¡Nuevo Palabra de Oso!

 

En efecto, la larga espera ha terminado.

Ya está aquí El navegante de los sueños, volumen 8 de la serie Palabra de Oso. Casi 200 páginas de tórridas aventuras en el que es el libro más extenso de toda la serie. Tras dos años de sequía osuna, Marc y sus nuevos y viejos amigos vuelven por fin a la vida. Os agradezco de todo corazón vuestra paciencia y fidelidad. Creo que esta nueva entrega no defraudará a nadie.

¿Y si pudiéramos decidir lo que soñamos? ¿Y si esos sueños fuesen indistinguibles de la realidad pero no estuviesen sometidos a sus normas? 

Un extraño mensaje de un inquietante doctor conducirá a Marc Kaplan hasta Hawái. Allí, rodeado de palmeras y playas paradisíacas, deberá sumergirse en el fascinante universo de los sueños lúcidos para intentar ayudar a su viejo amigo Joel. Pero no todo serán orgías sin límites y placeres oníricos. La lucidez también tiene un reverso tenebroso, y Marc tendrá que descubrir la causa y el culpable de un crimen espantoso y desgarrador. Aunque no estará solo en esta trepidante aventura en la que la carne soñada y el deseo real se funden en un nuevo universo sin límites.

Puedes leer el primer capítulo aquí.

Y como siempre, está disponible en papel y en formato digital en Amazon y en iTunes. Puedes adquirirlo aquí.

Comunicado de Bob Flesh

Estimados lectores, amigos y seguidores:

Habréis notado que últimamente me prodigo poco por estos mundos digitales, y la razón no es otra que la falta del tiempo y la energía necesarios para mantener vivos estos foros, planteando temas, debates y cuestiones de interés para la comunidad osuna como he venido haciendo durante estos años.

Esa falta de tiempo y energía también es trasladable a mi otra faceta, la que dio origen a todo, la de escritor de novelas, la de autor de esa serie pionera en la narrativa española que tan bien conocéis: Palabra de Oso. Perdonad tanto circunloquio, en realidad escribo este post para comunicaros que el volumen 8 de la serie va a tardar más de lo previsto en ver la luz. De hecho, ya hace tiempo que debería estar publicado, pero mis otras obligaciones, las que me dan de comer y pagan mis facturas, me impiden en este momento volcar toda mi creatividad en escribir una nueva historia.

Pero podéis estar tranquilos, Palabra de Oso no está ni mucho menos muerto. Marc, Theodor y compañía siguen muy vivos en mi interior. Puedo sentirlos arañando mis entrañas, luchando por volver a salir al mundo, retorciéndose dentro de mí en busca de nuevas aventuras que a veces asaltan mis neuronas en los momentos más inesperados. Aunque quisiera, no podría matarlos. Quién soy yo para quitar la vida a unos seres a los que una vez di a luz pero que ya no me pertenecen, que poseen sus propias vidas independientes y, reconozcámoslo, mucho mas interesantes que las de la mayoría de nosotros.

Así pues, me disculpo por este largo silencio y os pido paciencia. No sé cuánto tiempo pasará, espero que no demasiado, pero os prometo que volveréis a disfrutar de las apasionantes y tórridas aventuras de Marc, Theodor, Joel, Ginny, J.R., Oswaldo, Hans Mayer, Wolf,  Smog, Armand y Maurice, Carlos Bakunin, Bert, Leo Cunningham, el profesor Quisenberry y un larguísimo etcétera. Todos ellos son mis hijos, mis padres, mis amantes… mis amigos. Volveréis a saber de ellos.

Un abrazo peludo y carnoso.

Bob Flesh

Guía básica para follar en tiempos del GROWLr

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Hace un par de días un fan de mis novelas de osos me escribió pidiéndome consejo para afrontar esta nueva era de promiscuidad sexual promovida por las numerosas aplicaciones de folleteo. No es que me las dé de experto ni me guste pontificar, pero como ya he dicho más de una vez me gusta follar. Como a ti, vamos. A continuación os presento una serie de reflexiones sin otro ánimo que el de recapitular algunas impresiones acumuladas a lo largo de estos últimos años. Todo muy básico, muy elemental. Eres libre de añadir las tuyas.

1. Nunca te cites con un pezón, por muy sexy que sea. Sin foto de cara no hay polvo.

2. No quedes con nadie que cometa atroces faltas de ortografía a no ser que te comas las haches como si fuesen lacasitos o seas un mero empotrador.

3. Si cuando te abre la puerta, te ofrece una Voll-Damm y su aliento es doble malta, inventa un pretexto y date la vuelta. Probablemente olvidaste cerrar la llave del gas.

4. No folles con un gordito geek a menos que sepas quién es Joss Whedon o hayas visto las últimas temporadas de Dr. Who.

5. Si eres un power bottom que siente fuego en el culo y suspira por un buen rabo tieso desconfía de los versátiles.

6. Si eres un activo militante evita quedar con otros activos convencidos, hay muchas probabilidades de que acabéis como dos estatuas mirando al horizonte.

