Todos queremos a Brian Dennehy

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Aún estábamos llorando a nuestro querido Allen Garfield cuando el pasado 15 de abril nos dejó otro de nuestros actores favoritos, el actor norteamericano Brian Dennehy a los 81 años de edad. 

De físico imponente, casi dos metros de estatura, una corpulencia rotunda y descrito invariablemente con el calificativo de “barrell-chested”, es decir, pecho de tonel, Brian Dennehy poseía un rostro franco, una frente despejada y una mirada dura y carismática que le permitía moverse con facilidad de la luz a la oscuridad en función de lo que demandara el personaje. Con cierto aire de vieja escuela, al estilo de otro Brian (Brian Keith), lo mismo podía interpretar al adorable extraterrestre de la ñoña “Cocoon” (1985) que ponerse en la piel del célebre psicópata John Wayne Gacy en la miniserie “To Catch a Killer” (1991)

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El joven Dennehy sirvió en los marines de 1959 a 1963, aunque por suerte acabó librándose del frente bélico y del desastre de Vietnam. Su formidable forma física le permitió conseguir una beca deportiva para la Universidad de Columbia, donde se especializó en Historia aunque no tardó en cambiar los vestuarios por las bambalinas al sentir la llamada de la actuación. Estudió arte dramático en Yale y durante muchas décadas estuvo vinculado con el Goodman Theatre de Chicago donde desempeñó importantes papeles a lo largo de su carrera. Con todo, su carrera estuvo lejos de ser fácil. “Sencillamente, no me veían como actor”, declaró en numerosas entrevistas. La realidad era que con ese cuerpo de gorila y esas maneras de jugador de rugby no era tomado en serio por las agencias de casting. Pero, ¿sabes qué? Al mal tiempo buena cara, se dijo Brian. No solo perseveró sino que finalmente, a la respetable edad de 39 años, consiguió su objetivo. El año 1977 supuso su rotundo debut en el mundo de la televisión y se coló de golpe y porrazo en un buen puñado de series de éxito entre las que se cuentan “Kojak”, “La mujer policía”, “MASH” o “Lou Grant”, junto a nuestro icono máximo Edward Asner. 

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First Blood, 1982

Ese mismo año participó como actor secundario en películas importantes como “Serpico” o “Buscando al sr. Goodbar” y su popularidad seguirá creciendo. Será cinco años después, en 1982, cuando por fin le llega ese papel que lo pondrá de manera definitiva sobre el mapa de los actores de carácter (con carácter, más bien) dentro de la industria cinematográfica, nos referimos a su interpretación de sheriff cabrón empeñado en capturar al desdichado excombatiente del Vietnam John Rambo (Sylvester Stallone) en la mítica “First Blood”, primera entrega de la futura franquicia Rambo.

A partir de este momento, la carrera de Brian vivirá sus mejores años y no se cansará de portar la plateada insignia de la ley ni de repetir en las entrevistas lo muy a menudo que lo confunden con otro de nuestros favoritos, el inolvidable Charles Durning (curiosamente, primera opción para interpretar al sheriff de “First Blood”). Se trata de una confusión típica que suele afectar a los actores secundarios sobrados de kilos. A menudo los espectadores se lían, los mezclan e intercambian las caras y sus nombres. Sin ir más lejos es lo mismo que le pasaba en vida a nuestro llorado Bob Hoskins, confundido una y mil veces con Danny DeVito por parte del despistado público.

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Best Seller, 1987

Volviendo sobre la poderosa sombra de Brian Dennehy, los ochenta será su década más efervescente, en la que compaginará roles protagonistas y secundarios en películas recordadas como “Cocoon”, “Silverado”, “Peligrosamente juntos” o “Gorky Park”. Será la década en la que rodará también algunas de nuestras películas favoritas dentro de su filmografía, con mención especial al imaginativo thriller de conspiraciones “FX, efectos mortales” (1986) o a su interpretación de detective/escritor en pleno bloqueo creativo en la estupenda “Best Seller” (1987), junto a otro grande, James Woods y con guion de Larry Cohen.

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The Belly of an Architect, 1987

Durante ese mismo año, 1987, es reclamado por el realizador británico Peter Greenaway y Brian, hombre inquieto con ganas de evitar encasillamientos, protagoniza “El vientre de un arquitecto”, probablemente, su mayor momento arthouse dentro de una trayectoria eminentemente comercial y que le proporcionará un éxito personal y profesional recompensado con el premio al mejor actor en el Festival de cine de Chicago. Como no podía ser menos en una película de Peter Greenaway, Brian Dennehy tendrá que desnudarse por exigencias del guión y nos regala la vista con todo un estudio anatómico/cinematográfico de su propia fisicidad. Quien conozca las películas de Greenaway sabrá de su gusto por los cuerpos orondos y por recrearse en la carnalidad de sus volúmenes. Tras este pequeño paréntesis arty en su carrera, Brian continúa apareciendo en innumerables series y películas, aunque parece claro que su terreno más habitual a partir de entonces será la televisión, donde, siempre inquieto, asumirá otras facetas como la de realizador, llegando a dirigir un total de siete TV movies entre el año 1994 y el 2001.

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Silverado, 1985

Paralelamente a todo su trabajo delante de las cámaras, el bueno de Bryan nunca abandonará su pasión por el teatro, donde se labró toda una reputación en la que destacan dos interpretaciones mayúsculas, su personaje de Willy Loman en “La muerte de un viajante” (1999) o el de James Tyrone en la obra de Eugene O’Neill “El largo viaje hacia la noche” (2003), trabajos recompensados con sendos premios Tony. 

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FX, efectos mortales, 1986

Si uno consulta su ficha en IMDB descubrirá que se mantuvo activo hasta el momento actual y que su energía y su pasión por la actuación no conoció altibajos. Su corpulencia se correspondía con un notable volumen de trabajo que le llevaba a encadenar un papel tras otro y en pleno torbellino profesional no le hizo ascos al consumo inmoderado de alcohol, algo que le hizo atravesar algún altibajo personal del que acabaría redimiéndose posteriormente. Casado en dos ocasiones y padre de cuatro hijos (dos de ellos adoptados), Brian acababa de terminar el rodaje de una película y tenía otra en perspectiva. Y aunque nos ha dejado, su dilatada carrera y sus numerosos logros nos permitirán seguir tropezando con su rostro en docenas de películas y series que ya forman parte de nuestra memoria como espectadores y de nuestra educación afectivo-sexual. Su pecho de tonel y su talento como actor seguirán alegrándonos el día cada vez que nos pongamos alguna de sus pelis, y a todo esto, debo abandonaros porque voy a revisar ahora mismo su “FX, efectos mortales”, película que si no habéis visto, os recomiendo de todo corazón. ¡Te queremos, Brian!

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