Encuesta Palabra de Oso

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La mujer que amaba a los gorditos

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Sabemos tan poco sobre la versión femenina de la figura del chaser o cazador de gorditos que el tumblr Men In Full posee un interés notable. Se trata del espacio virtual de una mujer anónima que sencillamente ama a los hombres gordos. Evitando la gran marea de imágenes pornográficas que pululan por el mundo tumblr, Men In Full propone una selección de imágenes menos obvia y a menudo más artística.

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Atenta al trabajo de artistas como Karen Moscovitch, Julia Fullerton-Batten o Les Mouches, propone un acercamiento a la belleza de las orondas formas masculinas que rehuye lugares comunes. Su selección de imágenes se alimenta de la suspensión del tiempo en un entorno cotidiano, rastreando un erotismo localizado en los márgenes de la cultura oficial, y por qué no, también más allá de la comunidad bear.

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Su punto de vista resulta valioso en un contexto en el que las dinámicas del mainstream insisten en la idea de que la gran mayoría de las mujeres están locamente enamoradas de iconos contemporáneos como George Clooney. Un mundo así sería tan aburrido que la existencia de Men In Full resulta verdaderamente reconfortante.

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Ash Christian quiere seducirte

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Mirad, después del desastroso año que dejamos atrás, con la desaparición de tres actores fundamentales dentro del universo bear como son James Gandolfini, Philip Seymour Hoffman y, sobre todo, el nunca suficientemente llorado Bob Hoskins, es natural que nos interroguemos sobre jóvenes promesas del mundo de la actuación aspirantes a recoger el testigo chub dentro del cine contemporáneo. Este es el primer especial de una serie de tres, en el que presentaremos a bellezones emergentes en el contexto audiovisual actual destacables tanto por su talento interpretativo como por su simpatía abiertamente chubby. Es muy probable que no conozcas sus nombres, del mismo modo que es muy probable que hayas tropezado con alguna seductora fotografía suya en el imparable chorro de imágenes del tumblr, hasta el punto de que todo ello te haga exclamar “esa cara me suena” o, la más apasionada, “quiero comerte el agujero”. Le corresponde el honor de inaugurar la serie al jovenzuelo Ash Cristian, actor inquieto, a punto de alcanzar los treinta, además de actor, prolífico realizador, lechoncito de piel sonrosada y ambiciones más que claras. Ash quiere seducirte, quiere contarte una historia, quiere llevarte al huerto. En tus manos está seguirle. Sepamos algo más sobre su formidable figura.

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Nacido en Paris, pero no en la capital mundial del amor, sino en la polvorienta localidad tejana que inspiró la célebre película de Wim Wenders, Ash Ray Christian es uno de esos actores cuya precocidad desconcierta al más pintado. De entrada, su nombre llama la atención, Ash Christian, literalmente “Ceniza cristiana”, nos habla de un entorno de fervor religioso y de unos padres tan aficionados a la teletienda como a las enseñanzas de las sagradas escrituras. Será quizá por ello que a la edad de diecisiete años, cuando a la sazón era un chaval delgaducho, con ecos recientes del acné adolescente aún esculpidos en su piel lechosa y con cierta tendencia al sobrepeso, Ash decide mover su culo inquieto rumbo a nuevos horizontes. Tras una infancia marcada por su amor a la interpretación, por su franca homosexualidad en un contexto hostil y por la necesidad de contar historias sobre un escenario, el regordete rostro de Ash empieza a colarse en series de televisión tan populares como “Ley y Orden”, “Ugly Betty”, “Seis metros bajo tierra”, “Boston Public”, o en blockbusters como “Domino”.

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A partir de ahí, su incipiente trayectoria se dispone a tomar impulso y a afrontar nuevos desafíos. Con solo diecinueve años (¡chúpate esa, Xavier Dolan!), Ash escribe su primera película, “Fat Girls” (2006), cinta que producirá, interpretará y dirigirá en cuanto cumpla veinte tiernos añitos en estrecha colaboración con el atormentado y también precoz realizador marica Jonathan Caouette.

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La película, de clara inspiración autobiográfica, se centra en las penurias de un adolescente enamorado de los escenarios en un amuermado pueblucho de Texas. En ella, Ash interpreta a Rodney, el protagonista de la historia. Su aspecto físico dista todavía de su aspecto actual, pocos podían imaginar que ese chaval desgarbado y mofletudo maduraría como una sandía bajo el sol de agosto.

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En fin, precocidad, ego desatado y éxitos se suceden. Tras su presentación en el Tribeca Film Festival de Nueva York, la cadena MTV contacta con Ash para proponerle la adaptación de su «Fat Girls» a un formato televisivo. Poco tiempo después, en el año 2009, Ash abraza por todo lo alto el mundo de las tablas y cosecha un éxito notable en Broadway al coproducir “Next to Normal”, un musical recompensado con once nominaciones a los premios Tony y futuro premio Pulitzer.

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La envergadura física de Ash irá engordando de manera simultánea a sus propias ambiciones en la industria. Centrado en su carrera como realizador, con ganas de convertirse en algo tan sugestivo como la versión chubby y gay de Woody Allen, en el año 2011 estrena “Mangus!”, una comedia tirando a cafre, entre lo indie y lo amateur que narra las peripecias de Mangus, un adolescente que sueña con interpretar a Jesús en la representación teatral de “Jesucristo Superstar” de su instituto. Con apariciones tan agradables como la de Heather Matarazzo o la del mismísimo John Waters, “Mangus!” tuvo una acogida más que discreta.

