hacer ver que se está haciendo algo, pues ponen lo que tú comentas, el típico desfile de tallas grandes, como si con eso se solucionara todo.

Yo creo que hace falta que los medios se mojen muchísimo más, que la gordofobia empiece a difundirse, no solo como concepto teórico sino también como concepto práctico, como realidad, y que se divulguen todas la reivindicaciones que tenemos los colectivos que defendemos que otras formas de cuerpo son posibles, que otras formas de belleza son posibles, y no solo posibles sino que ya existen, que es lo mejor. Pero claro, mientras sigan gobernando partidos que se alimentan de los grandes capitales que son los que se han inventado toda esta mierda de hacernos sentir fatal con nuestros cuerpos para vendernos productos, pienso que seguiremos en la misma mierda, así que hace falta un cambio político en el gobierno para que haya una mínima posibilidad de que otra realidad para las personas gordas sea posible, y hasta que eso no pase será David peleando contra Goliat. Y es muy difícil desde una página en Facebook generar un cambio de actitud, de mentalidad tal como para que ello tenga repercusión en toda una generación y podamos tambalear los cimientos de la gordofobia, así que el activismo cibernético virtual está muy bien y es necesario generar ruido, y aunque desde Stop Gordofobia! seamos apartidistas, sí tenemos claro que donde verdaderamente se pueden generar cambios es en el congreso de los diputados con leyes que combatan esta mierda, y que si no se mojan los medios de comunicación también, pues nada va a cambiar.

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Realmente, el bombardeo mediático que ensalza el canon estético de los cuerpos delgados y musculados está tan presente en nuestras vidas —a través de los medios, películas, publicidad, moda, etc…— que hemos acabado interiorizando dichos parámetros como naturales. ¿Cómo explicarle a la gente que el concepto tradicional de belleza es algo socialmente ‘construido’ y en absoluto natural? ¿Qué clase de estrategias deben ser puestas en marcha?

Una cosa que nosotras explicamos desde Stop Gordofobia! en los numerosos talleres y charlas que damos por todo el estado español es un ejemplo tomado de la historia, durante la etapa medieval, el ideal de belleza de aquel momento estaba más ligado al espíritu y a la moral que a la estética. El atractivo estaba más asociado a valores de comportamiento que corporales. Desde esa forma de entender la belleza, esa calidad de espíritu, esos valores morales eran fácilmente transmisibles a través de las relaciones laborales, fábulas o parábolas, de manera que era fácil difundir aquellos requisitos necesarios para aumentar las virtudes y los valores morales. Sin embargo, transmitir cánones corporales no resultaba tan fácil porque por aquel entonces el único medio por el que podían difundirse era a través de iconos u obras de arte, con el inconveniente de que estas tienen muy limitado acceso. Si ponemos el ejemplo de la Mona Lisa, seguramente solo podría disfrutarla el burgués de turno que lo tuviese en su castillo, o si me apuras, alguno de sus esclavos, así que esas obras no se podían duplicar, no se podían dividir, y no se podían mover ni tampoco divulgarse. Por todo ello, en la Edad Media un canon estético tendría un efecto bastante escaso tanto en lo público como en lo privado, geográficamente quedaría muy limitado, es decir un canon estético que surgiera en Australia, en Sídney, no tendría ninguna repercusión en El Hierro, en Madrid, en Nueva York, en China o en Berlín.

Sin embargo, después de la revolución industrial, cuando cambia la economía, con la llegada del sistema capitalista, cuando se produce toda esta transformación, cuando se pasa de una economía productiva a otra basada en el consumo, donde surge la publicidad, donde se prefiere crear necesidades para vender productos, en vez de crear productos para satisfacer necesidades, se produce un cambio de mentalidad importante. Cuando pasa todo eso y la publicidad empieza a tomar protagonismo, la belleza acaba convirtiéndose en un impulsor de consumo, así que, dentro de esa filosofía de crear necesidades, dentro de esa lógica, el capitalismo ha preferido crear la necesidad de la belleza, de querer ser guapa y guapo, no como en la Edad Media, época en la que importaba más el contenido que el continente. Con esta primera transformación del sistema capitalista después de la primera revolución industrial, importa más el continente que el contenido, y lo importante es la apariencia, lo que cada uno parece ser, no lo que es. Resumiendo, el capitalismo ha preferido crear todo un estado social en el que los seres humanos nos convenzamos a nosotras mismas de que somos personas feas para luego vendernos el producto que nos va a permitir ser guapas, con todo lo que eso supone. Se trata de dos estrategias clave, por un lado convencer a todo el mundo de que son feos y de que ser guapo es importante y por otro lado, convertir la belleza en una recompensa, en algo que nos permita a conseguir privilegios que de otra manera no se van a conseguir.

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Un hecho revelador lo encontramos en el reciente lanzamiento del nuevo disco de la cantante Adele. Previamente al desembarco de sus nuevas canciones, el mundo entero fue sacudido y espolvoreado por las numerosas noticias que afirmaban que la cantante había perdido 68 kg —en lo que luego resultó ser una información errónea—, ¿qué lectura podemos llevar a cabo de semejantes dinámicas del mainstream?

A mí también me sorprendió. Yo creo que con Adele se producen dos tipos de fenómenos, por un lado los medios de comunicación lanzan un mensaje subliminal que nos dice que la única manera de triunfar en el mundo de la música —puedo decir otros mundos, otras industrias— es adaptándote a los cánones de belleza imperantes, es decir, algo así como “atención gordas, que esto fue un espejismo, un simulacro, si Adele quiere vender más, va a tener que someterse, así que si ustedes quieren sobrevivir en esta sociedad, van a tener que seguir el mismo camino”. Y, por otro lado, las gordas teníamos a Adele como referente. Creo que las gordas estamos tan faltas de referentes positivos, que cualquier gorda que asoma la cabeza por encima de las demás enseguida se constituye como un referente. Con Adele pasó lo mismo, y para muchas la noticia fue un jarro de agua fría, no tardaron en llamarla traidora, vendida al capital. Así que creo que todo ese fenómeno tiene esas dos lecturas, por un lado el mensaje subliminal que nos lanzan los medios, que solo es posible triunfar adaptándote a un canon estético, y por otro lado, el enfado de la comunidad, la impresión de que se nos caía otro referente, aunque por suerte al final no ha sido así y Adele sigue triunfando, sin obedecer del todo los dictados del canon estético.

