Mi merienda eres tú: una novela de gorditos divertida, adictiva y muy spicy

Desde que leí las primeras páginas de la novela Mi merienda eres tú, sentí deseos de charlar con su autor, Víctor Montol. Me gustó ese aire alegre que transmite, el cariño que se percibe en la construcción de una historia ambiciosa (muchos personajes, diferentes puntos de vista, un enfoque coral) y las ganas de captar una realidad cotidiana que nos llegue a todos… especialmente a todos los que estamos interesados en ese mundo poblado por gorditos, osos y demás fauna habitual de la comunidad bear. Por no hablar del erotismo, porque a todo esto no solo de Palabra de oso vive el hombre, y tenemos que celebrar que Mi merienda eres tú es una muy recomendable aportación a este imaginario erótico literario del que venimos ocupándonos desde esta web.

Dicho esto, veamos qué nos cuenta el propio Víctor de su novela. Leedla hasta el final porque tiene recompensa.

Hola, Víctor, hasta donde sé, eres un hombre de muchas facetas, entre ellas la de informático y desarrollador de videojuegos, y no sé si el vicio de la escritura había llamado a tu puerta ya desde tus años jóvenes. ¿En qué momento te propones sentarte a escribir una novela erótica sobre gorditos? ¿Cuál fue el catalizador?

Aciertas en que le doy al lápiz desde antes de que me saliera la barba, y no he parado desde entonces. (Oye, qué sincera me ha quedado esa respuesta). Soy un friki del cómic, así que en su momento soñé con dedicarme al noveno arte y escribí argumentos y guiones para proyectos que nunca cuajaron. Luego la vida laboral me llevó por otros derroteros más realistas. Mi faceta de escritor se limitó a redactar aburridos manuales técnicos y hacer algo de ghostwriting para novela romántica spicy. También soy autor de un puñado de relatos muy hot que, si buscas en los sitios correctos —guiño, guiño—, seguro que encuentras. Me tuve que olvidar de las pajas mentales (solo esas) y dejar que fueran otros los que se hicieran las… ilusiones.

Hace un par de años le presté mi portátil a un buen amigo por unos días. Cuando me lo devolvió, me contó cómo había encontrado mi carpeta de “Proyectos frustrados”. Supongo que estaba buscando algo  “por**” y se le fue una tecla. La cuestión es que acabó leyendo los borradores de “Mi Merienda…”. Me aseguró que le habían gustado y me animó a continuarla y a tomármelo en serio. Yo tenía dudas: por un lado quería acabar esta historia y compartirla con mi círculo de amistades, pero por otro ya me estoy haciendo mayor y el sofá cada vez tiene más autoridad en mi casa. Así que mi amigo me dijo lo peor que se le puede decir a una persona en mi situación: «Lo que pasa es que no tienes huevos para publicarla»

Ese fue el verdadero desencadenante. Aquella ofensa contra mi masculinidad tóxica me sirvió para dejarme de excusas y ponerme manos a la obra.

Dime cómo le presentarías tu novela a alguien que está buscando algo de lectura sobre tema de osos y gorditos. 

Uno de mis lectores beta me dijo, entre risas: “Tío, has escrito una sitcom pornobear”. Yo no tengo ni idea de si ese subgénero literario existe o si la RAE lo tiene pendiente en la agenda 2030, pero describe a la perfección lo que te vas a encontrar dentro: una historia slice of life, de la vida cotidiana, desenfadada, divertida y muy cachonda, donde todo gira en torno al sexo.

Sus protagonistas son chicos grandotes de distintas generaciones. Personas normales y corrientes, un poco desastres, con sus manías, defectos e inseguridades. Se van a meter en los típicos enredos absurdos que le dan vidilla a todo este tinglado. Y como estos chicos son así de básicos, durante su aventura van a visitar todos los escenarios exóticos imaginables: cruising en áreas de servicio, los vestuarios de una piscina, el parking de un centro comercial, una playa nudista, la última fila de una sala de cine… Creo que no me he dejado muchos por visitar. Sus historias tienen un punto común y no te puedo contar más sin soltar un spoiler como una casa.

Pero voy a ser honesto: Lo que de verdad quería contar es la historia de amor que siempre hay detrás de estos relatos. Aquí hay varias distintas, cada una narrada desde el punto de vista de cada personaje. Porque, si me tocas en el fondo (tiene que ser muy en el fondo, aclaro), yo también soy un romántico empedernido.

