Canción para hombres grandes, de Rafa Cervera

Precisamente, una vez pegué un polvo [del montón] con un hombre [muy hermoso aunque atormentado] que vivía en la avenida Roma de Barcelona, una avenida marcada con una chincheta roja en el itinerario erótico-sentimental del protagonista de la novela Canción para hombres grandes (Jekyll & Jill, 2022). Su autor, el periodista musical y escritor valenciano Rafa Cervera, del que empecé a leer reseñas de discos cuando estaba en el insti, nos ofrece una de esas historias biográficas que se leen y se disfrutan como un pedazo de vida, como un relato verdadero y emocionante que, a buen seguro, interesará a los seguidores de esta web.

¿Por qué? Para empezar por lo bien que escribe su autor, capaz de atrapar sentimientos complejos mediante un verbo vívido y sencillo. No soy muy de marcar fragmentos con lápiz, pero mi ejemplar de Canción de para hombres grandes tiene unos cuantos párrafos señalados, momentos en los que la voz de su autor da de pleno en la diana existencial. Como muestra un botón: “Abandoné el piso conyugal convencido de que cualquier cambio vital sería lícito. A continuación, tuve que combatir la aplastante sensación de culpa que me asaltó al dejar de ser el hombre que todos, yo incluido, creían que era”. Una frase que, como no quiere la cosa, resume a la perfección el tema principal del libro.

En segundo lugar, resulta especialmente sugestivo el punto de vista de su narrador, una voz subjetiva poco habitual por estos lares, la del converso; en este caso, la de un hombre heterosexual recién divorciado que se entrega a los placeres homosexuales en plena madurez. Alguien dirá que semejante tema siempre merece una novela, y dirá bien, especialmente si incluye reflexiones sobre el sexo, el amor o la maleabilidad del deseo como las que contiene este pedazo de vida. 

Otra cosa que me gusta mucho de la novela es que en ningún momento se mencione la palabra “oso” ni se alimente de los lugares habituales de la subcultura osa. Estamos tan empapados de las coordenadas habituales, que una voz nueva, ajena al contexto conocido, resulta refrescante y, de manera indirecta, nos recuerda principios básicos de sensualidad que casi teníamos olvidados.  

Canto esta canción para hombres grandes

de cara amable y mirada sosegada,

sus espaldas anchas como armarios,

hombres de grandes abrazos,

hombres que te mecen en sus brazos

Así reza la canción del grupo Single de la que Rafa Cervera ha extraído el título para su novela, unos versos que sintetizan la condición de homenaje que articula esta Canción para hombres grandes, una reivindicación de los placeres a tres bandas, de los gozos de la reinvención y de la gratitud por las experiencias compartidas, que a lo largo de sus ligeros peros sustanciosos capítulos (mención especial para su repaso de cuerpos acumulados) deviene en una suerte de manual estético y existencial bastante imprescindible para tus años de madurez. Date el gusto. Palabra de oso.

HairyMag#4 For The Lovers of Hairy Men

Calentita, recién salida del horno de la factoría Torres Ibarzo Estudio, ya está aquí el número #4 de Hairy Magazine, la revista más furry del mercado, el homenaje definitivo a los hombres peludos de todos los tamaños. No encontrarás culos más apetitosos ni torsos tan poblados como estos, una guía erótica festiva imprescindible para el hombre moderno.

Según nos cuentan desde su web: «176 páginas rebosantes de fotografías exclusivas, textos cargados de referentes y morbo, arte, color (mucho color), furrylicious, barbas y pelo, hairy backs… Todo lo ortod-oso que siempre has encontrado en Hairy Mag. Editada en un formato de lujo, más grande y voluminoso, e impresa en distintos tipos de papel deluxe; el magazine incluye, por primera vez, la traducción de todos los textos al inglés; y se publica con dos portadas diferentes a elegir.». 

Todo un festín de imágenes y colaboraciones que no descuida la palabra escrita. Junto a textos de Bob Pop, Juan Flahn, Paco Tomás, Cachorro Lozano o La Terremoto de Alcorcón, también podrás encontrar «Un culo formidable», un relato inédito de un servidor, Bob Flesh, ilustrado con un magnífico dibujo del artista José Manuel Hortelano-Pi. Con este calor, combate el fuego con el fuego. HairyMag te quiere ayudar.

Quiero mi HairyMag

El Panzine que necesitas

Aladro, ilustrador argentino habitual de Instagram, ha puesto en marcha el fanzine bear que alguien tenía que hacer, el Panzine, espontáneo, grapado, underground, como debe ser. Incluye fotos de ositos guapos y colaboraciones varias, ilustraciones, microrrelatos y mucho chub power. Por cierto, participo en el número 5 con un microrrelato inédito basado en hechos reales, todo muy hot, muy panzine.

