
Oliver Hardy en ‘Why Girls Love Sailors’ (1927), puedes verlo aquí.

Oliver Hardy en ‘Why Girls Love Sailors’ (1927), puedes verlo aquí.

James Gobel & Maysha Mohamedi, 2015
“Pinto lo que me gusta, hombres gordos gays”, decía el artista James Gobel en una entrevista para The Advocate. Nacido en Portland en 1972 y afincado en San Francisco, James Gobel lleva dos décadas haciendo lo que le gusta. Gran parte de su trabajo se fija obsesivamente en figuras orondas próximas a su entorno, a menudo en situaciones cotidianas, y las plasma sobre el lienzo con un delicado gusto por los colores planos, las superficies sensuales y un inconfundible regusto camp. Durante los últimos años su trabajo ha evolucionado hacia territorios no figurativos como puede apreciarse en una de sus últimas exposiciones en colaboración con la artista Sandy Rodríguez. Como sabéis, Palabra de Oso siempre se ha mostrado muy a favor de la visibilización de los cuerpos grandes, especialmente si se hace a través de una mirada tan personal como la de James Gobel. Os dejo con una selección de algunas de sus obras.

Bed and Breakfast, 2000

Ridicule Is Nothing To Be Scared Of, 2005

James Gobel, 2006

Jeffrey, The Taylor, 2007

From the Depths I Called You, 2007

Don’t Go To Worry You’re Locked in Tight, Darling, 2008

The Fitting No. 1, 2010

Bring Our Boys Home, 2010

Untitled

I Don’t Know If I’m Coming or Going, 2010

Sam, 2011

The Problem of Leisure, What To Do For Pleasure, 2011

James Gobel, 2012
Más James Gobel

Los amiguitos de Instagram @osos_spain están celebrando sus primeros 1000 followers con el sorteo de un pack completo de mi serie de novelas Palabra de Oso (volúmenes del 1 al 8). Pásate por su Instagram, localiza la foto que adjunto, lee las sencillas instrucciones y ¡participa! El domingo 24 de septiembre publicarán el resultado. ¡Esto merece un Woof muy grande!

Jeremy Enecio ©
Ayer fui al cine a ver Valerian y la ciudad de los mil planetas. Mirad, no puedo evitarlo, mi simpatía por Luc Besson crece al mismo ritmo que el presupuesto de sus películas. Valerian ha costado 180 millones de dólares y su estreno en los USA ha supuesto uno de los flops más flops que recordamos. La película empieza muy bien pero es larga, excesiva y a la postre no es para mí, pero todo ese despliegue kitsch, ese panteísmo naíf y esa conmovedora fe en el poder redentor del amor como elemento estructural de todo el desmelene argumental me enternece. ¿Qué queréis que os diga? No soy de piedra. Su filmografía es irregular y rica en locuras megalómanas como esa trilogía de los Minimoys que nadie que yo conozca ha visto. Yo me quedo con El quinto elemento y Adele y el misterio de la momia. También me gustan Nikita y Lucy. Besson cree en el amor y en las mujeres, es el eterno amante del amor y eso lo aleja de esa masculinidad tradicional de corte patriarcal, también es eso lo que le aleja del componente Avatar. Yo creo que cada vez se está poniendo más buenorro y también creo que debajo de la apabullante envergadura de su aparato… de producción se esconde un alma sensible que vive peligrosamente. Todo esto viene porque me tomaría una copa contigo, Luc. Quizá dos o tres. Observen esa sonrisa, es un hombre de bien.


Los diálogos preliminares entre él y yo se parecían mucho a los del porno, no tenían ningún interés, daban ganas de darle al avance rápido. Así que entramos en materia y él se convirtió en un volcán en erupción. Su cama era Pompeya y se disponía a ser arrasada por el fuego. Pronto empezó a gritarme y a suplicarme. “¡Viólame, viólame!”. Eso me llevó a pensar en lo mal que se lleva nuestra vida sexual con lo políticamente correcto. Me lo había quitado todo menos el sombrero, siempre me pedía que me lo dejase puesto. Empecé a sudar y él también. Sus nalgas tenían un tacto acuático, las zurré con ganas mientras él seguía gritando cosas sucias. El fuego nos hacía sudar cada vez más. “¡Me pones muy puta, joder!”. Cuando terminamos él empezó a roncar, estaba en paz consigo mismo y con el mundo. El sombrero me agobiaba y lo dejé sobre la cama. Dicen que trae mala suerte pero a mí me daba completamente igual.