Me gusta mucho el tono de la historia, sobre todo porque no excluye el humor y en ocasiones das con soluciones narrativas originales. ¿Dirías que ese tono te representa?

Definitivamente. El título ya es toda una declaración de intenciones. Quería tener libertad total para contar lo que me saliera de las narices y hacerlo como me apeteciera; romper las reglas de la escritura y pasármelo bien durante el proceso. Y, de paso, arrancarle una sonrisa a los lectores con un humor irónico y, a la vez, absurdo. Aquí hay sexo desde el principio. Antes de acabar el primer párrafo ya sabemos lo que tiene entre las manos Alex, el chico protagonista que es una auténtica bomba de hormonas adolescente con toda la sangre concentrada en una sola cabeza. Te lo puedes encontrar peleándose con el narrador durante el primer episodio. Y si eso te parece original, espera a llegar al capítulo en el que le corrige los textos al mismísimo escritor para dejarlo todo más clarito.

Debo admitir que también me encanta trolear a los lectores con giros inesperados, desquiciarlos en la medida de lo posible, tergiversar las palabras y dejar caer cliffhangers al final de cada episodio. Si en algún momento de la lectura tienes esa sensación de “What The Fuck?!” no te preocupes: es completamente intencionado.

 ¿Qué es lo que querías que estuviera en tu novela y qué es lo que definitivamente querías dejar fuera? 

Las escenas de sexo no eran negociables. Se pueden escribir relatos eróticos que no tengan un componente amoroso asociado, pero no pasa lo mismo a la inversa: no se puede escribir una historia de amor real entre chicos grandotes sin que haya folleteo. Simplemente, no me resulta nada creíble. Podría darse un caso en alguna galaxia lejana, muy lejana, gobernada por algún emperador vestido de blanco… pero no es lo que me encuentro en la vida real. 

No quería escribir un sucedáneo descafeinado de Heartstopper en donde los protagonistas están predestinados a enamorarse desde el título y luego tardan tres temporadas en darse un revolcón ¡y con los calzoncillos puestos!… ¿En serio? ¡Venga, vamos! Esta novela es mucho más realista en cuanto al sexo. Aquí nos atenemos a las leyes de la naturaleza que dicen que, con el nivel de testosterona adecuado, no aguantamos más de cinco minutos.

Lo que no quería escribir era otro drama intenso. En la novela hablo de superación personal, de salir del armario; también toco temas como la ansiedad, los miedos al rechazo o las vejaciones, pero siempre desde el lado más luminoso y optimista.

Más cosas que me gustan de “Mi merienda eres tú”: 1) que se ocupe del tema de la sexualidad en edades tempranas, eso que ahora llaman historias de iniciación o “coming of age” y 2) que transcurra en unos ambientes cotidianos más locales fuera del glamour de las grandes ciudades. Supongo que estos dos puntos los tenías muy claros desde el principio.

Clarísimos. Esta es una historia de orígenes y de primeras experiencias, de esos amores de verano que tanto nos gustan; de adolescentes que buscan su primera vez y quieren romper armarios (aunque yo diría que, más que un coming out, ellos lo que quieren hacer es un cumming in en toda regla). 

Y también habla de hombres cuarentones que no tuvieron la oportunidad de ser libres en su momento y que van a descubrir nuevas sensaciones con unos años de retraso. También sale alguna drag barbuda y se ha colado algún hetero, pero tranquilo, es inofensivo y tiene puestas sus vacunas. La historia se sitúa en una pequeña ciudad de la que nunca se dice el nombre: solo se sabe que esta situada cerca de una capital de provincia. En este escenario es casi imposible esconderse: está repleto de cotillas dispuestos a darle a la lengua, así que va a ser difícil (muy difícil) guardar cualquier secreto. Este pueblo podría ser el tuyo, el mío o el de cualquier lector. ¡Es el lugar perfecto para una comedia de enredos!

¿Crees que para tratarse de una primera novela te metiste en camisa de once varas, más que nada por tratarse de una novela coral, con muchos personajes y muchas situaciones? 

¡Ay! Es que me encanta complicarme la vida. Te voy a contar un secreto: una parte de la historia está basada en personas y hechos reales —y hasta aquí puedo leer sin romper mi inexistente contrato de confidencialidad—. Eso era una ventaja, ya que no tenía muchos problemas para “perderme” con el relato. Además, todas las historias convergen al final de manera orgánica, así que no me resultó muy difícil.

