El nuevo número de la revista más peluda de tu quiosco marica de referencia se ha hecho esperar pero viene cargadita de belleza osuna, maromos irresistibles y contenidos de primera. En el nuevo número encontrarás un nuevo relato de un servidor, Bob Flesh, titulado El más bravo entre nosotros, más caliente que una hoguera de campamento, ilustrado por el gran Stanley Sunday, además de golosas colaboraciones de firmas de relumbrón como mi tocayo Bob Pop, Juan Flahn, Estrella Xtravaganza, Mista Studio, Lluís Mosquera o un precioso artículo de Eduardo Gión sobre las ilustraciones eróticas del mítico cineasta under Mike Kuchar. Además de todo esto, dos portadas diferentes a elegir, muchos cuerpazos, numerosos culos peludos y toda la belleza de la escena bear de estas latitudes captada por la cámara del alma máter del proyecto, el maestro Alberto Torres Ibarzo aka Albertoto. Ahora en serio, ¿te la vas a perder?
Instagram es una red social detestable, mojigata y estúpida, aunque supongo que los adjetivos pueden extrapolarse al resto, no lo sé. Un contexto robotizado en manos del criterio de las máquinas, de lo que las máquinas aprenden de ti. No sé cómo será en el futuro pero ahora todo sigue resultando bastante estúpido. La censura y la estrechez de miras del dichoso algoritmo provoca más irritación que otra cosa, aunque hoy vengo aquí a hablar de otro de sus efectos, el de la publicidad que te coloca en tu cuenta, ya sea en el feed o en los stories. Por momentos, diría que es una cosa positiva, aunque ciertamente también resulta estúpida y sobre todo irreal, pero la naturaleza de esa irrealidad tiene su punto. La mayoría de anuncios que me muestra Instagram están protagonizados por hombres gordos a los que me gustaría follarme. Claro, si lo piensas, esto tiene bastante tela, parecemos ya instalados en la era definitiva de la superficialidad. ¿Es que el mundo se ha vuelto completamente loco (felizmente)? Pues no, una vez más es el algoritmo. Lo mismo viene un señor a contarme las bondades de un seguro médico en vuelos internacionales, que una línea de ropa deportiva, unos colchones viscolásticos o, yo qué sé, un concierto señalado de los Magnetic Fields. Tooodo ello tiene una sola cosa en común: las imágenes de los anuncios están protagonizadas por hombres gordos.
Algo así puede crear una ilusión de normalidad, de aceptación definitiva por parte del mainstream de los cuerpos no normativos, pero claro, como toda ilusión, es falsa. Sin embargo, por muy falsa que resulte no de deja de divertirme este microcosmos que se ha montado el algoritmo en el imparable scroll de mi móvil. Hombres gordos anunciando seguros de viaje o seguros del hogar recibiendo comentarios subidos de tono, con invitaciones a compartir algo más que una propuesta comercial. Así es el absurdo en el que vivimos, en esta era primera de advenimiento de las nuevas tecnologías y de los primeros pasitos del machine learning. Intentaré no reírme demasiado fuerte por lo que pueda ser. Quién sabe. No tengo ni idea de los refinamientos futuros que nos esperan. De momento, si tengo que tener publicidad obligatoriamente aceptaré la cuota gordi con mucho gusto. Ojalá ese refinamiento se traduzca en el futuro en una verdadera apertura de miras por lo que se refiere a las normas que regulan los contenidos, porque de lo contrario estamos condenados a un entorno aséptico, insustancial, vacío de intención, sin espacio para la reflexión ni la transgresión, donde lo único rescatable seguirán siendo los simpáticos videos de nuestras mascotas. Si me dan un poco de soma versión Aldous Huxley estoy dispuesto a habitar en esa realidad, de lo contrario no creo que tarde mucho en bajarme del tren.
Cualquier excusa es buena para sacar de nuevo por aquí a nuestro querido Denis Ménochet. El trailer de lo nuevo de Guy Maddin, la sátira política Rumours, nos ha advertido de su presencia en la película en el papel de un diplomático francés. La cinta está producida por Ari Aster, quien ya reclutó al actor para su controvertida Beau Is Afraid. Parece que Denis sigue labrándose un camino en el ámbito internacional en roles secundarios pero meritorios. Los seguidores de esta web ya saben de nuestro cariño por la galería de actores secundarios, brutos, atractivos y siempre carismáticos. Yo creo que lo próximo es verlo en una de esas adaptaciones de viejas novelas de Agatha Christie con amplios elencos estelares. Ay, Denis, qué bien te sientan los años.
Tus amantes dejarán de estar gordis, dejarás de llamarlos para apagar incendios, tendrás que buscarte nuevos amigos pero ¿dónde quedarán los amigos gordis?, porque en la era Ozempic todos tenemos el derecho a no ser gordis, ¿quién hará uso de esa prerrogativa? En primer lugar, aquellos que lo hagan por prescripción médica, en segundo lugar, aquellos que siempre andan probando las dietas de moda sin éxito y ¿en tercer lugar?, aaamigo.
Sea como sea, nos están vendiendo el advenimiento de la era Ozempic como el catalizador de un momento histórico en el que la obesidad está condenada a desaparecer. En este nuevo contexto se me ocurre que la esencia de la subcultura —en este caso, de la subcultura Bear— cobrará nuevo vigor, acaso un brillo renovado. Porque en el futuro inmediato ser gordi será ante todo una decisión política, es más, una decisión política mayúscula: pues sí, soy gordi porque me gusto así, porque me siento bien habitando fuera de la norma estética oficial.
Nos dicen los expertos, o así nos lo quieren vender, que la importancia del fármaco Ozempic será un hito comparable a lo que pasó con el Prozac o con la Viagra. Es decir, marcará un antes y un después. Los resultados los conoceremos próximamente, suponemos que esto conlleva un tiempo de adaptación. Me pongo a pensar en todos aquellos que quieran acceder al fármaco y que, por motivos de exclusión social, sean incapaces de hacerse con él. Pero este ya es otro debate.
Ahora pienso en clave Extreme Makeover. Pienso en el befoooooore (todos gordis) y en el aaaafter (todas sílfides), pienso también en cómo quedará la foto posterior. Tengo amantes gordis que piensan que de renunciar a su condición gordi follarían menos. No sé lo que piensan los demás, ni si estamos en un momento de reinicio de nuevo orden estético. Si lo pienso en profundidad creo que esto no será para tanto. A menudo el hombre es un animal de naturaleza estúpida, insuperable cuando se trata de hacer un mal uso de un medicamento, a saber, tomarlo de manera caprichosa, o tomarlo cuando no lo necesitas («me veo gorda, amiga») o no tomarlo cuando tu cuadro médico te reclama que lo tomes con urgencia.
No sé, la verdad, habrá qué ver en qué queda todo, de momento solo alcanzo a ver la oportunidad de negocio de las farmacéuticas, su condición mediática y su riesgo de exclusión social. En el especial South Park dedicado al Ozempic a Cartman le negaban el acceso al medicamento y en su lugar le ofrecían el kit de body positivity de Lizzo, un gag que apunta al centro del debate sobre este tema en particular, el body positivity. ¿Quedará relegado a mero premio de consolación estética en esta nueva era o se volverá todo más político? Sea como sea, la comunidad Bear tendrá mucho qué decir sobre el tema. Si el dinero manda en un estado de capitalismo avanzado, también vale la pena señalar que un estado de folleteo promiscuo aquello que te asegure más polvos tendrá las de ganar. ¿Será el ozempic o será una barriga turgente?