El Superhéroe como Supermarica

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El mundo de los superhéroes ejemplifica muy bien cómo un componente hiperbólico aplicado a la masculinidad da como resultado una realidad paralela en la que lo macho y lo marica se dan la mano con gran naturalidad, hasta el punto de confundirse.

En su origen, El Santo, es un hombre sencillo, un luchador que combate a sus contrincantes en la arena, en el México de los años cuarenta/cincuenta. Tras su conversión en mito de la cultura popular y su paso a las historietas y, sobre todo, a la pantalla grande, reconvertido en Santo El Enmascarado de Plata, sus pectorales se nos antojan más grandes, su complicidad con su sempiterno compañero/rival Blue Demon, más equívoca.

MD23. MADRID, 24/11/08.- El Hijo del Santo (d) y Blue Demon Jr. (i), son dos de los luchadores que el próximo sábado y domingo se subirán al cuadrilátero instalado en el Circo Price de Madrid para hacer una demostración de "El mítico mundo de los enmascarados mexicanos". La lucha libre forma parte de la cultura y del día a día de México, los luchadores son verdaderos héroes nacionales e iconos de la imaginaría popular, nombres como los de El Hijo del Santo y Blue Demon Jr. están muy presentes en la sociedad mexicana y este fin de semana llegan a Madrid para mostrar su arte. EFE/Actúa Comunicación ***SOLO USO EDITORIAL***

Durante los años 60 Susan Sontag definió “lo camp” como una estética homosexualizante, un punto de vista que potencia el humor, la ironía y la exageración. Más allá de los debates subsiguientes, la realidad es que “lo camp” está aquí para quedarse. Lo entendemos como algo consustancial a la cultura popular. Lo mismo nos da que se trate de una estética intencionada por parte del artista que algo experimentado por parte del que mira. En cualquier caso, cuando el espectador intuye su presencia, cree detectar un cierto tufo a homosexualidad en el ambiente… y no anda muy desencaminado.

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Las lógicas ‘hiper’ de la sociedad de consumo aplicadas a la masculinidad arrojan un saldo «camp» que tiene que ver con la manida sentencia de «los extremos se tocan». Cuando lo gay se pasa de vueltas cae en lo hipermacho y cuando lo macho rebasa sus márgenes se precipita en lo hipermarica. Como podéis observar, se trata de dinámicas bastante divertidas.

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Siguiendo esta lectura, cabe concluir que lo «macho», como tal, no se refugia ya en el mundo heterosexual sino en determinados sectores de la subcultura bear; mientras que lo «marica», en su manifestación suprema, campa a sus anchas en el mundo de los superhéroes. Tanta testosterona, tanta virilidad, tantas mallas ajustadas, tanta máscara de cuero, tanto tándem contra el crimen estrecha lazos más allá de lo normativo. Cuando el peligro acecha, la intensidad del polvo aumenta de manera exponencial.

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Manifiesto Bear

La manera lógica de culminar esta serie de entradas dedicadas a las turbulencias detectadas en el seno de la comunidad ursina mundial reviste las formas de un nuevo manifiesto. No será el primero ni el último, y tampoco se trata de una cuestión caprichosa, el malestar bear lleva gestándose desde hace al menos una década. Si queremos que la subcultura de los osos vuelva a lucir en todo su esplendor, será preciso realizar un ejercicio de autocrítica, darnos un baño de humildad y volver a fijar la mirada en los presupuestos básicos de nuestra peluda comunidad, es decir, aquellos que animaron su propio surgimiento allá a finales de los ochenta del pasado siglo. Con este propósito, esta web, de manera intrépida —y sin embargo humilde—, lanza a la comunidad global el siguiente manifiesto:

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1. La etiqueta bear es una manera de entendernos.
2. La etiqueta bear es polisémica e inclusiva, admite a todo el mundo: gordos, flacos, peludos y lampiños.
3. Usted es un oso, o un gordito, o un cazador, o un muscle, o un otter. No importa su envergadura física ni la cantidad de pelo que pueble su pecho.
4. Para formar parte de la comunidad bear solo es necesario un requisito: desear formar parte de la comunidad bear.
5. La comunidad bear no establece jerarquías, y si las establece es preciso acabar con ellas. Todos somos ciudadanos de primera clase: osos, gorditos, cazadores, muscle, otters, etc.
6. Aquellos que incumplan el punto anterior serán invitados a extraer su cabeza de lo más profundo de su culo.
7. Los habitantes de la comunidad bear que se comporten como divas engreídas recibirán no menos de veinte azotes en sus carnosas o magras nalgas.
8. Reivindicar nuevas maneras de entender la masculinidad en el contexto gay no significa menospreciar la pluma o lo femenino. La comunidad bear será inclusiva o no será.
9. La comunidad bear no puede ser víctima de estereotipos: sus principios son las ganas de compartir, disfrutar y follar en armonía.
10. El mainstream surgido de la escena bear imita las dinámicas del mainstream típico de una sociedad tardocapitalista, por lo tanto, por pura higiene, debe ser periódicamente revisado, cuestionado y deconstruido.

Malestar Bear

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A raíz de la entrada anterior, dedicada a la cuestión del Narcisismo bear, se ha ido evidenciando un tema de fondo que exige ser tratado, analizado y, sobre todo, debatido. Me refiero al malestar experimentado por muchos de aquellos que forman parte (de manera directa o indirecta) de la Comunidad Bear. Uno puede imaginar tal comunidad como un lugar donde la belleza de sus habitantes los osos y las relaciones que entre estos se establecen están marcadas por la armonía, la bondad y las mejores intenciones. Bien, pues no se engañen, tal cosa pertenece exclusivamente al campo de la fantasía. No importa el país, no importa el continente, a menudo los osos no nos entendemos entre nosotros y más que una fraternidad universal que articule esta comunidad global se perciben fisuras claras que nos hablan de división de opiniones y actitudes enfrentadas.

Colectivos de osos peleados con sus homólogos de otras ciudades, kdadas alternativas surgidas del enfado de unos cuantos, rencillas, celos y envidias en el contexto de la boyante escena bear, actitudes despreciativas y excluyentes por parte de bares emblemáticos, divismo mal asimilado por parte de unos cuantos, en fin, la lista de las señales que nos habla de tal malestar no para de crecer.

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Acaso la efervescencia del propio movimiento bear se nos está yendo de las manos. Nos lo tenemos muy creído. Molamos un montón. Hemos creado una subcultura. Woof, woof, estamos aquí para quedarnos. Incluso uno puede hacerse rico a golpe de evento bear. Woof, woof.

Peligro.

Uno echa la vista atrás y, en efecto, hemos creado algo. Tenemos nuestras propias películas y series de TV, nuestros propios monólogos, nuestros propios cómics, nuestras propias novelas, nuestros propios documentales, nuestra propia jerga, nuestros propios resorts, nuestros propias fiestas y nuestra propia parafernalia y merchandising e incluso nuestras propias barberías. En fin, un cúmulo de cosas que nos distinguen de nuestros amigos y vecinos gays más generalistas y que, aunque presumidos, no poseen una subcultura tan joven y efervescente de la que enorgullecerse. A menudo uno oso está doblemente orgullOso. Por marica y por oso, naturalmente

Malestar.

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Francamente, yo no sé muy bien de dónde proviene tal malestar. Me gustaría animar al debate desde aquí y aprender con vosotros, disfrutar de vuestras aportaciones. A ver si entre todos conseguimos llegar a algún sitio. En mi entrada anterior dedicada al Narcisismo bear hablaba del final de una etapa dentro de la reciente historiografía ursina y de una necesidad de reflexión y cambio posterior deseable. Se percibe como algo necesario. Así me lo demostró el generoso feedback originado por dicha entrada. Algo me llamó la atención. Los comentarios albergaban un claro desencanto con la evolución de la comunidad bear. Un enfado, una rabia apenas contenida, acaso a punto de explotar. Se condenaban actitudes excluyentes y el divismo de la escena (según me cuentan, el nivel de postureo en el mundo oso está alcanzando niveles nunca imaginados).

