Hombres enamorados

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«Me gustaría saber por qué casi todos aquellos hombres que se aproximan a la grandeza tienden a la homosexualidad, tanto si lo admiten como no». Leído en la correspondencia del escritor D.H. Lawrence (1885-1930). En la imagen Alan Bates y Oliver Reed en la célebre escena cuerpo a cuerpo de la adaptación de su novela Mujeres enamoradas. Las nuevas masculinidades vienen de lejos.

Bear Actors: Edward Arnold y el porno para osos

Suscribo todo lo que dice el Dr. Insermini en materia de osos, cine y Hollywood, por eso es un placer tenerlo de nuevo como blogger invitado en una nueva entrega de Bear Actors. Hoy unas jugosas reflexiones sobre los osos magníficos del pasado, sus voces varoniles y la decadencia del porno para osos. Algo está pasando. Invoco la llegada de una nueva era de erotismo, invoco la llegada de un erotismo más sutil, excitante y cerebral. El Dr. Insermini tiene razón, estamos cansados de tanta mamada y enculada gratuita, queremos más, queremos todo eso que se pierde por el camino de la inmediatez. He aquí una receta de éxito para avispados productores de porno bear.

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Llevaba un tiempo queriendo escribir sobre Edward Arnold, y qué mejor que hacerlo aquí en Palabra de Oso, porque en absoluto tengo la intención de comentar su extensa filmografía. Lo que me apetece realmente es hablar sin rodeos del efecto que me ha provocado este actor grande, por su talla y también por su talento, un hombre de maneras muy masculinas, que conoció el éxito en las décadas de los 30 y los 40, en un momento en el que ya había dejado atrás su juventud y se había convertido en un daddy de poderosa presencia física. Quería aprovechar también para hacer una reflexión sobre el aburrido destino del porno. Y diréis que a qué viene eso, pero es que viendo a Edward Arnold en sus viejas películas en blanco y negro me he sentido más excitado que viendo cualquier película random de ositos. Quizá en el fotograma de arriba no os parezca para tanto. Y es que para sentir su hechizo es necesario verlo y oírlo, porque las dos grandes cualidades que convierten a Edward Arnold en un daddy hot-hot-hot son: su voz, que más que de su garganta o sus pulmones, nace directamente de sus testículos, y una tremenda, inesperada, agilidad física. En esta época de porno desatado, es fácil que a golpe de enculadas y mamadas filmadas en planos detalle, uno termine olvidando lo que de verdad resulta sexy, y estas dos cualidades, creedme, no tan obvias, deben ser urgentemente reivindicadas. Así que gentes del porno, por favor, presten atención, porque en un par de pinceladas y usando a Edward Arnold como ejemplo voy a darles algunas ideas que harían que sus películas fueran mejores, más excitantes, menos aburridas.

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Respecto a la voz. Resulta sorprendente lo poco explotado que está este recurso en el porno. De la misma forma que una voz chillona y repelente en boca de un pedazo de oso puede hacer que tu líbido se derrumbe, y que prefieras irte a tu casa a pasarles un algodón húmedo a las hojas de tus plantas, una voz varonil, o simplemente armoniosa, pero que refleje una fuerte personalidad, puede marcar la diferencia entre un simple “me hace tilín” y un ¡mátame camión! Queremos que los osos hablen más en la películas. Nos importa su voz, queremos que digan marranadas cuando están follando, claro que sí, pero también queremos saber cómo es su voz, oirlos hablar y perdernos en el misterio de sus notas vocales. Escuchad durante un minuto a Edward Arnold, imaginad a esta bestia follando, por favor.

La agilidad. Pensad una cosa, ¿qué hay más hot que John Goodman? John Goodman bailando. Para expresar esta idea no se me ocurre nada mejor que recuperar el videoclip de la canción de The Avalanches Since I Left You, en el que un hombre del montón y su amigo llegan a través de un túnel a un estudio de danza donde dos bailarinas hacen sus coreografías. Uno de ellos, arrastrado por la belleza del momento, se une a las chicas y a sus bailes. De repente, lo que era un osito sexy se convierte en un osito enloquecedor, al que miras hipnotizado y al que sólo deseas comerte.

Mucho de esto hay en el caso de Edward Arnold.

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En la primera película suya que vi, Eyes in the Night (1942) interpreta a Duncan “Mac” Maclain, un detective ciego (sí, ciego!!) aficionado a la lucha libre. En la primera escena de la película aparece practicando llaves y sometiendo uno por uno a todos sus amigos. ¡Qué premonitorio! Poco sabía yo que el ambiente homoerótico de la escena iba a ir asociado ya para siempre a Edward Arnold.

