El Panzine que necesitas

Aladro, ilustrador argentino habitual de Instagram, ha puesto en marcha el fanzine bear que alguien tenía que hacer, el Panzine, espontáneo, grapado, underground, como debe ser. Incluye fotos de ositos guapos y colaboraciones varias, ilustraciones, microrrelatos y mucho chub power. Por cierto, participo en el número 5 con un microrrelato inédito basado en hechos reales, todo muy hot, muy panzine.

La frecuencia de los números es apabullante, esto acaba de empezar y ya vamos por el número 8. Sí, señor, así da gusto. Por suerte, además de su edición en papel también puedes hacerte con su versión digital a través de la página del Panzine. Descárgatelos y rodéate de belleza underground. Larga vida a los fanzines.

La DEGENERACIÓN según Gengoroh Tagame

Andamos todos un poco revolucionados con la publicación del cómic Degeneración (Ediciones La Cúpula, 2021), obra de los uno de los mayores exponentes del bara o manga homoerótico Gengoroh Tagame. En este volumen se incluyen cuatro historias en las que su autor da rienda suelta a su gusto por los roles de dominación/sumisión, con un amor por el detalle morboso que hará las delicias de aquellos que vayan en busca de emociones fuertes.

Como se nos advierte en una de las solapas del libro: «Solo hay un gozo que supere al de la dominación, y es el placer de ser humillado. En estas páginas tienen lugar deseos atroces y deambulan matrimonios atormentados, se profesa el sadomasoquismo extremo y se dan encuentros inconfesables, mucho más que eróticos, basados en la pulsión obscena de explorar los límites de cuerpo, psique y masculinidad. Una antología sin censuras que a lo clandestino de sus tramas impone la más detallada osadía gráfica imaginable».

En otras palabras, esto no tiene nada que ver con la candidez de otros mangas homoeróticos de Tagameh como su célebre El marido de mi hermano, sino que está en la línea de otras de sus obras como La casa de los herejes, donde al igual que en este Degeneración explora los límites de la resistencia física en un contexto sadomasoquista. Puede que no sea plato del gusto de todo el mundo pero el amor que manifiesta por los tipos grandes y robustos y su personalísima concepción del erotismo hacen de este volumen un auténtico festín para habituales de la comunidad bear. Se agradece la labor de La Cúpula por recuperar estas historias extremas del maestro Tagameh en una bonita edición y ojalá se animen a reimprimir los tres volúmenes de La casa de los herejes, actualmente agotados.

Descárgate el calendario Bears, illustrated 2022

No hay mejor forma de empezar el año. Ya está aquí la nueva edición 2022 de Bears, illustrated, el calendario más molón, completamente DIY, imprimible 100%, con una exquisita selección de artistas y dibujantes amantes de los tipos grandes y velludos. Un proyecto veterano del siempre inquieto Christian Fernández Mirón que puedes descargar fácilmente desde bears-illustrated.com • Feliz año bbs

Un hombre llamado Ed Asner

Ed Asner era uno de esos actores que invocaban la subcultura bear antes incluso de fuese inventada, eso que venimos llamando protobear. Su físico rudo y viril, su aplomo y su carisma eran cualidades que resultaban atractivas más allá de sus incontestables dotes para la actuación. Ed Asner era un tío cojonudo y lo fue hasta el final. Un modelo de sensatez, humildad y activismo político bien llevado. Además de icono fundamental para la causa Palabra de oso, Ed Asner representaba esa masculinidad soñada, libre de elementos tóxicos y esculpida con el cincel de la sensualidad suprema. En definitiva, para Palabra de oso, Ed siempre ha sido el espejo en el que mirarse. Por eso, y por su brillante carrera como actor, lamentaremos su pérdida durante mucho tiempo. 

Me doy cuenta de que para las nuevas generaciones era una figura poco conocida. Para muchos medios era el actor que prestaba su voz al entrañable anciano protagonista de Up, la cinta Pixar de animación. Pero todos aquellos que peinamos canas guardamos innumerables recuerdos de su dilatada carrera, un trayectoria con más de cuatrocientos títulos registrados en su ficha de IMDB. Porque Edward Asner es en sí mismo un capítulo de la cultura pop, una leyenda de la era dorada de la televisión americana (años 70) y una cara habitual en películas de todos los tamaños, ya sean producciones hollywoodienses de tipo A o telefilms de temporada. Uno de los últimos representantes de esa estirpe de actores de carácter (y con carácter), orondos y espléndidos, que vivieron su mejor momento en décadas pasadas y que veneramos desde esta web. Una estirpe que tras las funestas pérdidas del último año (Allen Garfield, Brian Dennehy, Ned Beatty) está ya en claras vías de extinción.

De entre aquella generación de actores, a la que también pertenecía el recordado Charles Durning, la figura de Edward Asner ocupó un lugar privilegiado. Nacido en el año 1929, Ed fue educado en el seno de una familia judía ortodoxa. En su juventud desempeña trabajos de vendedor de puerta a puerta, de operario en la industria metalúrgica o en la cadena de montaje de General Motors. Tras sus obligaciones con el ejército siente la llamada de las tablas y durante la década de los cincuenta se suma a la Playwrights Theatre Company, de ahí dará el salto a Nueva York, donde conseguirá su primer protagonista en Broadway, en una adaptación de la célebre La ópera de los tres centavos de Bertolt Brecht. 