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Otra noticia habitual en los informativos es aquella que tiende a alertar sobre los riesgos de la obesidad y su crecimiento futuro a la manera de una epidemia. ¿Cómo se interpreta el tratamiento que los medios imprimen a tales noticias desde un colectivo como STOP Gordofobia!?

Una de las cosas que yo, a título personal, quiero decir es que no niego que la obesidad sea mala para la salud. Lo que sí cuestiono son dos cosas. Primera, la magnitud que a veces se le da al grado de riesgo para la salud que tiene la obesidad, y segunda, que  en pleno siglo XXI no se hayan hecho investigaciones con la misma inversión económica, material, humana, social para evaluar cuáles son los riesgos para la salud que tiene la gordofobia. Nosotros pensamos que la gordofobia no solo acentúa el riesgo para la salud que provoca la obesidad sino que también crea otros nuevos. Pensamos que la gordofobia social, toda esa presión social que tenemos que aguantar las personas gordas en nuestro día a día, y en la calle, en nuestros barrios, en los colegios, en los medios de comunicación, en el trabajo, con nuestros amigos y amigas, a veces con nuestras parejas, con nuestra familia, etc., crea todo un estado de epidemia que perjudica nuestra salud tanto en un nivel mental como físico, y eso, sin embargo, no interesa. Sabemos que hay estudios —y esta es una conquista del movimiento LGTB— que han demostrado que la homofobia, lesbifobia, bifobia y transfobia provoca que las personas LGTB sean uno de los colectivos con mayores enfermedades mentales, no por ser gays, lesbianas, bisexuales o transexuales sino por la discriminación que padecen. Nosotras pensamos que ese hecho puede extrapolarse muy fácilmente hacia nuestro colectivo y hacia la gordofobia que padecemos. Muchos de los problemas que sufrimos, la ansiedad, la poca autoestima que sentimos hacia nosotras mismas, el miedo, las fobias, etcétera, son consecuencia de la gordofobia. Además, la ansiedad también tiene relación con la comida, así que a veces es una pescadilla que se muerde la cola. Un capitalismo que nos dice que tenemos que adelgazar pero por otro lado una gordofobia que nos provoca una ansiedad que muchas veces las gordas gestionamos con la comida o con hábitos que nos perpetúan en la misma situación.

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A través de vuestro Facebook compartís numerosas actividades, testimonios y experiencias relacionadas con la lucha contra la gordofobia a nivel mundial. ¿Podemos pensar que cada vez hay más gente consciente de la necesidad de cuestionar los cánones de belleza impuestos por la sociedad y los medios? Si es así, ¿en qué medida está contribuyendo internet a su difusión y organización global?

Nosotras pensamos que sí, que cada vez hay más gente sensible con esta causa, tanto directa como indirectamente, es decir, ya sea porque le afecte directamente o bien porque tiene personas cercanas que lo están pasando mal debido a todo esto. En mi opinión, el feminismo ha contribuido muchísimo a este logro, gracias al feminismo muchas mujeres se cuestionan porqué su vida se la pasan a dieta o se la pasan odiando sus cuerpos o por qué existe esa lupa injusta sobre las mujeres para que adelgacen o para que cumplan unos cánones estéticos determinados. Y decimos esto no por casualidad, sino porque las estadísticas así lo corroboran, la mayoría de nuestros seguidores son mujeres en un porcentaje bastante alto, por encima de los hombres, la mayoría de las personas que nos escriben por no decir la práctica totalidad, el noventa y cinco por ciento, son mujeres contándonos sus relatos, pasándonos recursos, noticias, canciones, vídeos, artículos, cualquier tipo de material para compartir. Por lo tanto, el feminismo y la lucha de las mujeres es aquello que ha conseguido que las mujeres se estén cuestionando los cánones de belleza a lo largo de estos últimos tiempos. Stop Gordofobia! simplemente ha añadido un granito de arena más a esta lucha, e Internet y los medios de comunicación de masas son sin duda una plataforma muy importante, tanto para difundir estos mensajes como para organizar colectivos. De hecho, todos los colectivos que son oprimidos tienden a aliarse, véanse las personas negras, las personas LGTB, las mujeres, las personas con discapacidad, todo el mundo. Internet es una herramienta brutal que permite difundir los mensajes a escala global y organizar a personas que, si no fuera por las redes sociales, no tendrían relación entre ellas. En Stop Gordofobia! somos muchas administradoras, yo soy el único chico, pero también está Magda aquí conmigo en Tenerife, y además tenemos compañeras en México y en otras partes de América del Sur. En definitiva, Internet facilita una organización mucho más global y también que haya mayor peso en la reivindicación, nunca mejor dicho.

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Como marica, una de las cosas que más me entristece es constatar cómo el mainstream marica se ha construido no solo a imagen y semejanza del mainstream heteronormativo, sino que ha llevado aún más lejos la obsesión por el culto al cuerpo. En este sentido, me parece que publicaciones como la revista Shangay representan el Mal en tanto difunden una imagen del homosexual como cuerpo bello de alto poder adquisitivo, cero por cien materia grasa y practicante de un hiperconsumismo desatado en el contexto de las empresas de cosmética. A mi entender, semejante estereotipo alimenta la exclusión y por ende provoca gordofobia. ¿Estás de acuerdo con este razonamiento? ¿Qué está pasando con la cuestión gay en el contexto de los cánones de belleza y la gordofobia?

