RECORDANDO A GIANFRANCO FERRÉ

Polaroid by Andy Warhol

Gianfranco Ferré (Legnano, 1944- Milán, 2007) fue un diseñador y empresario de éxito dentro del mundo de la moda. Arquitecto de formación, esteta consumado, muy celoso de su vida privada y con un fuerte carácter, su carisma estaba a la altura de su imponente corpulencia. Diseñador italiano de referencia junto a Armani o Valentino, lo recordamos como todo un icono que no tenía reparos en hablar de su orondo físico en un contexto vendido a la delgadez como norma estética oficial. A modo de homenaje, recuperamos una entrevista publicada en el año 2003 que sigue suponiendo toda declaración intenciones en estos tiempos de #BodyPositivity

[Entrevista extraída de aquí]

Vanidad y narcisismo. Gianfranco Ferré, 55 años, arquitecto de profesión, diseñador de carrera, 118 kilos llevados con gran facilidad, 1.520 mil millones de liras de facturación, 7.800 metros cuadrados de sede en el centro de Milán. Sí, es vanidoso y narcisista. Tiene una relación de gran afecto con el espejo. “Soy narcisista porque tengo un sentido innato del placer de la calidad. A menudo me miro en el espejo, sin problemas. Me gusto a mí mismo aunque esté fuera de la norma. Me llevo bien conmigo mismo. Hay complacencia en mí cada vez que veo mi imagen”.

Narcisista en última instancia.

Soy uno de esos a los que les gusta mirarse desnudo.

Y te gusta.

Me gusto a mí mismo, me gusta mi carne, me gusta la forma en que estoy hecho, me toco, me acaricio, me pellizco, estoy satisfecho de mí mismo.

Te gustas aunque estés fuera de la norma. ¿Ser grande no es un problema para ti?

Nunca ha sido un problema. No es como si hubiera nacido grande. Nací grande.

¿De buenas a primeras?

No, había etapas. Tuve un accidente antes. Me rompí la tibia, el peroné y el calcáneo y estuve enyesado durante un año y medio. Entonces dejé de fumar. Así que me fortalecí. Por otro lado, en mi familia, por parte de mi madre, hay una tradición de hombres fuertes. Y por parte de mi padre, hay una tradición de hombres atléticos y guapos.

Polaroid by Andy Warhol

¿Te gustan los hombres delgados?

No demasiado. Apenas aprecio a los hombres que son demasiado delgados. Me gustan los físicos con cierta solidez.

Eras aún más robusto de lo que eres ahora.

He cambiado mi tipo de dieta. Hago ejercicio.

La gimnasia es una tortura.

No. Es parte de la diversión de la vida. Sé que dentro de un tiempo seré un poco más ligero por este lado, un poco más delgado por el otro. Hago gimnasia tres veces a la semana. Tengo un joven entrenador que me dice todo, qué hacer, por qué, cómo. Ahora llevo tres semanas atrapado por una lesión en el brazo y es un dolor no hacerlo.

¿Te miras en el espejo sólo para complacerte?

No, incluso en tiempos de crisis.

¿Y qué es lo que haces?

Me miro a mí mismo, pienso, reflexiono.

¿Y habláis?

Sí, hablamos. Hablo mucho con el espejo y conmigo mismo.

Cuando habláis, ¿también decís cosas desagradables?

Me cabreo, digo: “Gianfranco, eres un idiota”, sigue, espera, los valores de la vida son diferentes, piensa en las penas reales.

Pero también es vanidoso.

Sí. Tuve la educación de un padre que era un hombre hermoso, siempre bien vestido. Aprendí lo que significa llevar una chaqueta, ir al sastre, elegir la corbata adecuada. Colecciono ropa, la guardo bien, soy exigente, preciso.

Si sales con la corbata equivocada…

No puedo salir con la corbata equivocada.

Cualquiera puede cometer un error.

No, es difícil para mí. Me miro en el espejo.

¿Qué llevas puesto?

Compro cachemir en Francia e Inglaterra, las telas y camisas son mías, tengo un sastre muy bueno.

¿Tienes un sastre?

Soy grande. Tengo un hombro más alto que el otro. Tengo un cuello cuadrado, detrás del cuello. Encuentro inapropiado que mi propia marca me haga un traje a medida.