En los sesenta decide instalarse en la soleada California y el carrusel de la televisión empezará a girar. Su rostro empieza a aparecer en series tremendamente populares como Los intocables, El fugitivo, El virginiano, Viaje al fondo del mar o Hawai 5-0, entre muchas otras. 

Pero será la década de los setenta la que lo propulse al olimpo televisivo gracias a su papel de Lou Grant, periodista brutote y sarcástico en la exitosa sitcom de Mary Tyler Moore La chica de la tele. El tirón del personaje desembocará en su propio spin-off, la serie homónima Lou Grant, que arranca con el traslado a la costa oeste de su protagonista para hacerse cargo del rotativo Los Angeles Tribune. El éxito de la serie será tremendo pero no imparable. Tras cinco temporadas (del 77 al 82) la serie será cancelada por la cadena. Según el propio Ed a consecuencia de su mala relación con los productores. La reputación del actor corría de modo paralelo a su condición de figura pública comprometida con la causa política y social. Asner se mostró muy crítico con la actuación de los EE.UU. en América Central y su carácter contestatario le pasó factura en más de un momento de su carrera. “No es que exista una lista negra en Hollywood, pero sí esa consideración de ‘este actor es conflictivo, nos dará problemas’”, manifestó en alguna ocasión. 

Los papeles iban y venían, pero se daba el caso de que su estrella seguía brillando en series que acababan convirtiéndose en auténticos fenómenos sociológicos como Hombre rico, hombre pobre, en la que interpretaba al brutal patriarca de la saga familiar, o Raíces, en el papel del capitán del barco esclavista, un personaje torturado por el conflicto moral. Durante su reinado televisivo fue nominado al premio Emmy en veinte ocasiones, y se hizo con él en siete de ellas. Su compromiso político — era un demócrata convencido—  se hizo extensible a su propia profesión. Durante el periodo de 1981 a 1985 ejerció de presidente del Screen Actors Guild y mostró su firme oposición a las políticas desarrolladas por la administración Reagan. 

Durante estas últimas décadas siguió trabajando y prestando su voz grave e inconfundible tanto a éxitos rotundos como el mencionado Up como a programas radiofónicos, series de animación, podcasts o películas. En su ficha de IMDB consta un total de nueve títulos rodados durante el año 2021, algunos de ellos sobradamente conocidos (la serie Cobra Kai) y otros en fase de postproducción. 

Sabemos que mantuvo una intensa actividad en redes a través de su Twitter y que su compromiso humanitario con diferentes causas perduró hasta el final. Se casó en tres ocasiones y tuvo cuatro hijos. Cuando murió tenía noventa y un años y, francamente, a esas edades a uno le apetece descansar. Su legado seguirá vivo y permanece en todos aquellos que hemos admirado su trabajo y su condición de icono sexy bear sin ser él nada de eso. Nunca llegamos a tomarnos una copa con él pero para aquellos que tenemos el paladar educado en la belleza bruta y masculina, Ed Asner siempre ocupará un lugar muy especial en la construcción de nuestro deseo. Bello por dentro, bello por fuera. Buen viaje, Ed. 

Jugando al ping pong con Gavin MacLeod

Fuentes:

Edward Asner IMDB

Some Guy Named Ed – Tumblr dedicado a Ed Asner

Yo fui un gordito maricón adolescente

Dice Bob Pop, creador de la miniserie Maricón perdido, que no era su intención que esta se perciba como una sucesión de fogonazos de su propia vida sino como una suerte de collage de escenas, vividas o soñadas, que constituyen el tejido de su propia existencia, de aquello que ha llegado a ser. Hay cosas buenas aquí pero predomina la sensación de relato inconexo, caprichoso e incapaz de funcionar como un todo. Y es una lástima. Para una vez que una ficción televisiva LGTB nos ofrece un protagonista fuera de la norma, con sus kilos de más y sus movidas, que percibimos muy REALES, incluso catastróficas, el esfuerzo no llega a concretarse en una historia emocionante. Es esa falta de cohesión lo que me deja frío en el sofá y lo que da forma al pensamiento que me ronda cual moscardón. “Tampoco me parece tan interesante lo que me estás contando”.

Entre medias, alguna cosa de interés esbozada (los dardos a los gays como colectivo) pero nunca desarrollada y un amplio desierto por lo que se refiere a los personajes. El único que reclama cierta entidad, a excepción del propio protagonista, es el que interpreta Candela Peña pero eso es algo que me llevará tiempo digerir. Su personaje de madre estrafalaria tirando a tóxica la aboca a una sobreactuación que debe ser negociada duramente con el espectador. Esa negociación me sacaba de la serie cada vez que aparecía. 

Luego está el final, que parece escenificar la condición de monstruo de Frankenstein de la serie de manera atropellada y morrocotuda, sin miedo a recurrir al comodín de la llamada (hola, Almodóvar; hola, Buenafuente). Donde se debería tocar la fibra se impone la sensación de “venga, acabemos con esto de una vez”. Como espectador me quedo deslavazado, como todo el conjunto. Observando desde la distancia una historia que reclama ser emocionante en lugar de serlo.

Sin duda, las cosas buenas que podemos rascar de estos seis capítulos tienen que ver con la implicación de los dos actores que interpretan al Bob Pop adolescente y al Bob Pop adulto, Gabriel Sánchez y Carlos González respectivamente. Porque lo mejor de este “Maricón perdido” son ellos, y su buen hacer hace que te preguntes donde hubiésemos podido llegar si los mimbres hubiesen sido otros.