Estoy completamente de acuerdo, creo que revistas como Shangay u otras muchas que existen dentro de la cultura LGTB, sobre todo gay y bisexual entre chicos, fomentan todo esto, creo que ellos como empresa tienen una filosofía de aprovechar un hueco del mercado, es decir, si el mercado y todo lo que se promueve en el tema marica es esto pues yo voy a dirigirme a este público, si el público mayoritario quiere ver tabletas de chocolate, que si la mayoría de las maricas ahora están preocupadas por las arrugas, ahora por los kilos pues resulta un target comercial bastante evidente y mi filosofía de empresa está dirigida a eso. Las revistas en general, así como la publicidad, también se dirigen hacia lo que se fomenta. Si desde el gobierno se desarrollase una apuesta cultural, educativa, por promover otro tipo de mentalidad, de actitud, de filosofía, la publicidad y todas estas revistas comerciales cambiarían sus estéticas por otro tipo. Es lo que pasa con los juguetes de navidad, si las estadísticas dicen que la mayoría de los jóvenes son machistas, ¿qué haré?, seguir promoviendo esa cultura machista. Si se cambia todo eso, las empresas, si quieren seguir vendiendo, tendrán que adaptarse al nuevo modelo.

En Stop Gordofobia! sí que tratamos estos temas, somos conscientes de que a lo largo de la historia la mujer ha sido una víctima de toda esta mierda capitalista, también sabemos que hay otras cuestiones que no se pueden olvidar, como la orientación sexual, la identidad de género, etcétera, es decir, que hay otros colectivos que también sufren la gordofobia a otros niveles, con otros grados y de formas diferentes. Es decir, una mujer gorda no sufre la misma presión que una marica gorda, ni al revés, sufren cosas iguales, en tanto ambas son personas son gordas, pero el hecho de ser mujer tiene sus manifestaciones y sus consecuencias concretas que no se viven igual siendo marica y a la inversa, dentro de la cultura LGTB se ven conductas, manifestaciones concretas que a veces las mujeres no experimentan, pero se trata simplemente de que al pertenecer a diferentes colectivos se sienten especificidades que no se comparten, si bien otras sí.

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¿Por qué crees que a la agenda del activismo LGBTQI le cuesta tanto incluir realidades como la gordofobia?

Diría que por varios factores, el primero, porque muchas personas, muchos colectivos, ni se lo plantean, porque muchas se plantean el ser marica, lesbiana, bisexual o transexual como una realidad única. Paco Vidarte en su libro “Ética marica” (que aprovecho para recomendar, porque para mí fue una de mis biblias, no solo como activista, sino como marica y como ser humano, fue uno de los libros que me habló de un decálogo de cómo comportarse con el mundo, de cómo entenderse con la gente siendo marica) nos enseñó que todos los sistemas de opresión estaban interconectados, que eran como una madeja de lana y que cuando intentabas soltar un cabo se apretaba otro, cuando intentabas apretar uno, pues se aflojaba el otro y que era muy difícil medir. Por lo tanto no se puede analizar la realidad marica, bollo, transexual, bisexual desde una sola perspectiva, uno no es solo marica, solo bollo o bisexual o transexual, uno es muchas cosas diferentes, uno es gordo, es negro, es persona con discapacidad, persona con VIH, mil cosas y todas esas realidades influyen unas con otras y hace que tu experiencia como marica, como bollera, sea diferente a la de otras personas que no experimentan esas vivencias. Como dije antes, no es lo mismo ser bollera y blanca que bollera y negra o transexual discapacitada, nada tiene que ver una transexual ciega con otra que no lo sea, o yo qué sé, una persona bisexual que tenga el VIH con otra que no lo tenga, no se vive igual ni el VIH ni la propia sexualidad. Por lo tanto, creo que muchas veces en los ambientes activistas LGTB esos factores no se contemplan, se tiende a analizar la sexualidad y la identidad de género como cajones separados cuando muchas veces están muy interconectados y, claro, teniendo en cuenta que las realidades del colectivo LGTB son tan diversas también hay que atender a todas esas especificidades. Por otro lado, también creo que es una cuestión de puro privilegio, es decir, igual que existe el privilegio heterosexual, pues el privilegio delgado también está ahí, y muchas de las personas que están dentro de los colectivos son personas delgadas que a lo mejor nunca han experimentado gordofobia, nunca la han sentido en relación a su cuerpo y por tanto la gordofobia se convierte en algo secundario. Al igual que las maricas o las bolleras nos tenemos que trabajar esas transfobias, esas homofobias que tenemos interiorizadas, las personas flacas también se lo tienen que trabajar. A pesar de sus privilegios, tienen que recordar que las personas gordas constituimos uno de los sectores más oprimidos y que somos el cincuenta por ciento de la sociedad, las tasas de sobrepeso están ahí.

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Siguiendo con la causa LGBTQI, cuando ficciones audiovisuales como la series de televisión The L Word, Queer As Folk o Looking consiguen introducirse en cierto contexto mainstream, nos damos cuenta de que también ellas son esclavas de los mismos cánones de belleza fascistas impuestos por los media. ¿Por qué? ¿Tan difícil es reparar —y subsanar— este tipo de cosas?

Como comentaba antes, las series, al igual que la publicidad o las revistas, son un fiel reflejo de lo que quiere la sociedad. Si el machismo impera en la sociedad, si la gordofobia impera en la sociedad o digamos si el público mayoritario sigue los cánones estéticos que se venden, las revistas van a reforzar eso, porque tienen que ganar dinero. Si se crease una contracultura, una revolución, ética y estética, en la que se potenciaran otras estéticas, se cambiaran los valores, de los cuales estas estéticas se ven imbuidos; si una generación entera transformase todos esos valores culturales asociados a los cuerpos, las revistas no tendrían otra salida que adaptarse. Si desde la sociedad se defendiera que las gordas también son seres humanos, que también hay que respetar sus derechos, que también son cuerpos que se pueden erotizar, pues las gordas también estaríamos ahí, pero mientras esto no suceda, mientras no haya un cambio generacional o un cambio potente —y quienes lo pueden promover son quienes nos gobiernan— pues eso no se dará. Sin embargo, sí que es cierto que hay series que apuestan por otra estética, por ejemplo, me nombras The L Word, Queer as folk o Looking, pero tenemos otra, Orange Is The New Black, que es una serie de bastante contenido lésbico, que me encanta, por cierto, y que incorpora estéticas de todo tipo, desde las típicas lesbianas o bisexuales bastante normativas, hasta otras que no lo son tanto, también incluye personas ancianas o una chica lesbiana que además es gorda, muy masculina. En definitiva, se potencia una contracultura, y tampoco me sorprende nada que sean las lesbianas quienes se estén mostrando más contraculturales. A mí me gustaría ver lo mismo en una serie de contenido marica, que se apueste por este tipo de cosas. Por ejemplo, también se me viene a la cabeza Modern Family, donde la pareja entre los chicos no es una pareja al uso, está formada por un chico delgado y un chico gordo, entonces, no sé, vale que las series mayoritarias, las que tienen más éxito apuestan por estéticas más normativas, pero también existe una parte de la cultura que está apostando por visibilizar otro tipo de cuerpos, otro tipo de realidades y que también está teniendo su difusión. Orange Is The New Black es una serie que sigue bastante gente y, francamente, me gustaría que hubiese más aportaciones culturales, más series donde se pueda ver a protagonistas con todo tipo de cuerpos, todo tipo de sexualidades, todo tipo de realidades para que la gordofobia pudiese percibirse como una realidad y se manifestase la importancia de tratar este tipo de temas.