¿En qué momento descubres que la historia que te llevas entre manos acabará siendo un novelón de 500 páginas? ¿Algún problema de vértigo puntual? ¿Es verdad que te ha llevado diez años terminarla?

La historia de “Mi merienda…” lleva mucho tiempo cociéndose. El borrador original se escribió en el verano de 2012. Mi intención era publicarla por entregas en un blog, un capítulo cada poco tiempo, así que no me preocupaba mucho por la extensión de la misma. El problema llegó cuando quise hacer una edición en papel. Cuando terminé la maquetación, me llevé un buen susto al ver el número de páginas: intenté recortar todo lo posible, pero la historia ya estaba escrita. Así que seguimos adelante. Gajes del oficio.

Has planteado tu historia de una manera que me recuerda a aquellos libros juguetones de “Elige tu propia aventura”, le das al lector la opción de leer o de saltarse las escenas de sexo explícito. ¿Es por afán de llegar a más lectores?

Me pareció divertido lo de marcar el inicio de las escenas hot con un signo de Warning! para prevenir al lector. Y utilizar otro simbolito cuqui para señalar la vuelta a una “lectura segura”. Me preguntaba en que mood me podía encontrar al posible lector: lo mismo estaba por la labor de “yo solo quiero reírme y saber si Fulanito y Menganito al final se enrollan”, que en plan “¡Arf, arf! ¡Dame más fuerte, azótame con tu mano libre, que estoy como una perra en celo!” Luego me di cuenta de que se puede utilizar este sistema a la inversa y apareció un diablillo sonriente encima de mi hombro agitando su colita y diciéndome: “Hazlo”.¿Y… sabes qué? Creo que… funciona.

¿Cómo abordaste el tema de las escenas eróticas? A menudo se dice que resultan difíciles de escribir, aunque yo nunca he estado de acuerdo, no sé qué pensarás tú al respecto. 

Opino como tú. Me encanta narrar este tipo de escenas. Recrearme en los detalles, intentar plasmar las sensaciones de manera realista e ir encendiendo el ambiente hasta que al lector le salga humo por las orejas. Me costó mucho más encontrar el punto exacto dónde me sentía cómodo, y me parece bastante más difícil desarrollar a los personajes y lograr que la química entre ellos sea creíble. Espero haberlo logrado.

Llevo años intentando hacerme millonario con mis novelas de osos y tú autoeditas tu novela y la pones en libre descarga para los lectores interesados. Creo que eres todo un ejemplo, ¿cómo llegas a tomar esa decisión?

Desde el principio tenía claro que esta novela iba a tener una versión digital 100% free al alcance de todo el mundo. Por desgracia, el formato blog que tenía pensado y funcionaba bien hace diez años, ahora esta muerto, y es impensable publicarlo en redes sociales por culpa de la censura, así que hacer un eBook me pareció lo más cómodo y viable. 

Conozco el mundillo del marketing digital y también he publicado antes con editoriales. No es lo que quería conseguir con esta novela. No me cansaré de decirlo: después de tantos años como lector, yo también quería aportar mi granito de arena a toda esta comunidad bear que tantos buenos ratos me ha aportado. Así que decidí quitar todas las barreras y facilitar que llegue a todas las personas interesadas.

¿Te has quedado tan exhausto después de este proyecto que abandonas el mundo literario o seguirás tramando nuevas historias?

¡Para nada, todo lo contrario! Ahora que he cogido el ritmo, no paran de surgir nuevas historias. Sigo escribiendo a diario, así que siento comunicarte que las bizarras homoaventuras de Mi Merienda Eres Tú continuarán, eso sí, en un formato más breve. Ya hay un Especial Navidad preparado que no creo que supere las trescientas páginas.

Al inicio de tu novela nos garantizas que no has usado la IA para su elaboración. Es triste pero creo que estamos iniciando una etapa en la que este tipo de mensajes se volverán necesarios. ¿Cómo ves tú el tema? 

Debo reconocer que yo mismo estoy en una relación de amor-odio según el día. Mi trabajo como informático ya no lo puedo concebir como hace cuatro años. No me ha quedado otra que adaptarme. Mi faceta creativa ha sido completamente abolida y delegada en un ChatGPT que finge ser simpático conmigo después de concederle acceso total a mi disco duro. En cambio, ahora produzco mucho más rápido, y eso me ha servido para ganar un tiempo precioso que ahora puedo dedicarle a la escritura. ¿Eso es bueno o malo? Yo he optado por no usar la IA a la hora de escribir, y creo que se nota. 