¿Qué hay de los accesorios?

Los zapatos están más o menos hechos a medida en Lob’s o Berlutti’s, un italiano-francés. Me duran 20 años porque soy un conservador. Como todos los hombres, me apego física y emocionalmente a los zapatos, cinturones, corbatas. Tengo 15 corbatas.

¿También eres megalómano?

No. Creo que todo tiene que tener el tamaño apropiado.

¿El edificio en el que estamos tiene el tamaño apropiado?

Si este espacio es tan grande, es porque debería serlo. Sería absurdo que vinieras a Ferré y encontraras un espacio que no coincidiera con el nombre y el papel que Ferré tiene en la moda.

Natalia Aspesi lo llamó “sibarítico”.

El léxico de Natalia Aspesi tiene mucho de manipulador.

Pero la fiesta de inauguración fue sibarita.

Era un partido con un espíritu internacional, inadecuado para una burguesía milanesa. Pero nada sibarítico.

Una fiesta que cuesta mucho dinero.

Como las fiestas de otras personas. Aún menos.

800 millones.

Todo incluido, incluso la exposición que nos permitió hacer el libro sobre los veinte años de la compañía Ferré.

El hecho de que haya gente caminando con el nombre de Ferré, ¿es un estímulo para ti?

Ver un vestido mío que cubre diferentes superficies con diferentes caras y diferentes almas y que vive en el tiempo, porque a menudo sigue siendo hermoso y la gente sabe cómo usarlo, es una gran satisfacción. Ciertamente no me hace sentir como un arquitecto. Es el otro lado de mi narcisismo.

¿Te vestirías como Armani?

No. No pertenezco a esa clase de hombre. Soy una persona más emocional, menos estática. Armani es el uniforme adecuado para la gente que es más fría, menos apasionada.

¿Quizá de otro diseñador?

Sí. Pero con mezclas locas.

¿Haciéndole olvidar?

Haciéndolo Ferré.

Eres aclamado, celebrado, halagado.

No. Los momentos de alabanza y énfasis fueron en el pasado.

Enamorarse en zonas de cruising: Pobre Herminio

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Hace ya tiempo que venimos hablando de la factoría Marirecords, un sello editorial muy DIY y muy under que viene publicando a buen ritmo diferentes fanzines que van de lo musical (Guapa!) al cómic (Cancaneo Vacionil) o de la fotografía (Cazzo) a la ficción. Su último lanzamiento es este Pobre Herminio, una novela por entregas escrita e ilustrada por J. M. Juan, alma mater del sello, que supone una valiosa aportación a la tradición de ficción bear.

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A lo largo de las páginas de esta primera entrega, su autor va desgranando la historia de amor y seducción entre Otto y Herminio, dos animales rústicos de talla XXXL a la búsqueda de algo más que un polvo en un contexto que no se lo pone fácil. En este Pobre Herminio encontramos una buena ración de morbo, erotismo y sudorosos cuerpos hirsutos pero también una historia emocionante de las que tocan la fibra. Un relato que se ocupa de la sexualidad y del amor entre hombres fuera de la norma oficial, sin dejar de lado el espíritu punk y metalero de Marirecords con sus guiños musicales y su gusto por el cancaneo asilvestrado.

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Cabe destacar la belleza de sus ilustraciones y la esmerada edición en papel, en un paso cualitativo que va más allá del fanzine y que supone la apuesta más ambiciosa del sello hasta el momento (sin desmerecer al entrañable fanzine punk grapado al que nos tenía acostumbrado).

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Para mí ha sido un honor colaborar en este primer número de Pobre Herminio elaborando el prólogo y espero ansioso su continuación. Son muchos los que ya tienen su ejemplar, si no es tu caso, ya tardas. Puedes conseguirlo a través de la tienda online de Marirecords tanto en papel como en pdf. Imprescindible.  