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Hablemos de osos y de la necesidad de expresar el deseo. Soy Bob Flesh y escribo novelas eróticas sobre osos y gorditos. He publicado siete hasta el momento y pienso seguir haciéndolo. Sin embargo, a veces me asalta la sensación de que hay algo políticamente incorrecto en lo que hago. Escribo sobre cuerpos diversos que escapan a los estándares de belleza convencionales y manifiesto mi atracción hacia los hombres grandes, pequeños, robustos, rotundos y redondos. En lo personal tengo que decir que solo follo con hombres gordos. Como decía, a veces me invade una extraña sensación y tal sensación me dice que estoy fetichizando un tipo de cuerpo determinado. Al hilo de esto quiero preguntarte, ¿qué pasa con los fetichismos en el contexto de colectivos como el de STOP Gordofobia!? Si mi deseo se expresa a través del fetiche, ¿puede resultar ello problemático? Lo digo porque ser considerado fetiche no es un plato del gusto de todos en tanto posee cierta afinidad con el de cuerpo-objeto.

Es una buena pregunta, se trata de un debate que se ha tenido muchas veces en la página. Hay personas gordas a las que no les gusta que vaya gente a la página buscando personas gordas como fetiche y que están un poco en contra de eso. Nosotras, como administradoras de la página, no hemos tenido ningún debate sobre el tema, la verdad, no tenemos una postura clara como página, así que yo te voy a dar mi opinión personal, que creo que no es generalizable, o al menos no lo he compartido con las compis, así que prefiero que no la atribuyas como opinión de la página porque no sería así.

A nivel personal yo no tengo problemas con los fetiches, ni con los propios, que también los tengo, ni con la gente que me dice, ay, me gustas porque eres gordo. Yo creo que todos o casi todos tenemos nuestros fetiches, nos gustan más unas partes del cuerpo que otras, o nos gustan determinadas características o cosas, pero creo que el problema viene cuando al fetiche se le otorga una importancia desmedida, digamos que invisibiliza otro tipo de cosas. Yo he estado con chicos delgados, que estaban conmigo porque les gustaban las personas gordas, pero nunca he sentido, por ejemplo, que si adelgazo me fueran a dejar. Es decir, aunque su fetiche fuera ese, joder, si tu pareja adelgaza, pues yo espero que el sentimiento que tienes por mí pues importa más que cualquier fetiche. Por ejemplo, a mí me gustan las barbas, me gustan muchísimo, sin embargo, el primer chico con el que estuve no la tenía y el segundo, a veces se la quitaba, a veces no. Cuando se la quita, ¿qué hago? ¿lo dejo porque no se corresponde con mi fetiche? Entonces, no sé, creo que los fetiches están ahí y que hay que tratarlos con naturalidad. A veces también son la respuesta de la contracultura a la cultura normativa, es decir, se ve normal que a una persona le gusten las personas delgadas pero que te guste un cuerpo gordo es como, oh, fetiche, y la palabra fetiche tiene cierta concepción, cierto trasfondo abyecto, poco normativo, así que no sé, para mí el fetiche no resulta nada problemático, siempre que no se le dé más importancia que a otro tipo de cosas. Pero francamente me parece una pregunta muy interesante sobre la que debo reflexionar con mayor profundidad.

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Al hilo de lo expuesto, vale la pena hacer una pequeña reflexión sobre lo que ha ocurrido con la subcultura de los osos. Lo que inicialmente empezó como un rechazo y un acto de rebelión contra los cánones de belleza difundidos por la cultura gay mayoritaria está evolucionando hacia una suerte de mainstream bear con sus propios cánones de belleza y estereotipos, o lo que es lo mismo, una vez más estamos incurriendo en comportamientos excluyentes. El ‘oso oficial’ de hoy en día parece más musculado que otra cosa y de repente se están reportando comportamientos gordofóbicos en el contexto de la comunidad bear. Un ejemplo concreto lo encontramos en los concursos de belleza osuna. Al principio, tenían un componente importante de parodia. Hoy parece que nos los tomamos muy en serio. ¿Qué está pasando? ¿Por qué lo estamos haciendo así de mal?

Mira, yo comparto la opinión de Javier Sáez, que es un activista muy potente, al que aprovecho y le mando un saludo gigante, porque la verdad que me cae genial y es un pedazo de persona y activista increíble, y él ha escrito un montón de artículos sobre cómo lo bear, el mundo oso, fruto de que el capitalismo lo devora todo, ha acabado siendo una caricatura de cómo empezó. Sí que es verdad que la cultura de los osos empezó como una parodia, como una burla, como una ironía de cómo era la cultura gay normativa imperante en los años ochenta y noventa. Yo también comparto que ahora mismo el mundo bear es como el mundo marica normativo pero con un poco más de pelo y poco más, es decir, yo también he visto conductas gordofóbicas dentro del mundo oso y creo que simplemente nos estamos dejando devorar por el ambiente capitalista, creo que la crítica de los cuerpos se ha perdido dentro del mundo bear y también todo tipo de activismo, es decir, a mí me gustaría otro mundo peluche, como digo yo, otro mundo oso mucho más contestatario, más activista, más crítico, más reflexivo y volver a la esencia de antes. No me gustan nada los certámenes de belleza que se hacen, las fiestas, incluso el espíritu que muchas veces inunda los bares. Ahora dentro del mundo oso solo tienen éxito los que están musculados y a las gordas nos están quitando el único espacio de supervivencia que teníamos para follar, para relacionarnos, el único espacio seguro que teníamos para estar con nuestra barriga, sin miedo a que nos insultasen, nos acosasen o nos mirasen mal. Creo que todo eso se está perdiendo y es una desgracia porque los espacios seguros son necesarios, quizá para algunas personas no porque ya están empoderadas, pero para las nuevas generaciones de gordas, proto-osas que vienen ahora todavía son necesarios y no sé, si algo bueno hemos tenido la comunidad LGTB es que siempre hemos sabido crear espacios de resistencia. Cuando no existían, los hemos creado, y cuando había y se han caído o se han cambiado, hemos creado nuevos, así que quizá sea hora de que las que no nos sentimos identificadas con esta cultura bear capitalista y normativa creemos otro tipo de espacios en los que volvamos a los principios.