Primero, porque gran parte de esta novela está escrita antes de que cualquiera de estas inteligencias naciera. Segundo, porque en cuanto escriba en un prompt  las palabras “sexo” y  “adolescente”, me huelo que van a saltar todas las alertas rojas del FBI y me van a durar los baneos hasta que me jubile.

Te voy a contar una anécdota. Encontré a un autor que prometía “increíbles historias románticas entre chicos de talla XXL”. A mi me pones la palabra chubby o bear en un libro y soy así de básico: compro seguro. Además, ese autor ya había publicado otras tres de la misma temática y las añadí al carrito sin pensarlo. Cuando las leí saltó a la vista que ahí fallaba algo. Me parecieron todas iguales. Correctas, bien escritas, pero a la vez frías y sin alma. Como el beso que me da mi suegro en mi cumpleaños. Se notaba a kilómetros que las había escrito una máquina. Lo que tengo claro es que no es ESO lo que yo quiero para mis lectores.

Pero ya basta de hablar de tu libro, hablemos de mis novelas de osos, cuéntame algo, no sé, cómo las descubriste, si te engancharon desde un primer momento, si hirieron tu sensibilidad, no sé, cualquier cosa. 

Vengo de un pueblo, así que encontrar algo de literatura LGTBI en los kioscos en mi juventud ya era una odisea imposible. Encontré en un rastro la novela El día que murió Chanquete de José L. Collado y me llevé una alegría. ¡Era una novela con osos donde se follaba sin tapujos! Me pareció encontrar un tesoro y me propuse buscar más libros dentro de ese género. 

Durante años no encontré nada parecido. Un día, en algún rinconcito sórdido de Tumblr, asomó la portada de Todo empieza en Nueva York y me lleve una buena sorpresa. ¡Al fin, la novela que iba buscando! Humor, sexo sin dramas, referencias pulp, una tierna historia de amor… ¡y encima con un “Continuará” en la última página! ¿Por qué me haces esto? ¿Tú sabes que me crié viendo telenovelas? ¡Soy un chico fácil, me enganché con la primera lectura! Lo que heriste fueron mis córneas y mi economía.

Ahora parece algo relativamente sencillo, porque hay más oferta de literatura bear y hay sitios donde comprar on-line, pero hace más de diez años fuiste todo un pionero con tus novelas y aprovecho para felicitarte y agradecértelo.

Además de todo lo que hemos hablado, ¿alguna recomendación más, algo que te apetezca mencionar?

Si has llegado hasta este punto de la entrevista sin arrancarte las uñas, ya me doy por contento. ¿Puedo dejar un mensaje para tus lectores? Que os invito a leer mi novela y compartirla con vuestros conocidos. O con vuestro peor enemigo, lo que consideréis oportuno. Y que si Bob me deja y no me mete en su lista negra después de esta entrevista, ya lo iré avisando de mis novedades. Un besote donde más os guste.

Y otro para ti, Víctor. Claro que sí, seguiremos muy atentos a tus novedades y daremos cuenta de todas ellas desde esta web. Para terminar, el regalo prometido para los que habéis llegado hasta aquí: podéis descargar la novela Mi merienda eres tú de manera gratuita y en formato electrónico desde la web de alelos.es

Recordando a Gailard Sartain

Por algún motivo el año pasado se me antojó revisar la filmografía de Alan Rudolph, realizador formado como discípulo del gran Robert Altman, y quien a su vez consiguió un estilo particular, marcado entre otras cosas, por su libertad creativa y por el amor que profesaba a sus personajes/actores. Como Altman, Rudolph gustaba de rodearse de elencos amplios cuyos rostros acababan colándose una y otra vez en sus producciones. Una de las caras que más me llamó la atención durante este ejercicio de revisión de la filmografía de Rudolph fue la de un actor cuyo nombre resultaba desconocido para mí, Gailard Sartain, quien —según acabamos de saber— nos dejó el pasado jueves 19 de junio.

Por su físico y su aspecto tirando a vulgar, Gailard se reveló como el actor perfecto para esos pequeños roles, desde el ayudante del sheriff, al hombre común o al candidato para una pequeña alcaldía. Con todo, su nombre nunca destacó a la altura de célebres actores secundarios de los que hemos venido ocupándonos en esta web, tales como Allen Garfield, Ned Beatty o un Brian Dennehy. Durante la redacción de este post no ha dejado de darme vueltas la idea de que a Gailard quizá las cosas le hubiesen ido incluso mejor en caso de haber tenido un nombre artístico con más gancho. Incluso en los comentarios que he leído en foros dedicados a su memoria, observo que sus seguidores a menudo escriben mal su nombre, cambiándolo por Gaylord (este me encanta) o cosas similares.