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Inasequible al desaliento, Ash estrenará dos años después su nueva película como realizador, “Petunia”, una comedia dramática sobre una familia disfuncional protagonizada por Thora Birch. Pese a su mayor presupuesto, las apuestas de nuestro regordete realizador no acaban de funcionar, crítica y público se siguen resistiendo a su talento. Mientras continúa trabajando como actor en series de televisión como “The Good Wife”, “Cleaners” o “Person of Interest”, Ash sigue luchando por su reconocimiento como realizador. Su nuevo proyecto, “Adventures of Sweet Yellow” se halla en fase de posproducción.

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Tanto tesón por sacar adelante su carrera como realizador es algo que muchos no llegamos a entender. Visto su potencial como actor y su formidable evolución de vulgar adolescente texano a magnífico chubby, ahora mismo estoy mucho más interesado en verlo delante de las cámaras que detrás. Con el paso de los años los restos del acné adolescente se fueron por el desagüe de la ducha, formando cristalinos remolinos de agua bajo sus pies descalzos. Ash Christian se miró en el espejo tras eliminar el vaho. La imagen que este le devolvió era la de un cachorro lleno de sofisticación. Y mientras tanto, los años van pasando apuntando con pulso certero hacia el horizonte de la madurez. De no desviarse del sendero de baldosas amarillas, Ash tiene muchos puntos a su favor para formar parte de la galería de nuestros actores secundarios gordis favoritos. Esos labios finos, esos ojitos apenas entrevistos, esa frente despejada y esa rolliza expresión sacuden algo en lo más profundo de mi ser. Ash Christian, estoy dispuesto a aprenderme tu nombre. Cher ya lo ha hecho.

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Chubbies con speedos, David Beckham y el Photoshop

Que al mainstream le incomoda un hombre gordo no es ningún secreto. Que a menudo lo convierte en objeto de mofa tampoco. El 29 de agosto del año 2011 el Daily Mail Online publicaba una noticia de lo más elocuente: David Beckham llevó a las playas de Malibú a su numerosa descendencia para darle unas lecciones básicas de surf. El santo patrón de lo metrosexual, cuyos abdominales, según el medio citado, “son la envidia de muchos hombres” (bostezo), emergía de las templadas aguas del Pacífico cuando tropezó con la figura de un magnífico chub ataviado con un sencillo y bien ceñido speedo.

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Tal encuentro merece ser considerado como lo que es, un hito cultural en toda regla en el que se baten las dos fuerzas antagónicas sobre las que gravita la historia de la comunidad bear, la dictadura de lo fashion y del canon estético universal versus la glorificación y rotunda autoafirmación de las redondeces naturales de nuestros queridos amigos los gorditos, ositos, cachorros y demás fauna bear. La elocuencia destilada por la noticia la encontramos en el tratamiento imbuido por el Daily Mail, asqueado y divertido a partes iguales por la osadía del chubby: ¡Sí, tú, grandullón! ¿¡cómo te atreves a aparecer frente al semidiós Beckham con un bañador tan diminuto!? Por si alguien se ha perdido, tal recriminación es la verdadera columna vertebral de la noticia y aquello que justifica su publicación. Con todo, la indignación y la perplejidad del Daily Mail se centra en las ridículas dimensiones del speedo. Cuando otro chubby hace aparición frente al surfero Beckham, el medio se complace en destacar que éste viste con mayor decoro, puesto que ha optado por unos shorts que tapan más porción de su anatomía.

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Se supone que todo esto tiene que ser divertido, pero francamente el punto de vista aportado desde la comunidad bear le da la vuelta a toda la situación. Sin duda, David Beckham, en un acto de justicia poética, merece ser incluido en los juegos amorosos de ambos osos, transformado en un mero toyboy, penetrado por todos sus agujeros, preñado con leche fresca, y convertido a una nueva y más contemporánea forma de entender la sexualidad. En cualquier caso, David Beckham ya es pasado.

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Poco tiempo después, en el mes de febrero de 2012, otra inmunda publicación online se complace en alertar nuevamente sobre el terrorismo estético que supone el uso de speedos por parte de los gorditos. El medio en cuestión llega a preguntarse cómo es posible que tales cosas se permitan, para alabar a continuación la fabulosa capacidad invisibilizadora del photoshop.

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El fotógrafo no duda en eliminar digitalmente la oronda figura localizada en segundo plano para dejar en un primer término a la verdadera protagonista, la adocenada beldad del biquini azul. Presuntamente, todo esto también tiene que resultar divertido, pero a un servidor esta clase de dinámicas del mainstream le parecen algo peor que aburridas. En mi opinión ha llegado el momento de declararle la guerra al canon estético universal y especialmente a todos aquellos que hacen burla de la belleza surgida en los márgenes de la cultura oficial. Es preciso meterles por el culo sus chascarrillos de tres al cuarto con buenas dosis de Chubby Power. Desde aquí declaro que queremos chubbies con speedos en todas y cada una de las playas del mundo y los queremos ya. Deseo recrear mi vista en océanos de belleza rolliza y echarme a dormir sobre la suave barriga de un dulce gordito mientras nuestras siluetas se recortan sobre el horizonte, despertar en una nueva era estética dominada por un nuevo amanecer, el Amanecer Chub.

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