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Me gusta mucho el eslogan de vuestro colectivo (¡TODOS LOS CUERPOS, TODAS LAS BELLEZAS!) pero también me empuja a los brazos de la reflexión. Pienso que, desde cierto punto de vista, al expresar el deseo hacia un tipo de cuerpo determinado (sea el que sea, gordo, flaco o todo lo contrario) estamos excluyendo a los demás. Si este razonamiento tiene algún sentido desembocaría en una idea radical, es decir, en la prohibición de expresar el deseo, porque, ¿qué es lo que ocurre cuando estamos expresando el deseo hacia otros cuerpos o máquinas deseantes (por usar terminología psicoanalítica), qué procesos se desencadenan? ¿acaso reafirmamos nuestra predilección por un tipo de cuerpos al tiempo que señalamos nuestro desinterés por los demás? ¿Quizá me estoy poniendo demasiado filosófico?

Jejeje, pues a lo mejor un poco, no, es broma. A ver, yo creo que hay dos cosas, primero, que lo cortés no quita lo valiente, que expresar el deseo por un cuerpo no significa rechazar los demás, sin embargo, que mucha gente tiene eso instaurado en la cabeza, que cuando yo digo que me gustan las personas flacas, pues la gente tiende a pensar que no me gustan las personas gordas, y no tiene por qué ser así. Puede ser simplemente que no tenga ningún tipo de problema con los cuerpos gordos, simplemente que me gusten los delgados. Puede que haya casos en los que se dé gordofobia interiorizada, pero puede ser que no. Como eso nunca lo vamos a saber, salvo que la persona lo reconozca (si es por gordofobia interiorizada o no), simplemente animo a la reflexión de si el motivo por el que no te gusta algún tipo de cuerpos es por algún tipo de prejuicio, algún tipo de estereotipo, mito o lo que sea o simplemente por una decisión propia, aunque lo de “decisión propia” lo entrecomillo, porque no existe la libertad como tal dentro de un sistema capitalista, la idea de tomar una decisión libre o que sea propia es bastante cuestionable, porque hay veces en que las decisiones y las libertades las toman por nosotros. Simplemente animaría a esa reflexión y sin problemas, vamos.

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Volviendo a vuestro Facebook, por lo que manifestáis, muy a menudo sois objeto de ataques o descalificaciones por parte de usuarios de la red. De verdad, ¿qué fibra tocáis en cierta cuota de los internautas para que ocurran tales episodios? Me da la impresión de que vuestra lucha se enfrenta con un componente extra de estupidez vinculada a la percepción social de los cánones de belleza. ¿Qué se esconde detrás de la visceralidad (o incluso violencia) de este tipo de actitudes? Es algo muy triste que me cuesta mucho comprender.

Pues sí, la verdad que, por suerte o por desgracia, cada día tenemos en la página lo que se suelen llamar trolls, en el lenguaje de las redes sociales, gente gordofóbica que nos insulta o parece que disfruta insultándonos. ¿A qué obedece? Yo pienso que la gordofobia a nivel social está bien vista, como que la violencia hacia las personas gordas todavía se ve como que tiene una función social, es decir, que se hace por su bien porque la persona está gorda y no se da cuenta, así que es por su bien, porque tiene que adelgazar. Es como cuando antes la homofobia se hacía en plan “pero es que es un invertido, es por su bien”, como que la gente siente que está haciendo algo correcto atacando a una persona gorda, cree que así, con esa metodología, conseguirá el objetivo, cuando es todo lo contrario. Y también supongo que es igual que las feministas que muchas veces reciben ataques machistas porque cuestionan privilegios de los sectores que están más privilegiados. Es decir, cuando desde la página decimos que las personas flacas tienen que reflexionar sobre los privilegios que tienen sobre su propia delgadez o cuando decimos que la gordofobia también es un tipo de violencia de género y por lo tanto los tíos influyen, y mucho, sobre todo los tíos heterosexuales, en la opresión hacia los cuerpos de las mujeres, entiendo que ante el cuestionamiento de privilegios haya gente que tienda a defenderse. Si los sectores más privilegiados de la sociedad ven que las gordas se están organizando, que están respondiendo, que están resistiendo, que ante un insulto ya responden, que se están empoderando, pues aumenta la violencia, siempre pasa así, pasaba con las mujeres, pasaba con el colectivo LGTB, cuando nos empezamos a organizar, cuando empezaron los primeros bares y tal, más aumentaba la violencia. Pero bueno, nosotras vamos a seguir ahí, no nos vamos a achantar, y ante la violencia, resistencia y autodefensa sobre todo, es decir, no nos cortamos en absoluto a la hora de bloquear y responder cualquier tipo de incidentes en ese sentido, vamos, que nosotros siempre decimos que la revolución gorda ha empezado y que nunca vamos a dar un paso atrás.

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Y ya para terminar, ¿cuáles serían las prioridades que incluye una agenda como la de vuestro colectivo? ¿Vuestra labor se desarrolla exclusivamente en el ámbito de las redes sociales o también lleváis a cabo actividades o jornadas en lugares determinados?

