El pantalón de chándal

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“Sabía a lo que venía y apenas pudo esperar, ni siquiera aceptó el vaso de agua que le ofrecí. Yo llevaba puesto un pantalón de chándal y resultó ser un acierto. Su mano tanteó mi polla a través del algodón y cuando la atrapó con sus cinco dedos sintió el despertar de la bestia. Se le escapó un suspiro de satisfacción. Le metí la lengua en la boca y mi mazo duro palpitó en su mano. Para entonces las cosas ya estaban definidas. Lamí su oreja y la mordí. Gemía como un cerdito. Le di la vuelta y le bajé los pantalones. Su culo era ancho y carnoso, pálido como una luna fosforescente. Abrí sus rollizas nalgas y encajé mi rabo sobre su raja. Allí se estaba bien pero lo que palpitó entonces fue su ojete. Supongo que estaba adelantándose a los acontecimientos, pero yo tenía claro que no quería que las cosas se precipitaran de cualquier manera. Dosificar la espera, posponer la gratificación resultaba esencial para llegar más lejos. No soy un tipo impaciente, si el sexo no me lleva lejos no me interesa”.

Más microrrelatos

Novelas Palabra de oso

Noticias sobre el nuevo Palabra de oso

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Estoy feliz de anunciar que ya he terminado la próxima novela de la serie Palabra de oso, la undécima (¡undécima!), y que no puedo estar más satisfecho con el resultado. Después de darme el gusto de celebrar mis primeros diez títulos con Diez gorditos, mi novela más carnosa, peluda y Agatha Christie, título que está gozando de una gran acogida entre mis lectores, sigo con las miras puestas en el misterio y en el sexo entre hombres grandes, redondos y sensuales. La próxima historia vendrá bien cargada de erotismo marca de la casa (siempre digo lo mismo, pero ¿puede ser que se trate de la entrega más erótica?), con buenas dosis de humor y, cómo no, muchas sorpresas. Ahora mismo estoy preparando la edición digital y en papel y si todo va según lo previsto el lanzamiento será para finales del mes de abril. La cosa va de logias secretas, cultos dionisiacos y de obsesiones sexuales difíciles de alcanzar. Una vez más, Marc Kaplan y su marido Theodor vivirán una aventura de altura que no dejará a nadie indiferente. Próximamente más noticias, permanezcan en sintonía.

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A propósito del culo de Zacki Noy

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Zacki Noy es uno de esos actores de reparto en los que nos gusta fijarnos, de nombre raro, olvidado, pasto del encasillamiento y de los fenómenos de temporada. Zacki nació el 8 de julio de 1953 en Haifa, Israel. Su constitución rolliza, su rostro vulgar y su pasión por el teatro le situaron desde su tierna juventud en el momento y en el lugar preciso para cultivar una carrera dentro de la peculiar farándula cinematográfica israelí.

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Y más de uno se preguntará, ¿farándula cinematográfica israelí? ¿Pero qué me estás contando? En efecto, las circunstancias quisieron que el bueno de Zacki fuese escogido para protagonizar uno de los capítulos más sonados y exportables de la exótica industria cinematográfica israelí, al convertirse en uno de los tres chavales protagonistas de uno de sus mayores éxitos, la película Lemon Popsicle (1978), así como de sus innumerables secuelas (la última, la número nueve, se rodó en el año 2001 con el subtítulo de “La fiesta continúa”, glups). 

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Lemon Popsicle, estrenada en países de habla hispana con diferentes títulos, a saber, Polo de limón (España), Chicle caliente (Perú) o Barquillo de limón (México) debe ser considerada como un capítulo fundamental dentro de la cultura pop mundial por su carácter pionero dentro de aquella moda de comedias cafres adolescentes sobre el despertar sexual, tales como la serie “Porky’s” y demás sucedáneos. Un dudoso honor puesto que se trata de un género meramente coyuntural y de muy difícil digestión fuera de su condición de producto picante para un público dominado por la represión sexual más enfermiza.