El caso es que a Gailard la fama le encontró de manera accidental. A finales de los años sesenta del pasado siglo, decide desplazarse desde su Tulsa natal hasta Nueva York, donde trabajó como ayudante de un reputado ilustrador, un paisano suyo llamado Paul Davis (The New Yorker, The New York Times, Playboy). Tras su periodo neoyorquino Gailard decide regresar a Tulsa para terminar sus estudios y pronto empieza a trabajar como operador de cámara en una televisión local. Será en esta pequeña estación de televisión, la KTUL-TV, Channel 8 de Tulsa, donde en el año 1971 pone en marcha su propio show: The Uncanny Film Festival and Camp Meeting, un espacio dedicado a la emisión de películas de terror en el que Gailard asume el papel de anfitrión, con su alias de Dr. Mazeppa Pompazoidi junto a Jim Millaway, su copresentador. Las crónicas de la época nos cuentan que la originalidad del programa y su humor salvajemente inventivo se anticipó a tótems televisivos posteriores como el Saturday Night Live. La verdad sea dicha, con estas credenciales iniciales el bueno de Gailard ya nos tenía medio conquistados. Será poco después, en el año 1973 cuando sea contratado para el papel de Sheriff Orville P. Bullmoose en la serie Hee Haw, un programa humorístico que combina sketches y actuaciones musicales en el contexto de un pueblecito ficticio de la América rural, en pleno cinturón del maíz.

Ese será el verdadero lanzamiento de su carrera y también su principal aval. El nombre de Gailard Sartain estará vinculado a dicha serie hasta el año 1992. Mientras tanto numerosos directores, muchos de ellos renombrados, recurrirán a él para pequeños papeles. A Gailard lo hemos visto en el The Outsiders de Coppola, en Mississippi Burning, de Alan Parker, en The Grifters de Stephen Frears, en The Big Easy de Jim McBride, y como decíamos, en un puñado de títulos de Alan Rudolph, entre los que destacamos, Choose Me, The Moderns, Trouble In Mind o Love At Large. Paralelamente intervino en numerosos programas y series como Los Simpsons o Chicago Hope o, ya en en sus últimos trabajos, en producciones de dudosa catadura como el Texas Ranger de Chuck Norris o algún bodrio de Steven Seagal, antes de despedirse de la actuación con su participación en la más decente Elizabethtown (2005) de Cameron Crowe. En fin, una de esas carreras azarosas e irregulares que tanto nos fascinan. Como nos gusta decir, por aquí somos más partidarios de las erráticas carreras de los actores secundarios que de las inmaculadas carreras de las estrellas al uso.

Desde el año el año 2005, Gailard Sartain vivía retirado los focos del cine y la televisión. Entre los escasos datos biográficos que encontramos, se señala su faceta como pintor e ilustrador. Fallecido a los 78 años tras un largo declive físico, a Gailard (que se casó en dos ocasiones) le sobreviven sus hijos Sarah, Esther y Ben, su nieta Chloe, y su tataranieto Teddy. Puede que en España su nombre no resulte especialmente conocido, de ahí que nos importe mucho llevar a cabo este pequeño homenaje. No lo hemos dicho antes, pero contemplar su rostro en las películas de Alan Rudolph, nos llevó a recordar un hecho fundamental que tuvo lugar durante nuestros años de despertar sexual: porque la primera vez que vimos a Gailard Sartain en un cine fue con motivo del estreno de la extraordinaria The Grifters (1990), en ella Gailard tiene un papel episódico como Joe, el casero de Myra, la fulana que interpreta Annette Benning. Hay un momento en el que Joe le reclama a Myra las semanas de alquiler impagadas. Myra se desnuda y le recibe sobre la cama de su habitación, exhibiendo sus apetitosas curvas, dándole a elegir entre el dinero que descansa en la mesita de noche o la mercancía que se le ofrece a la vista. Gailard se maldice a sí mismo por su debilidad y por ser tan susceptible a los placeres de la carne. Enseguida sabremos qué decisión tomará. Algo parecido nos pasa a nosotros. Somos así de básicos y siempre recordaremos esa escena, del mismo modo que siempre recordaremos a Gailard. ¡Buen viaje, precioso!