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Facultad del Folleteo

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Me licencié en la Facultad del Folleteo sin grandes aspavientos, lo tomé tal como venía, mi polla improvisaba, sabía comportarse, tú siempre obedecías (aunque ahora que lo pienso, era yo el que acudía). Hubo semanas de oro —de las del pleno al quince— y algún polvo olvidable, no malgastaré energías en maldecir a nadie. Me licencié con excelencia aunque siempre se puede llegar más lejos, me decía alguien. Cum Laude, Cum Load, Big Load, mucha cum y cómo conseguirla. Lo de ‘dame tu leche’ ya era un estribillo a estas alturas, música de ascensor o la casilla de salida. Yo me doy por satisfecho, las camas eran blandas y los culos, entrenados, se adaptaban a mi idioma. Más te vale tener reflejos, el mal aliento te expulsará de más de un lecho y harás bien en salir corriendo, también aprendí eso. Follar o no follar, tanto da la cosa, si no había risas me abstenía. A ti te encantaba, cómo lo gozabas, siempre suplicando, mendigando bola extra, cómo te pasabas. Aquí tienes la piscina, precipítate si te apetece, la medida es desmedida, pura maravilla —pero también— posible pesadilla, es preciso que lo sepas. La conclusión viene sola, quema el boletín de notas y no esperes demasiado, todo lo demás viene regalado.

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Novelas de osos

El bigote de Wilford Brimley

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Se confirma que el 2020 está siendo un año funesto para algunos de los referentes fundamentales de Palabra de oso. Tras las recientes bajas de Allen Garfield o Brian Dennehy, el pasado sábado 1 de agosto nos dejó el actor Wilford Brimley a los 85 años de edad. Para la comunidad osa Wilford era todo un Bear Icon por encarnar esa masculinidad protobear que alimentará su estética desde sus primeros años. Nacido en el estado de Utah, Wilford parecía un vaquero rudo de pocas palabras esculpido por los sólidos principios tradicionales del pueblo americano, no en vano apoyó la causa repúblicana en alguna ocasión. Con todo, creo que se lo podemos perdonar porque resultaba más achuchable que extremista.

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El síndrome de China, 1979

Antiguo marine, educado como mormón, rodeo man, herrador de caballos, guardaespaldas de Howard Hughes, padre de una numerosa prole, cantante country ocasional, diabético y embajador de dicha enfermedad en los USA, Wilford poseía un hermoso y viril bigote que funcionaba a la manera de ‘trademark’ para el respetable público. Su trayectoria como actor de carácter representa la quintaesencia del actor secundario visto aquí y allá en numerosos hitos de la cultura popular, desde la serie de TV ‘Los Waltons’ a éxitos como Cocoon (donde coincidió con el gran Brian Dennehy), The Firm o In&Out, comedia gay emblemática en la que su personaje llevaba a cabo un outing público muy recordado por sus seguidores. Su vocación fue tardía y fruto del azar. En el año 1977, cuando ya había tenido alguna experiencia (tirando a frustrante) en TV en la serie “Los Waltons” viajó a Los Angeles para transportar caballos y visitar a unos amigos, momento en el que los productores de El síndrome de China, en plena fase de elaboración del elenco, lo reclamarán para una audición. El éxito de la película (nominada a varios Oscar y ganadora de la Palma de Oro en Cannes) le aupará a una nueva condición de secundario con pedigrí que le permitirá trabajar en numerosas películas de prestigio y en muchas producciones comerciales de serie B.

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A menudo, Wilford interpretaba papeles de sheriff de pueblo dándole la réplica a actores machotes como Clint Eastwood, Charles Bronson, Robert Duvall (con quien le unía una gran amistad) e incluso Van Damme. Su rostro también era habitual en platós televisivos y su popularidad le convirtió en pasto de memes a costa de su intensísima labor de prevención de la diabetes o de su ruda condición de vaquero más auténtico que los Fritos Barbacoa.

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A mí esa masculinidad country western me pone bruto y cerdo a rabiar y quiero recordarlo como el icono y estupendo actor que fue. Lo he dicho muchas veces, I fucking adore a los actores secundarios con carácter, carreras azarosas, irregulares y prolíficas. Hoy le decimos adiós pero como todo icono está destinado a ser recordado a través de su legado, que vivirá para siempre, adiós Wilford, gracias por todo. Como nota final, no os perdáis este video extraído de un magazine norteamericano en el que rememora algunas anécdotas de su carrera e interpreta el clásico country Won’t You Ride in My Little Red Wagon.