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La premisa argumental de este Lemon Popsicle no va más allá de las correrías de tres chavales (básicamente, hormonas con patas) con muchas ganas de follar, en un momento en el que la permisividad hacía posible mostrar tetas y culos para un público sediento de nuevas sensaciones. Todo ello aderezado con la comicidad del chiste verde más sonrojante y el costumbrismo de trazo grueso. Ambientada en la década de los cincuenta, en plena era del rocanrol (siempre que hay una escena cómico-picantona suena el Yakety Yak de Leiber y Stoller), cabe recordar que el éxito de esta primera entrega la encumbró como taquillazo mundial procurando su inclusión en Festivales serios como la Berlinale y optando al Globo de Oro en su categoría de mejor película extranjera. No nos sorprende que la propia industria USA animase a su director Boaz Davidson a rodar de nuevo la película para el público norteamericano con el título de El último americano virgen (1982).

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Visto hoy, el conjunto no puede resultar más bizarro, sin embargo, nos llama la atención la importancia que se le otorga al personaje gordito interpretado por Zacki Noy a lo largo de toda la serie. Algo que sí merece un aplauso y algo más. Porque no deja de sorprendernos la importancia que tiene, no ya su personaje, sino su rollizo culo a lo largo de cada una de las entregas.

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¿Podemos ponernos las gafas contemporáneas y afirmar que se trata de todo un elemento queer en un conjunto eminentemente dirigido al público masculino? Revisadas todas las películas con la indispensable ayuda del flashforward no nos parece una pregunta tan descabellada. Descubrimos que en ninguna de ellas podía faltar un momento estelar dedicado a las lozanas nalgas de Zacki expuestas para deleite y risas lúbricas de los espectadores. ¿Potenciaban sus artífices estos momentos? ¿Esperaban los espectadores este ‘momento culazo de Zacki’? Las preguntas quedan en el aire, pero tanta insistencia resulta intrigante, sin olvidar que en Lemon Popsicle 4 los tres mozos ingresan en el ejército y nuestro sufrido Zacki será el objeto de deseo de uno de los militares de la base, hecho que por supuesto dará pie a numerosas escenas de tono subido y rara comicidad (o comicidad queer, como se quiera). 

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A decir verdad, ver hoy en día todas estas películas de principio a fin resulta una prueba de valientes o un dudoso entretenimiento solo apto para mentes muy viciosas. Eso sí, el culazo de Zacki merece este post y nos alegramos de que hoy en día siga en activo participando en series de éxito de la televisión israelí. Por cierto, esta exclusiva de Palabra de Oso no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda del poderoso radar del Dr. Insermini. Así, que agradecidos y bendecidos por ello y por este par de nalgotas. Yuuum.

Hagan sitio a nuestro amigo gordo gay

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“¡Hola! Me llamo Todd y siempre me he preguntado cómo sería si todos estos chicos gays tuvieran un amigo gordo, así que me he añadido a mí mismo a sus fotos. ¿Lo ves? ¡Sigue siendo divertido!”

Nada mejor que empezar el nuevo año con buen humor, de la mano de la cuenta de Instagram @gayfatfriend, un perfil que en cuestión de meses ha conseguido una buena legión de seguidores (anda por los once mil y subiendo) a base desparpajo y un uso descacharrante del photoshop más elemental.

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Si no te invitan a la fiesta, ¡cuélate! Todd se divierte (y nos divierte) incrustándose en esas típicas fotos de maricas guapas y musculadas que pueblan las redes sociales. Escenas sexys de tono ingenuo que vienen a celebrar la belleza más estereotipada de la cultura gay mainstream con bien de sixpack bien marcado, pectorales esculpidos y dentadura de anuncio de dentífrico. 

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No sé qué me gusta más, si la tosquedad del fotomontaje o la soltura con la que se mueve Todd en este delirante safari fotográfico. Para muchos será una mera broma que no merece mucho comentario, pero a nadie se le escapa que el éxito de su propuesta resulta bastante reveladora y nos habla una vez más de esa necesidad de cuestionar los cánones establecidos por el mainstream y su dichosa dictadura estética, más rígida que la polla de Jack Radcliffe en plena erección. Pero Todd le echa mucho humor, hace lo que le da la gana y se da el lujo de compartir esos momentos con todos esos chicos… ¡pero si ya forma parte de sus vidas! ¿No es una delicia?

 

Hace poco hablábamos del trabajo de artistas como James Unsworth o James Dillenbeck, ambos ilustradores cuyo trabajo aboga por una reescritura de la cultura (clásica o pop) que admita la inclusión de otros cuerpos y de otras medidas del deseo. 