7. Si te hace reír antes de conocerlo en persona, folla con él.

8. No te montes demasiadas expectativas de tu cita, recuerda, follar es tan natural como respirar o preparar la cafetera.

9. Una buena charla sobre lo que os gusta en la cama os ahorrará más de un disgusto.

10. Si el texto de su perfil es más largo que la Biblia, descártalo. No eres un psicólogo, tú quieres follar.

11. Una advertencia para los fanáticos del café previo: de cafés desastrosos han salido polvos gloriosos.

12. Evita a aquellos que te metan mucha prisa, antes, durante o después. Follar debería definirse como lo opuesto al estrés.

Los osos y la imposibilidad de expresar el deseo

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Lazy Bear Weekend – Photo by L. S. Ludwig

Mirad, son malos tiempos para expresar el deseo. Poneos en la piel de un creador o de un escritor, como es mi caso. Si desarrollas ficciones protagonizadas por personajes creados a la medida del canon estético universal estás contribuyendo al odioso afán simplificador del mainstream, a su odiosa dependencia del estereotipo y al culto a los cuerpos imposibles. Si, por contra, apuestas por otro tipo de cánones, aquellos que huyen de la irritante perfección del anuncio de calzoncillos, en favor de cuerpos robustos, redondos y sobrados de kilos, también parece que la cuestión se convierte en problemática.

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Meses atrás una revista literaria online publicaba un breve artículo sobre el subgénero de Literatura Bear a colación de mi serie de novelas eróticas Palabra de Oso. En los comentarios, podía leerse la opinión de una internauta en la que decía lo siguiente: “Conocía la corriente “oso”, lo que no conocía era el subgénero literario. No me vuelve loca la idea de una glorificación de la obesidad, sinceramente. Creo que no es sano. Tampoco me lo parece la glorificación de los cuerpos perfectos y la eterna juventud, vampiros aparte.”

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Semejante afirmación resulta especialmente reveladora del momento actual. Para bien o para mal, seguimos viviendo en la era de lo políticamente correcto. Supuestamente, hay un interés creciente entre lxs creadorxs por no caer en el estereotipo ni herir susceptibilidades por razón de raza, físico u orientación sexual. Pero si suscribimos las palabras de la internauta (que firma como Ana J.), llegamos a la conclusión de que, yo, Bob Flesh, no puedo expresar el deseo sexual que siento hacia los hombres gordos y fornidos. En definitiva, como escritor, debo renunciar a él como material literario para no caer en lo «políticamente incorrecto».

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Portada de «Arde París», una de mis novelas políticamente incorrectas.

La conclusión que saco de todo esto es que las consecuencias de la era de lo políticamente correcto (recordemos que dicha noción empieza a usarse a finales ochenta/primeros noventa) son tan bienintencionadas como nefastas. ¿Por qué? Porque a menudo las buenas intenciones, más que cargarlas el diablo, las carga la estupidez más extrema. Resumiendo, lo que me están diciendo es que no puedo escribir una novela erótica en la que aparezcan personajes gordos haciendo el amor entre ellos porque estoy llevando a cabo una celebración de la obesidad, y eso no es sano.

Fragmento de la serie «El Ósculo hirsuto» – Guibu ©

Comentarios como el de Ana J. son tan necios y peligrosos como las típicas afirmaciones hechas desde una esfera patriarcal, rancia y heteronormativa. Es preciso darse cuenta de estas contradicciones, reflexionar sobre ellas y evolucionar. Hay un hecho, muchos hechos, hay autores y artistas que hablan de cuerpos perfectos y se alimentan del sempiterno canon estético universal. Y luego hay escritores como yo, o como Guibu (con su serie El Ósculo Hirsuto), o como Daniel Mainé (con su Bearton City), o como Victorvanupp (con sus relatos sobre la Madurez Gay), que nos sentimos motivados por otro tipo de cuerpos, redondos, confortables, rotundos. El debate de si esta vertiente de la creación artística es sana o no, resulta prepotente, equivocado, desfasado y sobre todo ridículo.

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Imagen promocional de Bearton City – Daniel Mainé ©

Ya está bien de afirmaciones ociosas y dañinas. Abrámonos a la diversidad, porque de eso se trata. No de glorificar un solo tipo de cuerpo sino la amplia variedad que nos ofrece la naturaleza humana. ¡Por supuesto que podemos glorificar! Escribir escenas eróticas protagonizadas por hombres gordos tiene que ver con la expresión del deseo, con algo sincero, verdadero, profundo y compartido por otros muchos lectores (¿lo pillas Ana J.?). Negarnos esta posibilidad significa censurar, silenciar y condenar de la manera más descerebrada, poco menos que regresar a un régimen totalitario. Dicho esto, mi reflexión del día es la que sigue: expresemos el deseo, claro que sí, y a ser posible abrazando la diversidad de cuerpos. De hecho, casi todos ellos tienen cabida en mi serie Palabra de Oso: osos polares, chubbies lampiños, chasers esbeltos, daddies canosos, etc, etc. Apostemos por la variedad y dejemos de condenar con clichés de tertulia de sobremesa. Porque llegados a este punto es preciso que sepas algo que te afecta directamente: la estupidez nos rodea y en tus manos está detectarla.