Exclusión.

Precisamente, el factor excluyente se hace notar con intensidad en el momento actual. Tradicionalmente se hablaba del movimiento bear como un submundo del colectivo gay que contaba con el singular (y sin duda atractivo) aliciente de no estar tan fundamentado en la importancia de la estética y de la imagen de cada uno. Presuntamente, los osos no somos tan esclavos de ningún estereotipo, somos libres de vestir y alcanzar el peso que deseemos. Si eres flaco puedes ser un cazador o un otter, si eres gordo eres un chubby, si eres fornido eres un muscle. En fin, presuntamente, se trata de un movimiento aglutinador, armonioso y de carácter francamente abierto.

Mentira.

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Un lector de este blog me habló de este artículo, titulado meridianamente ‘¿Por qué finge la gente que la escena gay de osos no está tan basada en el aspecto físico como cualquier otra escena gay?’. El texto resulta demoledor y supone una llamada de atención (otra más) sobre la necesidad de reflexionar sobre los mismos presupuestos de la comunidad bear. La conclusión del mismo está contenida en su mismo enunciado: el mundo oso no solo se fija muy especialmente en el físico, sino que por momentos resulta excluyente. Como señala el autor del artículo, Rich Juzwiak, al fin y al cabo hablamos de un vasto grupo de gente, de todo un colectivo y, siguiendo sus palabras, “si la cultura bear fuera realmente tan abierta —hasta el punto de que no necesitara existir como tal—, simplemente sería una amorfa batalla campal en la que cabríamos todos”.

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En fin, no quiero hacer un chiste malo, pero en algunos lugares del fabuloso mundo de los osos te pueden caer puñales por activa o por pasiva. Quiero pensar en un modelo válido para todos y que no resulte polémico, excluyente o antipático y que no perezca en manos de la mercantilización o del gusto por el lucro de unos pocos. A lo mejor es algo consustancial a toda subcultura, en cuyo caso deberemos aprender a lidiar con ello o a refugiarnos en nuestros hogares. Tiremos de bibliografía, ¿quién dijo que la evolución de toda subcultura es un camino de rosas?

Narcisismo Bear

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En cierto modo, la historia del movimiento bear puede ser leída en clave de un ejercicio de autoafirmación de tintes narcisistas. Su progresiva consolidación como subcultura con la llegada de la fabulosa internet y su difusión masiva a nivel mundial tiene un efecto inmediato sobre aquellos homosexuales que se siente marginados por el mainstream en tanto son gordos, peludos y distan de semejarse al dichoso canon estético universal.

En este contexto, la impronta de internet posee una consecuencia clara sobre el colectivo homosexual: amplía el canon estético para incluir en él a todos aquellos que tradicionalmente se habían visto excluidos por el mismo. La repercusión de este hecho posee vastas consecuencias cuyo epicentro localizamos en un subidón inmediato de la autoestima. Ha nacido el narcisismo bear.

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La proliferación de portales y revistas sobre temática bear construye paso a paso una estética propia que sirva de unidad de medida para la nueva figura del “oso” como tal. Parámetros como las maneras masculinas, el sobrepeso, las camisas de cuadros y lucir con orgullo la edad serán algunos de los más notables en este nuevo contexto homosexual. De aquí se derivarán nuevas banderas (bear flag), nuevos rituales (eventos varios, kdadas), nuevas categorías (chub, chaser, cub, otter) y nuevas nomenclaturas (husbear) que sembrarán las semillas de un efervescente e imparable orgullo bear.

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La ruidosa irrupción de todo ello en el contexto homosexual hará que voces autorizadas como la del cineasta John Waters se rasguen las vestiduras en clave humorística ante tanto revuelo y tanta dramatización. Al director de Pink Flamingos la segunda salida del armario asociada a la subcultura bear le parece excesiva (mamá, me gustan los hombres, pero es que además soy un oso…). Me parece muy bien que se haga humor con todo esto pero creo que para comprender el momento actual es preciso posicionarse y vivirlo desde dentro. Todos aquellos que hemos detestado el imperio del canon estético universal no podemos sino celebrar la diferencia… una diferencia que empieza a convertirse en algo homogéneo a base de autoafirmación y difusión en ascenso.