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A su manera, este @gayfatfriend también transita la misma senda de reescritura cultural, y más allá de los textos del propio Todd, el conjunto acaba derivando en un malicioso pie de foto de esa cultura mainstream marica de la que aún hoy estamos intentando liberarnos. Queremos más humor y más reescritura. Siempre he pensado que el humor tiene más alcance que el artículo académico más sesudo. ¡Así que tres hurras por Todd!

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Adiós 2019, hola 2020

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Se nos va el año, se nos va la década, llegan los años veinte, joder, ¡pues que sean otra vez los happy twenties!, porque parece que últimamente todo es queer pero al mismo tiempo el odio y la ultraderecha siguen enseñando las orejas en demasiados lugares, y no hablo solo de España. Hay que acabar con eso. Por lo que a Palabra de oso se refiere, una vez más, llega el momento de hacer balance de lo que ha sido el año que termina y establecer un puente con lo que nos deparará el 20, un número redondo que nos gusta y del que esperamos cosas buenas. 

Con todo, el 19 no estuvo mal. Publiqué una nueva novela, Diez gorditos, la décima de la serie, una entrega especial a la manera de Agatha Christie que servía de celebración de lo conseguido hasta ahora con las peripecias de mis queridos personajes Marc Kaplan y su marido Theodor, un tándem que sigue gozando de vida propia y proporcionándome muchas alegrías.

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Paralelamente, he seguido publicando microrrelatos eróticos a través de esta web y de mis redes sociales, algo que me permite ampliar los márgenes del universo Palabra de oso mientras sigo interrogándome sobre la forma perfecta de atrapar una sensación erótica por escrito. Es un ejercicio que me divierte y que me reafirma en la idea de que la ficción LGTBI sigue siendo muy necesaria a la hora de constituir un imaginario propio en el que reconocernos. Y si algo sigue agradeciéndose a estas alturas, es la aparición de nuevas voces y nuevas experiencias narrativas que abunden en dicho imaginario, ¿por qué?, porque solo la diversidad y la pluralidad nos garantizará la posibilidad de incluir todos los cuerpos y formas de deseo en nuestra lucha contra la heteronormatividad imperante. 

A lo largo del 2019 han ido apareciendo nuevas propuestas que han llamado nuestra atención y que enriquecen ese universo cultural al que me refiero. A menudo surgen desde los márgenes, desde las redes sociales, desde los formatos propios del DIY (¡vuelven los fanzines!) o desde la autoedición. De hecho, si algo comparte el trabajo de todos los artistas que paso a enumerar es que se mueve en un terreno ajeno al sector editorial profesional.

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En el capítulo de artistas o ilustradores, nos hemos fijado en la obra de James Unsworth y de James Dillenbeck. El trabajo del primero busca establecer un sugestivo diálogo entre la imaginería del pretérito arte grecorromano y la fascinación por los cuerpos orondos experimentada desde la subcultura bear. Por su parte, el norteamericano James Dillenbeck, a través de sus coloristas y delirantes viñetas pulp, reinserta esos mismos cuerpos no normativos en el contexto de la cultura pop contemporánea otorgándoles una fuerza y un protagonismo que puede leerse como una suerte de ajuste de cuentas con el mainstream. ¿Qué podemos decir? Nos encanta la retórica del Blockbuster aplicada al Chub Power. 

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En el apartado de la historieta gráfica o cómic, nos hemos dado el gusto de charlar con el misterioso Guibu, dibujante argentino fundamental y pionero en estas lides, que en el año que termina puso fin a la segunda entrega de su mítica serie “El ósculo hirsuto”. Si algo deseamos para el año nuevo es que alguien edite toda la serie en papel de una vez, por favor, esto es algo que tiene que ocurrir pronto, hay demasiada gente esperándolo y se trataría de un acto de justicia poética necesario y acuciante.

