Nunca subestimes a un power bottom

Para Tony follar era un combate. Solo uno de los dos se proclamaría vencedor. Para él la lucha consistía en aguantar las embestidas del empotrador y encajar aquellas grandes pollas en su experimentado culo. El polvo era todo un viaje que podía alargarse más o menos, en función de la resistencia de ambos. Las caderas del otro se movían con suavidad al principio pero solo al principio y en ocasiones ni eso. Poco después el sudor cubría ambos cuerpos y los empellones sacudían las redondeces de Tony con una furia absolutamente fuera de control. Era el momento de los insultos. Tony se desgañitaba insultando al macho, llamándole ‘bastardo hijo de puta’ y cualquier cosa que le pasara por la cabeza. Aquel respondía redoblando su esfuerzo, con el sudor cubriéndole la frente, los ojos escocidos y la necesidad de conquistar de una vez las nalgas carnosas que tenía entre manos. Y el tiempo pasaba. Y el desafío aumentaba hasta convertirse en algo mayor que se les iba de las manos. Pero nunca subestimes a un amante como Tony. Sabe follar como nadie y no se conforma con cualquier cosa, te exigirá que acabes con él sin contemplaciones o que te sometas al poderío del auténtico power bottom. Cuando el enemigo se derrumbaba sobre su cuerpo empapado, el orgasmo se escuchaba a dos manzanas. La expresión “you bastard!” seguía saliendo de su garganta pero ahora a modo de ronroneo. Su cuerpo entero se estremecía por el placer que proporciona la victoria. Hasta donde yo sé, permanece invicto. Así es Tony. 

Más microrrelatos_palabradeoso

Novelas de osos

Adiós 2018, hola 2019

Termina un año especial para Bob Flesh y empezamos uno nuevo con la convicción de que será doblemente especial. Lejos de apagarse, los motores de Palabra de Oso siguen incombustibles. Durante el año que termina hemos publicado una nueva novela, Big Fat Love, numerosos microrrelatos, entrevistas, colaboraciones especiales y hemos mantenido viva la llama del entusiasmo sembrando numerosos proyectos que verán la luz durante la temporada próxima.

La serie de novelas Palabra de Oso ha cumplido ya cinco años, a lo largo de los cuales hemos publicado la friolera de nueve entregas y prometemos para el 2019 un acontecimiento muy especial: la llegada del volumen 10 para la próxima primavera. Como exige un número tan redondo, estamos preparando el nuevo lanzamiento con el cariño y la dedicación merecidas.

Así que el nuevo año se nos presenta con las fanfarrias propias de todo acontecimiento y lo recibimos con toneladas de alegría que queremos compartir con todos vosotros, queridos lectores. Porque sois vosotros (¡y solo vosotros!) el verdadero combustible de este proyecto pionero, de esta apuesta por hacer ficción erótica protagonizada por cuerpos no normativos, habitualmente excluidos de la cultura oficial. Y como no es cuestión de ponerse sentimental vamos a dejarlo aquí (pero que sepáis que toda la culpa es vuestra). Bob Flesh os ama y os desea un 2019 lleno de buen sexo, aventuras y hombres de todos los tamaños y pelajes. Porque tenéis que saber que follar es tan natural como respirar, de modo que respiremos todos juntos y digámoslo bien alto: ¡Feliz año!

Cine bear más allá de lo bear

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Dicke Mädchen, también conocida como Heavy Girls, es una película alemana independiente estrenada en el año 2012 que contó con un limitado pero respetable recorrido en festivales indies como el Slamdance, donde se hizo con el Premio Especial del Jurado entre otros. Según la web de imdb su presupuesto no pasó de los seiscientos dólares, dato que nos da una idea del terreno en el que nos movemos.

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Dicke Mädchen nos cuenta una historia de amor entre dos hombres maduros cuyas vidas parecen abocadas a una deriva cotidiana con escaso margen para la sorpresa. Sven, un empleado de banca obeso y un tanto desmotivado, se encariñará de Daniel, el excéntrico cuidador de su madre enferma. Quizá definir la película como una historia de amor sea mucho decir, pero en cualquier caso resulta más que estimable la existencia de un título como este, interesado en contarnos las vivencias de unos personajes rabiosamente excluidos de las ficciones habituales por una cuestión, se diría, de mera fotogenia. 

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A la película se le pueden poner ‘peros’ notables como esa apuesta extrema por lo feísta o el dudoso gusto por el subrayado musical pero el conjunto destaca poderosamente por numerosos motivos: 1) por lo que se refiere a su tratamiento de la sexualidad sin caer en los mimbres habituales, 2) por ofrecer un complejo estudio de personajes que no excluye lo bizarro ni lo antipático, 3) por el excelente trabajo de sus protagonistas, 4) por su desinhibido sentido del pudor y 5) por la admirable sensibilidad con la que aborda una enfermedad tan delicada como el alzheimer.

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La propuesta se adhiere a esa modalidad indie tan en boga una década atrás, la del mumblecore de los primeros Duplass y en mi humilde opinión sería muy injusto que cayera en el saco del olvido. En el contexto del cine gay vinculado al asunto bear, Dicke Mädchen podría definirse como lo más opuesto al buenrollismo típico de muestras como la saga Bear City o la webserie Where The Bears Are. Y el hecho de que una de las películas más notables protagonizadas por hombres gordos con sexualidad no normativa esté a mil jodidas millas de los ejemplos mencionados es algo que solo puede empujarnos a los brazos de la reflexión. De momento, la incluimos en nuestra escueta selección de títulos memorables, como son la francesa Dancing (2003) o la española Cachorro (2004).

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