Ahora mismo en Stop Gordofobia! nos estamos planteando hacer una agenda de reivindicaciones, en distintos ámbitos, para trabajarlas con partidos políticos, colectivos y asociaciones. Por ejemplo, que la gordofobia se incluya en materia laboral como motivo de discriminación laboral, tanto para conseguir un empleo como para mantenerlo, queremos que los sindicatos lo trabajen, que el ministerio de Trabajo lo contemple, que los partidos lo incluyan en sus agendas. También queremos que se trabaje el acoso escolar por gordofobia en los barrios, en los colegios, en los institutos, en todo tipo de centros educativos, en los curros, en las calles, en todo tipo de sitios, que haya una ley de tallas, que Zapatero hizo como un bosquejo de lo que podría haber sido pero se quedó ahí, es decir, que un partido saque una nueva ley de tallas, que estandarice las tallas en nuestro país, porque a veces una talla M en una tienda, es una XL en otra, o una XXL en una tienda corresponde a una S en otra, y eso no puede ser. También deseamos que se amplíe el abanico de tallas en función de las medidas que tienen el español y la española medios en nuestro país. Si vas a una tienda las XL se agotan enseguida y S y M hay a patadas, ¿qué quiere decir esto? Que a lo mejor el sector de mercado no está en vender más S y más M sino en hacer más XL o de mayor tallaje.

¿Qué más? Promover en materia sanitaria que se hagan estudios de investigación sobre cómo la gordofobia perjudica la salud de las personas gordas y cómo esta se relaciona con mayores índices de obesidad, cómo la gordofobia es un agente facilitador para el sobrepeso de las personas sobre todo relacionándolo con cómo la obesidad perjudica la salud. Yo qué sé, también hacer talleres de autoestima en los colegios, prohibir los certámenes de belleza a nivel social. Nosotros apostamos por promover los concursos de talentos. Yo qué sé, reivindicaciones muchísimas. Por ejemplo, que se prohíba el uso del photoshop en las revistas, o que se limite su uso.

Y nuestra labor, aunque principalmente se desarrolla a través de la página de Stop Gordofobia!, siempre hemos querido promoverla a nivel real, no solo virtual, y queremos hacerlo más. Hemos dado muchos talleres en todo el estado español, hemos ido a Murcia, al País Vasco y a Galicia, hemos ido a Madrid, a Barcelona y a muchas provincias de Andalucía, hemos ido a Las Palmas y también aquí en Tenerife, hemos ido a mogollón de sitios, pero mogollón, dando talleres sobre Stop Gordofobia!, sobre cánones estéticos, sobre la opresión que supone la dictadura estética ahora mismo y la verdad es que un denominador común en todos ellos es que la gente que viene a tratar este tema, todos y todas, hemos tenido en algún momento problemas con nuestros cuerpos, todos nos hemos mirado en espejos y no nos hemos gustado, todos cambiaríamos alguna parte de nuestro cuerpo. Resulta evidente la necesidad de trabajar todo ese tipo de temas, así que sí, seguiremos haciéndolo.

También hay entender que nosotros hacemos esto de manera voluntaria, no cobramos absolutamente nada por lo que hacemos, así que en función de cómo tengamos la economía, no tendríamos ningún problema en trasladarnos, o si la organización nos paga el transporte o lo que sea. También tenemos planteada la posibilidad de constituir Stop Gordofobia! como sociedad estatal, para poder aumentar nuestra labor, hacer proyectos para trabajar en institutos, etcétera. Estamos intentando crear una página web, para tener una tienda online en la que vender merchandising propio de la página para poder financiarnos. Estamos abiertas a cualquier tipo de propuestas, de entrevistas también, para difundir nuestras reivindicaciones. De hecho, me gustaría aprovechar la pregunta para agradecerte la oportunidad de entrevistarnos y de ofrecernos el hueco de tu blog para difundirnos. Agradecer también tu trabajo literario que también considero muy importante para crear cultura gorda, que sabes que los referentes, como te decía antes en otra pregunta, siempre son necesarios, y que haya libros cuyos protagonistas sean gordos, donde se eroticen los cuerpos gordos son imprescindibles a día de hoy y hay que potenciarlo. Así que nos gustaría un montón que en cuanto saques tu próximo libro nos lo mandes para poder difundirlo desde Stop Gordofobia!

Twitter Carlos Savoie: @SeilorMarx

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Bear Directors: Orson Welles

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Nada mejor que empezar el nuevo año dándome el gustazo de postear este maravilloso artículo que mi querido Dr. Insermini le dedica al Bear Director por antonomasia, el gran Orson Welles. Un auténtico gozo para aquellos que –como yo– quieren saber más sobre su genio y figura desde un punto de vista filogay. Querido Orson, nunca lamentaremos lo suficiente el no haber compartido contigo un cocido madrileño en una sencilla taberna mesetaria. Fumarnos un puro, hablar de lo humano y lo divino, y, ¿por qué no?, mariconear un rato.

BEAR DIRECTORS: ORSON WELLES

Un especial muy necesario y muy hush hush del Dr. Insermini

Y, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual.

Orson Welles en Mis almuerzos con Orson Welles

Permitidme que antes de empezar aclare un par de cosas. La primera: soy muy fan de Orson Welles, seguramente, hablando de cine, es la personalidad más fascinante que nos dio el siglo XX. Como el mismo Kane, Orson fue un hombre de muchas caras, cuya imagen pública -la del genio incomprendido por la industria del cine y más tarde el trotamundos amante de la buena vida- reflejaba una parte muy-muy pequeña de lo que fue realmente Orson Welles. Él mismo disfrutó toda su vida alimentando ese misterio que le rodeaba, dando por ciertas historias falsas que se contaban sobre él y observando divertido cómo progresivamente el mundo, los plumillas en las revistas, sus viejos colegas, parloteaban y distorsionaban aún más su imagen, de la misma forma en que lo haría un espejo deformante de los que había en las ferias de atracciones. ¿Pero quién era Orson realmente? ¿No tenemos cada uno nuestro Orson particular? ¿Es verdadera la imagen que nos ha llegado de él o es todo una gran mentira? (Oigo las risas de Orson, ruidosas, como sonarían las de un Dios que vive en los cielos). Y con esto llego a la segunda aclaración. No quiero que este artículo se interprete como un razonamiento que busca defender la tesis -que no es nueva- de que Orson Welles era homosexual, latente o no. Eso sería una catetada por mi parte. Algo que me haría sentir muy pequeño. Más pequeño aún teniendo en cuenta que de quien estoy hablando es de Orson. Lo que quiero –y esto te lo digo especialmente a ti, querido Orson– es poner orden a una serie de datos que he ido recabando como forma de rastrear al Orson marica que convivió contigo a lo largo de toda tu vida. – No te enfades, querido Orson, porque pienso que humildemente, desde este rincón que me cede Bob Flesh, lo que voy hacer es contribuir a engrandecer un poco más tu leyenda. A darle unas cuantas capas más a tu majestuosa imagen. Y además, créeme, no es lo mismo ser marica en estos tiempos que en tu época. Ahora es cool.