A pèl, una exposición de Polleiro

El pasado sábado 7 de junio se inauguró una exposición de originales del ilustrador y dibujante Ismael Ferrer, más conocido por su alias artístico Polleiro. La muestra estará abierta al público hasta el próximo 30 de junio en la Galería Taller Balam de Barcelona (a dos minutos de la parada de metro Lesseps) y en ella se recoge una buena selección de dibujos perfecta para iniciarse en el trabajo del artista. Además, la exposición se presenta como un oportuno complemento a la reciente publicación de su nuevo libro The Big Book of Polleiro [Chaumington Ed.], una recopilación del trabajo realizado durante estos últimos años que resume primorosamente el aliento erótico-festivo de su proyecto. Cuerpos de gran envergadura capturados por un trazo inconfundible que logra un difícil equilibrio entre la modalidad cartoon y el realismo. Nadie hubiese pensado que unas viñetas que recuerdan lejanamente al arte de maestros consagrados como un Ralf König acabasen por resultar tan sexys.

En las obras reunidas en esta muestra se aprecia ese gusto de Polleiro por la expresividad del trazo, por las envergaduras rotundas, por el sensual uso del color a través de las acuarelas y sobre todo por esa naturalidad con la que pasamos del boceto a la obra acabada. Algunas de las obras escogidas son bosquejos extraídos de las numerosos cuadernos que acumula el artista, un trabajo que transmite esa sensación efervescente de constante work in progress, de la belleza de lo inacabado o de la materialidad del propio proceso artístico. A la postre, la exposición transmite la idea de que la obra está terminada cuando así lo decide el artista.

Para los que desconozcáis su trabajo, podéis haceros con un ejemplar del mencionado The Big Book of Polleiro. Un festín para los ojos de todos aquellos amantes del erotismo protagonizado por hombres grandes. Dividido en siete apartados (Homo, Duo, Anal, Many, Fantasies, Oral, Sketch), el libro se recrea en un sinfín de situaciones eróticas donde se presta tanta atención a la fisicidad de los cuerpos como a la misma idea de morbo. En definitiva, el antídoto perfecto para los aburridos físicos normativos con los que nos saturan la publicidad y el mainstream de cada día. Como reza la contraportada: Forget the abs!

Bob Flesh habla sobre su nueva novela

Se cumplen dos meses del lanzamiento de mi última novela, Nunca en viernes 13, y me parece una buena ocasión para repescar la entrevista que me hicieron en la web bearinbcn.com a propósito de su publicación. Por cierto si no conocéis la web, echadle un vistazo porque incluye abundante información sobre la escena bear, especialmente para los que vivís en Barcelona.

Lee la entrevista aquí.

Recuerda que puedes conseguir mis novelas de osos pinchando en este enlace.

Nueva entrega de Pellizco en la nuca

La tercera entrega del cómic Pellizco en la nuca se presenta fuertecita, con un extra de erotismo, con esa pizca de magia marca de la serie, ese gusto por lo onírico, la ensoñación o lo fantástico a escala cotidiana y encaminando su trama hacia su resolución, que tendrá lugar en el próximo número. Continuamos con el devenir de Juan, su orondo protagonista, en esta ocasión entregado a los placeres que le procura el tiempo libre recién conquistado, persiguiendo la estela de aquel misterioso hombre que le hizo experimentar el pellizco en la nuca y cultivando las relaciones con su entorno familiar y de amistades, entre las que se cuentan su exmujer Adela o sus amigos Ángel y Bobby. Precisamente Bobby, el propietario del bar donde se reúnen los personajes, protagoniza la portada de este nuevo grapado, un personaje cuyo culto e interés no para de crecer entre los nuevos lectores que se incorporan a la serie.

El dibujo de José Manuel Hortelano-Pi continua evolucionando hacia el más puro esplendor (las primeras páginas de este número son una escalada hacia la sensualidad desatada, enlazando varios planos narrativos, haciendo virguerías con las transiciones entre escenas y cargando las tintas hasta alcanzar lo épico), mientras la historia de Juan, su protagonista, avanza sin pausa hasta su intrigante desenlace. Como en los números anteriores, el guion corre a cargo de Manolo Dos.

Si quieres hacerte con cualquiera de los números de la serie, puedes conseguirlos aquí.

Y si quieres leer más sobre este proyecto, puedes repescar las respectivas entradas que dedicamos al número 1 y al número 2.