Enamorarse en zonas de cruising: Pobre Herminio

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Hace ya tiempo que venimos hablando de la factoría Marirecords, un sello editorial muy DIY y muy under que viene publicando a buen ritmo diferentes fanzines que van de lo musical (Guapa!) al cómic (Cancaneo Vacionil). Su último lanzamiento es este Pobre Herminio, una novela por entregas escrita e ilustrada por J. M. Juan, alma mater del sello, que supone una valiosa aportación a la tradición de ficción bear.

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A lo largo de las páginas de esta primera entrega, su autor va desgranando la historia de amor y seducción entre Otto y Herminio, dos animales rústicos de talla XXXL a la búsqueda de algo más que un polvo en un contexto que no se lo pone fácil. En este Pobre Herminio encontramos una buena ración de morbo, erotismo y sudorosos cuerpos hirsutos pero también una historia emocionante de las que tocan la fibra. Un relato que se ocupa de la sexualidad y del amor entre hombres fuera de la norma oficial, sin dejar de lado el espíritu punk y metalero de Marirecords con sus guiños musicales y su gusto por el cancaneo asilvestrado.

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Cabe destacar la belleza de sus ilustraciones y la esmerada edición en papel, en un paso cualitativo que va más allá del fanzine y que supone la apuesta más ambiciosa del sello hasta el momento (sin desmerecer al entrañable fanzine punk grapado al que nos tenía acostumbrado).

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Para mí ha sido un honor colaborar en este primer número de Pobre Herminio elaborando el prólogo y espero ansioso su continuación. Son muchos los que ya tienen su ejemplar, si no es tu caso, ya tardas. Puedes conseguirlo a través de la tienda online de Marirecords tanto en papel como en pdf. Imprescindible.  

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Facultad del Folleteo

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Me licencié en la Facultad del Folleteo sin grandes aspavientos, lo tomé tal como venía, mi polla improvisaba, sabía comportarse, tú siempre obedecías (aunque ahora que lo pienso, era yo el que acudía). Hubo semanas de oro —de las del pleno al quince— y algún polvo olvidable, no malgastaré energías en maldecir a nadie. Me licencié con excelencia aunque siempre se puede llegar más lejos, me decía alguien. Cum Laude, Cum Load, Big Load, mucha cum y cómo conseguirla. Lo de ‘dame tu leche’ ya era un estribillo a estas alturas, música de ascensor o la casilla de salida. Yo me doy por satisfecho, las camas eran blandas y los culos, entrenados, se adaptaban a mi idioma. Más te vale tener reflejos, el mal aliento te expulsará de más de un lecho y harás bien en salir corriendo, también aprendí eso. Follar o no follar, tanto da la cosa, si no había risas me abstenía. A ti te encantaba, cómo lo gozabas, siempre suplicando, mendigando bola extra, cómo te pasabas. Aquí tienes la piscina, precipítate si te apetece, la medida es desmedida, pura maravilla —pero también— posible pesadilla, es preciso que lo sepas. La conclusión viene sola, quema el boletín de notas y no esperes demasiado, todo lo demás viene regalado.

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ESTOY DURO

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Le pregunté si me dejaría follarle y me respondió con su indiferencia habitual. “Claro que sí”, dijo sin darle ninguna importancia. La vida es una víbora bien retorcida, porque era esa manera de encogerse de hombros ante la sucia pregunta lo que me calentaba como a un depredador en celo. Por supuesto, yo ya conocía la respuesta. Era ese desapego lo que buscaba, esa manera de negarle toda importancia al hecho de ofrecerme ese culo veterano y tragón para ser disfrutado por mi polla traviesa. Supongo que el siguiente paso lógico sería pedirle que hiciese un crucigrama mientras lo tenía a cuatro patas. Casi puedo verlo rellenar el 4 vertical. A decir verdad, estoy duro.

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Un speedo mojado

Bájame el bañador y ponte a comer polla, me dijo mientras hojeaba una revista en la tumbona. Lo soltó con despreocupación, como si no fuese con él y no hubiese más que hablar. La piel de sus caderas estaba fría y húmeda por el reciente baño en la piscina, pero su rabo me pareció caliente cuando me lo llevé a la boca. Levanté sus tobillos para sacarle el speedo y volví a meterlo entre mis labios. Se puso duro al momento y el elogio encendió una mecha en mi interior. Su tronco se deslizaba suavemente hasta mi garganta en movimientos sistemáticos y precisos. Necesitaba más. Extraje aquella magnífica pieza en toda su longitud y la admiré por su belleza. Su extremo relucía de una manera lúbrica, llamando la atención sobre su condición de volcán a punto de explotar. Cuando por fin ocurrió, la electricidad del instante me sacudió en un éxtasis húmedo que no había conocido en la vida, el tiempo se detuvo y yo me concentré en aquel speedo mojado a los pies de la piscina, luego tuve que cerrar los ojos porque desaparecí por completo y solo había sensaciones.

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Nunca subestimes a un power bottom

Para Tony follar era un combate. Solo uno de los dos se proclamaría vencedor. Para él la lucha consistía en aguantar las embestidas del empotrador y encajar aquellas grandes pollas en su experimentado culo. El polvo era todo un viaje que podía alargarse más o menos, en función de la resistencia de ambos. Las caderas del otro se movían con suavidad al principio pero solo al principio y en ocasiones ni eso. Poco después el sudor cubría ambos cuerpos y los empellones sacudían las redondeces de Tony con una furia absolutamente fuera de control. Era el momento de los insultos. Tony se desgañitaba insultando al macho, llamándole ‘bastardo hijo de puta’ y cualquier cosa que le pasara por la cabeza. Aquel respondía redoblando su esfuerzo, con el sudor cubriéndole la frente, los ojos escocidos y la necesidad de conquistar de una vez las nalgas carnosas que tenía entre manos. Y el tiempo pasaba. Y el desafío aumentaba hasta convertirse en algo mayor que se les iba de las manos. Pero nunca subestimes a un amante como Tony. Sabe follar como nadie y no se conforma con cualquier cosa, te exigirá que acabes con él sin contemplaciones o que te sometas al poderío del auténtico power bottom. Cuando el enemigo se derrumbaba sobre su cuerpo empapado, el orgasmo se escuchaba a dos manzanas. La expresión “you bastard!” seguía saliendo de su garganta pero ahora a modo de ronroneo. Su cuerpo entero se estremecía por el placer que proporciona la victoria. Hasta donde yo sé, permanece invicto. Así es Tony. 

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