Orson Chimes at Midnight

Por otro lado todas las etiquetas son engañosas, reduccionistas. Nombrar las cosas es acabar con su misterio. ¿Es gay un hombre que se da cuenta de que disfruta más de las relaciones sexuales que tiene con su mujer si introduce a otro hombre en la cama? Los gays puros, los heteros puros son muchos menos de lo que creemos. Hay toda una zona de grises que apenas comprendemos. Una zona de grises en la que estabas tú, querido Orson. Te gustaban las mujeres, de eso no hay ninguna duda. En tus mejores años, cuando eras el joven genio del teatro que creó el Mercury Theatre, que revolucionó la radio con aquella emisión de La guerra de los mundos y que poco después se dejó querer por Hollywood, ibas de flor en flor. Según las biografías estabas loco por tirarte a toda starlette que se te pusiera a tiro. Lo hacías en los camerinos, en los coches, debajo de las mesas. Entonces aún no tenías la figura oronda que luego te ha hecho reconocible a los ojos del mundo. Lo tuyo te costaba mantenerte delgado. Muchas privaciones y contínuos baños de vapor que te hicieran sudar hasta el último gramo de grasa. Pero lo cierto es que estabas cerca de ser un galán. ¡Y ese encanto! ¿Hay algo más sexy que la buena salud, el rebosar de vitalidad y energía? ¿Que te hagan reir? No te tomabas nada en serio, ni siquiera a ti mismo. ¿Cómo no caer en tus brazos? Por si alguien no lo recuerda tuviste romances importantes con grandes bellezas. Con la bellísima actriz mexicana Dolores del Río, a la que dejaste por Rita Hayworth, con la que te casaste. También está ese divertido episodio en el que durante una larga estancia en Italia te encaprichaste de una italiana bigotuda y poco agraciada que no hablaba ni una palabra de inglés. Ella te daba calabazas, pero tu obsesión era muy fuerte. La perseguiste, te arrastraste, rechazaste a Rita en un acercamiento con visos de reconciliación. Tenías que poseer a la italiana fea. Era algo más fuerte que tu vida. Es una de las historias que más me gustan de ti. Pero junto a todas estas historias de faldas hay una parte homo en tu vida que no puedes negar. No sé si alguna vez te apeteció comerte una polla. No estoy seguro. Tu colega John Huston -otro hetero, con menos sombras aún que tú- dejaba que Truman Capote se la mamara de vez en cuando. Esto lo cuenta Andy Warhol en sus diarios. Se lo contó el propio Capote, y yo me lo creo.

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Por lo que he leído me doy cuenta de que eras por encima de todo un seductor. Lo fuiste casi desde que naciste. El pequeño wunderkind (niño prodigio) que maravillaba a todos desde su primera infancia. Con 8 años ya estabas acostumbrado a que los amigos de papá y mamá se te insinuaran.

Ya ve, toda esta experiencia la tenía ya entonces. Desde mi más tierna infancia fui la Lillie Langstry de la peña homosexual adulta. Todos me buscaban. Yo no sabía cómo quitármelos de encima. Pensaba que les sentaría mal si les decía que yo no era homosexual, que sería un reproche, así que siempre tenía dolor de cabeza. ¿Sabe? Yo era una especie de virgen perpetua”.

Orson Welles a Barbara Leaming, en la biografía Orson Welles (Tusquets editores).

Creo que todo este background te hizo ser consciente de tu poder seducción desde muy pronto, del efecto que tu precocidad, tu genio, provocaba en los adultos, y que con los años te acostumbraste a utilizarlo en tu provecho. Sin ninguna maldad, antes bien con mucho cachondeo.

Me encanta la historia que tuviste con John Houseman, que tú mismo definiste como una novela rusa. Él era un empresario algo mayor que tú, que entonces apenas habías cumplido los 20 y estabas en plena efervescencia creativa. Cada obra que representabas en Nueva York era un gran acontecimiento. Houseman quería introducirse en el mundo del espectáculo y fue en una representación de Romeo y Julieta cuando se produjo vuestro primer encuentro. Él quedó prendado de ti. En su autobiografía evoca ese momento describiéndote como un “joven monstruoso”, que despertó en él “algo obsceno y terrible, una irresistible violencia interior”. Así nació una historia que duró varios años. Tú, indiferente, te dejabas cortejar y te divertías con el efecto perturbador que provocabas. En una ocasión Houseman fue a visitarte a la casa que compartías con Virginia, tu primera mujer. Tú estabas en la bañera, tomando un baño. Divertido, le hiciste pasar. Houseman sufrió un shock ante lo que vio. “Allí estaba Orson echado, inmóvil y cubierto por el agua, a través de la cual su cuerpo grande y de una palidez cadavérica parecía desproporcionadamente hinchado. Cuando salió entre excusas, chorreando y salpicando agua por todas partes, me di cuenta de que su tamaño no debía nada a la refracción de la luz: de que era tan enorme dentro como fuera de la bañera”. Esto lo cuenta Houseman en su libro, y Barbara Leaming, tu biógrafa lo describe como un calculado esfuerzo más por tu parte para impresionarle y desconcertarle.