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Creo que me daréis la razón si digo que un oso o un chubby es siempre más sexy si sus kilos de más no le impiden tener agilidad y rapidez de movimientos. Si es capaz de sorprendernos. También quiero algo de eso en el porno, no quiero gente muerta, sin alma, follando. En Easy Living (1937) Edward Arnold da vida a un millonario muy duro en los negocios, pero de gran corazón. En esta película, una comedia muy loca, llena de gags físicos, demuestra una vez más que su corpulencia no le impedía estar en una gran forma física. Tiene varias escenas de caídas en la película, y creedme, las he capturado fotograma a fotograma y no hay trampa ni cartón, es él quien las hacía.

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No sé si a estas alturas le habréis pillado al punto a Edward Arnold, si no lo habéis hecho es que he fracasado. Sólo me queda sacarme de la manga estas dos capturas de Eyes in the Night, en las que lo encuentro especialmente sexy.

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Respecto al porno, creo que simplemente he hecho un llamamiento para que las películas incorporen un poco más de visión, que aprovechen más el carisma y las cualidades de los actores, que no crean que lo tienen todo todo ganado por tener un reparto de hermosos ositos de barba perfecta. Queremos algo del espíritu de Edward Arnold en la películas de osos. Y lo queremos ya.

Dos años de Palabra de Oso

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Se cumplen ahora dos años de la publicación de mis dos primeras novelas de osos, Todo empieza en Nueva York y Vacaciones en el mar. Cuando echo la vista atrás me sorprendo de cómo ha ido evolucionando este proyecto a lo largo de este corto periodo de tiempo. A día de hoy, la serie Palabra de Oso se compone ya de seis novelas publicadas y de una séptima a punto de caramelo. Pero no solo eso, lo que empezó como una aventura editorial en el campo del libro digital acaba de dar el salto al papel, y francamente, estoy tremendamente orgulloso de la preciosa edición en tapa blanda de cada una mis criaturas.

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Como dije en algún lugar, tengo dos grandes pasiones, una es escribir y la otra es el erotismo desplegado por los tipos grandes, robustos, rotundos, redondos y, en definitiva, osos. De la confluencia de ambas pasiones surgió Palabra de Oso, en un intento de desarrollar ficciones amenas, calientes y divertidas que se ocupen de la sensibilidad propia de la subcultura bear. Porque, ¿sabéis una cosa?, los gorditos, los osos, los chasers, los daddies y todos los demás necesitamos historias que se ocupen de nosotros, ficciones en las que podamos reconocer nuestros gustos y nuestra manera de entender el erotismo. Cuando el mainstream te excluye (sí, incluso el mainstream marica), uno se ve en la necesidad de paliar tales ausencias. Pero no solo eso. Para mí no bastaba con sentarse a escribir. El desafío iba en serio. Por encima de todo, era preciso que mis libros estuvieran escritos de manera impecable. Obviamente no me corresponde a mí juzgar esto, pero sí puedo afirmar que me esfuerzo al máximo por que cada una de las líneas que escribo ofrezca algún tipo de recompensa para los amantes de la literatura. Y no quiero ponerme elevado, dios me libre. Al fin y al cabo, Palabra de Oso se alimenta de los géneros populares, de la tradición pulp, del melodrama, de las sucias novelas policíacas, de la herencia televisiva post-Lost, de la ciencia ficción, del misterio, del porno de osos y de muchas cosas más. La cuestión es gozar, fluir, dejarse seducir. Yo disfruto escribiendo, del mismo modo que me gusta pensar que lo hacen mis numerosos lectores. De hecho, ahora mismo, el motor fundamental de la serie se nutre de la maravillosa respuesta obtenida por parte de mis lectores, lectores de todo el mundo con quienes siempre estaré en deuda, de América Latina, de España, de Estados Unidos y de muchos otros lugares.

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Precisamente, han sido muchos de mis lectores los que me han animado a que lance la serie en formato físico y a quienes también quiero agradecerles esto. Estoy tremendamente satisfecho con la experiencia. Las diferentes novelas de la serie pedían el salto al papel y lo han hecho de la mejor manera posible, a través de una cuidada edición de mi propio sello BigBearBooks respetando al máximo toda la filosofía del proyecto.

Dicho esto, comprenderéis que resulte inevitable hacer nuevos amigos por el camino. Estoy feliz de contar con colaboradores tremendos como mi querido diseñador Pepe Buonamisis o mis adorados fotógrafos, tales como Gianorso (qué lujazo que me cediese la foto de portada para Arde París, con los guapísimos Iván y Gabo en posición sexy y amorosa), Carlos J. Bauti aka Woofioso (qué gusto tenerlo delante y detrás de la cámara) o mi nuevo fichaje, el polifacético fotógrafo y DJ mexicano Martín Cortés (atención a la portada del próximo volumen).