La frecuencia de los números es apabullante, esto acaba de empezar y ya vamos por el número 8. Sí, señor, así da gusto. Por suerte, además de su edición en papel también puedes hacerte con su versión digital a través de la página del Panzine. Descárgatelos y rodéate de belleza underground. Larga vida a los fanzines.

La DEGENERACIÓN según Gengoroh Tagame

Andamos todos un poco revolucionados con la publicación del cómic Degeneración (Ediciones La Cúpula, 2021), obra de los uno de los mayores exponentes del bara o manga homoerótico Gengoroh Tagame. En este volumen se incluyen cuatro historias en las que su autor da rienda suelta a su gusto por los roles de dominación/sumisión, con un amor por el detalle morboso que hará las delicias de aquellos que vayan en busca de emociones fuertes.

Como se nos advierte en una de las solapas del libro: «Solo hay un gozo que supere al de la dominación, y es el placer de ser humillado. En estas páginas tienen lugar deseos atroces y deambulan matrimonios atormentados, se profesa el sadomasoquismo extremo y se dan encuentros inconfesables, mucho más que eróticos, basados en la pulsión obscena de explorar los límites de cuerpo, psique y masculinidad. Una antología sin censuras que a lo clandestino de sus tramas impone la más detallada osadía gráfica imaginable».

En otras palabras, esto no tiene nada que ver con la candidez de otros mangas homoeróticos de Tagameh como su célebre El marido de mi hermano, sino que está en la línea de otras de sus obras como La casa de los herejes, donde al igual que en este Degeneración explora los límites de la resistencia física en un contexto sadomasoquista. Puede que no sea plato del gusto de todo el mundo pero el amor que manifiesta por los tipos grandes y robustos y su personalísima concepción del erotismo hacen de este volumen un auténtico festín para habituales de la comunidad bear. Se agradece la labor de La Cúpula por recuperar estas historias extremas del maestro Tagameh en una bonita edición y ojalá se animen a reimprimir los tres volúmenes de La casa de los herejes, actualmente agotados.

Follar en el Majestic

Había una serie de protocolos que seguir antes de llegar a la suite del ático. Pregunté en recepción y alguien hizo una llamada en voz muy baja, como si le hablase al cuello de la camisa. Un minuto después me confirmó que alguien me podía acompañar hasta el final del pasillo para empezar el recorrido ascendente. Mientras avanzaba reparaba en detalles que me hablaban de lujo. La moqueta bajo mis pies me hacía sentir que flotaba, que me deslizaba entre algodones: todo era silencio y confort. Tanta pompa me parecía excesiva, ni siquiera tengo el vocabulario para describirlo, yo solo quería llegar de A a B y, una vez allí, pasar un buen rato. 
Unos pisos después golpeé la puerta con los nudillos. El hombre que me abrió la puerta era maduro, poseía un frondoso bigote oscuro y, a través de su bata de seda, atisbé un apetecible cuerpo neumático aunque depilado. Un punto menos para él. Quise darle un beso pero la rigidez de su lenguaje corporal lo echó por tierra. Atravesamos el salón de su majestuosa suite y llegamos hasta el dormitorio. A la derecha, un gran ventanal y la terraza con vistas al Paseo de Gracia. Se quitó la bata y se quedó en calzoncillos. Parecían salidos del vestuario de una película del espacio, con ese acabado dorado que redondeaba las nalgas hasta convertirlas en algo puramente artificial. Mi polla empezó a sumirse en la indiferencia. 
Aquel hombre era un analfabeto sexual. Desconozco el motivo. Era un prestigioso editor de moda y había alcanzado el éxito. Pero no le servía de nada. La rigidez de su cuerpo era lo contrario de un afrodisiaco, su inseguridad aniquilaba todo asomo de deseo. No tenía ninguna iniciativa ni picardía. Todo aquel lujo para qué. Los calzoncillos espaciales debían de costar un riñón. Por alguna razón pensé en ellos mientras trataba de estimular sus pezones con mi juego de lengua. Nada ocurrió. O mejor dicho, sí. La certeza de estar perdiendo el tiempo. Le dije: «esto no está funcionando, me largo». Él asintió bovinamente. Por sus venas no corría sangre sino alguna bebida vegetal. Me vestí deprisa y suspiré con enfado mientras me ataba los cordones de las zapatillas. Él se había vuelto a poner sus calzoncillos dorados. Cuando salí a la calle me calé las gafas de sol para amortiguar la hiperrealidad. El lenguaje universal del amor no siempre es tan universal, del mismo modo que un hotel de cinco estrellas no tiene por qué garantizarte un polvo de cinco estrellas.