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Un joven Orson en compañía de John Houseman

Una vida, la tuya, por la que fueron desfilando diferentes hombres que asumían el rol de padre. El tuyo verdadero quedó pronto relegado a un segundo plano. Era un inventor algo borrachín poco capaz de asumir responsabilidades. Seguramente, tú, que con 10 años ya habías montado una representación teatral de El doctor Jeckyll y Mr. Hyde entendías perfectamente la situación, aunque como Kane en la película nunca acabaste de aceptar del todo que se te privara de una infancia normal. Todo este desfile de padres, tutores, al que se unió también Houseman queda reflejado en tus películas, donde es fácil encontrar paralelismos con tu propia vida.

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Joseph Cotten entre los pechos, fotograma de Too Much, Johnson (1938)

En Ciudadano Kane, tu gran amigo Joseph Cotten interpreta al gran amigo de Kane. Me he topado con lecturas de Kane que hablan del trasfondo homosexual de esa relación y no me resultan nada descabelladas. Yo mismo he pensado siempre que de alguna manera estabas enamorado de él. Mirando por la red he visto que algunos van más allá y perciben una mirada gay bastante clara en tu cine y señalan la repetición de ciertas dinámicas de dependencia masculina en los personajes de tus películas. ¡Oh, sí! Yo también creo que en Touch of Evil (1958) entre Quinlan y Menzies había AMOR. Pero la cosa no termina ahí. Me ha encantado descubrir que en tu obra no terminada The Other Side of the Wind, rodada durante varios años (1970-76) John Huston da vida a un director de cine esculpido a imagen y semejanza de Ernest Hemingway. Como él, Hannaford es un hombre que se esfuerza por proyectar una imagen de macho que disipe todas las dudas sobre su sexualidad. ¿Es usted homosexual? Le preguntan los periodistas. Finalmente se despeja esta duda y se descubre que Hannaford está loco por la estrella masculina de su última película, John Dale, un joven con aspecto de estrella de rock. Es este amor secreto y no correspondido lo que terminará destruyéndole.

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Esta representación del macho es verdaderamente interesante, querido Orson. ¿Es una vendetta personal contra Hemingway, con el que tuviste una amistad en el pasado? ¿O es simplemente una desmitificación de la figura del macho-man? Lo cierto es que la película se rodó en un momento en el que la idea del macho de toda la vida llevaba años siendo ridiculizada por los hippies y demás tribus contraculturales. ¿No habrá también algo de ti en el personaje de Hannaford? Y en todo caso ¿Por qué hacer de él un homosexual armarizado? Es una pena que no pudieras terminar la película. Y aunque se habla todo el rato de que pronto llegará a las salas un montaje fiel a tu idea de la película, estas cosas no suelen salir bien. Quizá sea mejor quedarnos con el misterio y la leyenda de lo que hubiera sido.

En el libro What Ever Happened to Orson Welles? A Portrait of an Independent Career, de Joseph McBride se repasan todas estas complejas relaciones entre hombres que aparecen en tus películas, desde Kane hasta The Other Side, asegurando que están en el mismo corazón de tu obra, donde las relaciones heterosexuales que aparecen tienen por el contrario un interés bastante limitado.

En otro libro, Mis almuerzos con Orson Welles, hay una parte reveladora sobre lo que estamos hablando.

Orson:  Este año tengo un juicio en Francia, quiero impedir la publicación de un libro de un viejo colega… ha escrito que soy impotente y un homosexual latente.

Henry Jaglom:  ¿Y cómo lo va a saber él?

Orson: Lo que probablemente haya ocurrido es que cuando pasé seis semanas en París antes del rodaje de Otelo, para ensayar con Micheál MacLiammóir, él se unía a nosotros en las comidas. Y, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual. Para que se sienta cómodo, ¿comprendes? Y para que Micheál se sintiera cómodo, yo me amaneraba un poco.

Mis almuerzos con Orson Welles. Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles. Editorial Anagrama.

Aquí no puedo evitar sonreír, porque me encantaría verte soltando la pluma y hacer un poco el mariquita. Creo que te hubiera comido a besos. Pero me sonrío también -querido Orson- porque creo sinceramente que no estás siendo del todo sincero. Te soltabas la pluma porque eras caprichoso y lo querías todo. A veces, estando entre homosexuales brillantes, como Micheál MacLiammóir, te apeteció ser como ellos y participar de la chispa que ellos tenían. Envidiabas su despreocupación por lo que dijeran los demás. Quien haya leído la biografía que escribió Barbara Leaming sobre ti conoce bien a MacLiammóir y sabe que nunca en la vida se hubiera sentido incómodo por su homosexualidad. En ninguna circunstancia. Decir eso es tan idiota como decir lo mismo de Quentin Crisp.

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Orson con su caniche Kiki, que le acompañaba a todas partes

En otro momento del libro, Henry Jaglom afirma que Gary Cooper te volvía loco, a lo que tú respondes: “Pues sí. Veo a Gary Cooper y me convierto en mujer”. Sinceramente creo que un genio como tú supo aceptar su parte femenina más de lo que le gustaba reconocer. Y eso, a mis ojos, es parte del secreto de tu enorme atractivo.

Pongo el punto final aquí a esta especie carta a Orson que me ha salido. Creedme, hay aún mucho más que desgranar, pero lo dejo para otro momento. No quiero abusar de la confianza de Bob Flesh. Como decía al principio, con este artículo no pretendo decirle al mundo que Orson Welles fuera gay, bisexual o lo que sea. Orson era simplemente un hombre maravilloso. ¿No es una etiqueta una forma de estigma? ¿Quién las necesita? Lo que me mueve en el fondo es el deseo de cargármelas y de que evolucionemos. ¿Qué mejor que hacerlo hablando de Orson?

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Bob Flesh os desea una navidades redondas

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Termina un año dulce para mí en el que no sólo he publicado la séptima entrega de mi serie Palabra de Oso sino que he cumplido mi deseo de editar todas mis novelas en papel. Para el próximo prometo nuevas sorpresas y toneladas de ilusión. Habrá más Palabra de Oso y también nuevos contenidos en esta web que se expande y crece a la manera de un universo osuno paralelo.

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Aprovecho para felicitaros el nuevo año de la mano del genial showman Joshua Charles Parker, autor de la coreografía y uno de los protagonistas del siguiente spot navideño de la nueva comedia de Will Ferrell. Dios mío, qué bien se mueven los gorditos. A eso, Bob Flesh lo llama Poesía.