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¿Unas palabras sobre el futuro de la serie? Faltaría más. Como ya he anunciado, para esta misma primavera publicaré el volumen 7 en ambos formatos, digital y físico, y para finales de año llegarán más aventuras de Marc Kaplan en un mundo poblado de osos inocentes, culpables, ambiguos y siempre seductores. Porque la sensación actual es la de que aún me quedan muchas cosas por contar sobre Marc Kaplan y su precioso marido, el fabuloso oso polar Theodor. Quedan tantos aspectos por desarrollar y sorpresas por desvelar que sigo percibiendo un cosquilleo sutil en las zonas bajas de mi anatomía, una sensación deliciosa que me anima a mantener la ilusión, a seguir escribiendo y a continuar con esta épica aventura osuna. Lo habéis adivinado. Hay Palabra de Oso para rato.

Un año sin Bob

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Hoy 29 de abril se cumple un año de la muerte de Bob, porque para mí, Bob Hoskins era simplemente Bob. Si se estrenaba una nueva peli de Bob, yo iba a verla de cabeza. No me importaba en absoluto lo que dijeran las críticas. Porque Bob hizo de todo, tiene una de esas carreras que adoro, repleta de grandes películas y de otras menos memorables, dispares, inesperadas e incluso completamente desatinadas. Yo las veía todas, bueno, o casi todas, para no mentir, y en todas ellas me veía recompensado de alguna manera. La magia de Bob traspasaba la pantalla hasta alcanzarme. Tenía estilo, toneladas de buen hacer y un físico rudo y compacto que —proyectado en pantalla grande— podía llegar a provocarme taquicardias (lo juro). Años más tarde, cuando empezó a manifestarse esta cosa del rollo bear empecé a entender lo que me pasaba. Bob Hoskins era el actor oso por excelencia. Para mí, en su figura confluían dos pasiones, la del cine y la descontrolada etapa del despertar sexual. Nos pasó a muchos. No en vano sigue ocupando una posición de honor en el Olimpo de actores osos. Hoy quiero recordarle con una selección de sus cinco mejores películas como protagonista. El año próximo escogeré mis favoritas entre sus docenas de trabajos como secundario. Su carrera da para mucho, está llena de tesoros. I love you, Bob.

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El largo Viernes Santo (1980)
Película fundamental en la trayectoria de Bob, pieza de cine negro british superlativa y primer papel protagonista de peso para él. En ella interpreta a un mafioso de furia difícilmente contenida cuyos intereses se darán de bruces con las acciones terroristas del IRA. Su rotunda masculinidad complementada por la magnífica Helen Mirren y acompañada por una inolvidable banda sonora hacen de El largo Viernes Santo una experiencia a la que siempre me apetece volver. El final de la película sigue poniéndome los pelos de punta.

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Mona Lisa (1986)
Consagración definitiva de Bob Hoskins, avalada por la palma de oro a la mejor interpretación en el Festival de Cannes. Mona Lisa es una obra maestra realizada por un Neil Jordan en plena forma, una historia de gángsters y fulanas que naufragan en un océano de ansia, ambigüedad sexual y fatalidad. En ella Bob Hoskins interpreta a un expresidiario rabiosamente vulgar inmerso en un contexto de crimen, sordidez, traiciones y mentiras. Es la película que más veces he visto en mi vida. En mi humilde opinión, una de las más bonitas historias de amor jamás filmadas.

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¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988)
Sin duda, la película más popular de Bob, un clásico Disney para todas las edades. Su interpretación del arquetípico detective privado Eddie Valiant está totalmente a la altura de la apisonadora Roger Rabbit. Lo mejor que le pudo pasar es no tener secuelas. La hazaña era épica y probablemente irrepetible. A partir de aquí su fama se dispara y llega el momento en el que Bob Hoskins y Danny DeVito empezarán a ser confundidos por espectadores despistados de todo el mundo. Adoro a Danny De Vito, pero, francamente, nunca pude entender la confusión.

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El enigma del hechicero (1988)
No solo es una película realmente buena sino que es la primera de Bob Hoskins como realizador. Si bien no tuvo una carrera sólida como director —solo llegó a dirigir otra más, la fallida cinta infantil Rainbow—, El enigma del hechicero posee la distinción de las extrañas y valiosas joyas realizadas por actores-realizadores como Charles Laughton y su La noche del cazador. Un cuento sencillo y seductor en el que Bob interpreta a un gitano ambulante que atraviesa una Europa desdibujada por la atmósfera de terror que supura la Segunda Guerra Mundial. Probablemente, la película más reivindicable de toda la filmografía de nuestro querido Bob.

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El viaje de Felicia (1999)
El realizador Atom Egoyan hizo muy bien brindándole la ocasión de volver a interpretar a uno de esos personajes protagonistas inolvidables que pueblan su ya larga filmografía. Dentro del tono frío, distante y cerebral de Egoyan, Bob borda un difícil papel de buen samaritano que esconde capas progresivamente oscuras. Un cuento de terrores cotidianos y ambigüedades calculadas que te lleva por lugares que no esperas. La última gran película de Bob.