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Guibu, con su creación

La sorpresa más refrescante del año vino de la mano del punk, de las marijevis y del arte del Do It Yourself. La factoría Marirecords ha emergido como un riff metalero en el contexto del boom actual de ilustración bear recordándonos la necesidad de no olvidar la chispa creativa del DIY de vieja escuela, la autenticidad del fanzine como medio de expresión y la importancia del cancaneo asilvestrado en nuestras vidas. Sus fanzines “Cancaneo Vacacionil”, un cómic bruto y mecánico que nos habla de la desgracia de ir más cachondos que una perra siberiana y no encontrar ni un puto hueso que roer o su “Cazzo”, una celebración de la cultura del stalkeo de zamarros buenorros, anónimos y a menudo heteruzos, obra del misterioso paparazzi Gino Castiglione, sumado a la primera entrega del fanzine “Guapa!” confirman la contundencia de una propuesta que nos chifla y de la que esperamos ansiosos nuevas entregas. 

Y más alegrías para el año que termina. La publicación del primer número del cómic español “Pellizco en la nuca” tiene mucho de fundamental por recoger el testigo del mencionado Guibu y llevarlo al formato de grapado en papel por entregas, recuperando un formato al que también le habíamos perdido la pista. El excelente dibujo de José Manuel Hortelano puesto al servicio de una historia erótica e intrigante es algo que ha conseguido conectar con una cuota importante de lectores interesados en ficciones en las que verse reflejados y que incorporen una noción del deseo y del erotismo fuera de la norma, en definitiva, más vinculado a los tiempos actuales.  

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Por lo que se refiere al ensayo sobre lo queer, observamos que se están publicando más libros y volúmenes que nunca dedicados a la cultura o al revisionismo LGTBI. En ese sentido, desde Palabra de oso destacamos el buen hacer del escritor Fernando Garín al publicar su muy disfrutable ensayo sobre el homoerotismo en el Western titulado “La pluma y el Oeste”. Nos parece un estupendo ejemplo para señalar que desde el rigor académico se pueden escribir libros divulgativos al alcance de cualquier paladar, sin caer en la espesura y el hermetismo de la tradición de los estudios culturales y llevando a cabo una suerte de activismo que a día de hoy nos parece más necesario que nunca. 

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Porque una de las impresiones más notables de esta década que termina es la sensación de que nunca antes se había hablado tanto de lo queer, difundiendo su espíritu integrador en círculos y ambientes dispares, más allá de las élites culturales o de naturaleza insider. En ese sentido, nuestro mayor deseo para los tiempos futuros reside en amplificar aún más el poder del término, a través de su condición diversa e integradora. La subcultura bear ha experimentado tropiezos previsibles como esa cosa de tomarse demasiado en serio a sí misma o incurrir en comportamientos excluyentes o propios de divas intratables. Es preciso que lo queer acuda en nuestra ayuda y nos facilite la construcción de un imaginario en el que podamos compartir experiencias y celebrar la diferencia, venga de donde venga. Nos gusta la masculinidad, pero por favor no nos la tomemos demasiado en serio. También queremos empaparnos de la realidad de lo trans y de todo lo que venga de esta nueva era gender fluid. Para construir ese nuevo imaginario deberemos subirnos a la gran bola demoledora y acabar con el estereotipo y el lugar común. Destruir para construir. El futuro será fluid sí o sí.

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Nueva década, nuevas aventuras. Vamos a terminar con un par de pinceladas sobre lo que nos espera para 2020. Además de todos los proyectos mencionados, de los que podemos esperar nuevos frutos a lo largo de los próximos meses, por nuestra parte, desde Palabra de oso solo podemos hablar de lo que estamos cocinando de cara a la nueva temporada. Las palabras clave son entusiasmo y continuidad. Bob Flesh no ha perdido la ilusión, al contrario, sigue disfrutando de la gran ola creativa.

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Uno de nuestros de mayores deseos para la próxima década es ver publicada la serie Palabra de oso en otras lenguas. Por favor, si hay algún editor en la sala que nos mande un correo ahora mismo. Para la próxima primavera tendremos nueva novela, la número once de la serie, repleta de misterio, humor, ritos secretos y sexo a mansalva. El entusiasmo por este proyecto sigue intacto y solo cabe decir que aún nos queda Palabra de oso para rato. Y por supuesto seguiremos trabajando para seguir informando y deleitando a nuestros lectores con lo que más nos gusta de este contexto más o menos peludo y de todos los tamaños. Porque nos gusta ponerte cachondo y nos gusta celebrar el poder del erotismo a través de su expresión literaria. Llevamos ya unos buenos años trabajando en ello y pensamos seguir haciéndolo. Palabra de oso. Y feliz 20.