Hablamos de la aparición de los primeros estereotipos, de la consolidación de un modelo oficial de oso, que como tal deviene en referencia estética y en última instancia se torna excluyente. No importa, esto es algo que se percibirá con mayor claridad en un futuro inmediato. De momento, seguimos instalados en lo que podemos considerar como una primera etapa de la subcultura bear, y dicha etapa, como vengo sosteniendo, sigue fundamentada sobre nociones referidas a algo así como el narcisismo bear. 

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El narcisismo bear estalla en el preciso momento en el que un oso adquiere conciencia de ser un oso, de pertenecer a una comunidad que lo acoge y lo valora, de dejar de sentirse de una vez por todas el patito feo. El narcisismo bear es el grito inesperado frente a un espejo: ¡soy guapo, soy un sex symbol! ¿Alguien recuerda a aquel grupo tecnopop bautizado oportunamente como Vanity Bear? Dame narcisismo y vanidad, a toneladas, por favor.

Este grito se amplificará a través de los perfiles personales de las páginas de contactos y sobre todo de las redes sociales. Desde este punto de vista, la confluencia de estas últimas con la recién inaugurada era del ‘selfie’ suponen un momento álgido dentro de esta celebración de la belleza osuna. Demos la bienvenida al oso 2.0. Flash. Dame glamour. Flash. Dame mis quince minutos de fama.

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¿Qué opina Bob Flesh de todo esto? Mirad, si alguien espera que critique el divismo y lo machacón de determinados personajes del Facebook y otras redes sociales se equivoca. Considero que no hay que darle muchas vueltas: nos encontramos en una primera fase de la subcultura osuna y dicha fase se define por el ruido y el orgullo exacerbado. Los osos deben visibilizarse y exhibir rotundamente sus redondeces. Es preciso que lo hagan, en cierto modo es el grito de guerra que te permite hacerte un hueco en un contexto hostil.

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También es verdad que empieza a percibirse un cierto tufo a final de etapa. A lo largo de estas dos últimas décadas los osos han evolucionado y han ido diseñando su propio modelo oficial y todo modelo oficial está sujeto a críticas y a deconstrucciones varias. Incluimos esto en el capítulo de lo que nos vendrá en el futuro, pero recordad que el viejo Bob os avisó antes que nadie: el modelo de oso oficial y la subcultura bear en general debe ser revisada a la luz de nuevas necesidades y/o realidades.

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A lo largo del camino nos queda una evolución indiscutible. El oso se está volviendo algo más sofisticado que los modelos primitivos. De un modelo oso leñador de Nebraska hemos pasado a un modelo oso hipster cosmopolita y universal. Esta es una afirmación que me hizo un fan de mis libros y pienso sinceramente que no va desencaminado. Las barbas se vuelven más hirsutas y los peinados adoptan formas imposibles. Mientras tanto el dashboard de mi Facebook sigue plagado de fotos de osos narcisistas que aspiran a superar sus marcas de megusta. Me parece totalmente lícito y participo de su belleza, es más, te pondré un megusta si lo mereces. Para mí todos esos ositos son el equivalente a las pin-ups de antaño, chicas de calendario, osos de calendario a pie de calle. Viva la democratización 2.0. Usted puede ser un sex symbol, ¿acaso no lo había pensado?

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Lo único negativo de la función tiene que ver con lo que los amiguitos de Bebearmyfriend han bautizado como divas del coño, osos inalcanzables que habitan una nube de narcisismo bear mal asimilado. Las divas del coño están de mal humor y quieren tu admiración pero poco más. Las divas del coño quieren follar pero no saben cómo conducirse. Las divas del coño te lanzarán un cebo y te lastimarán con el anzuelo. Permaneced atentos. Reconoced las señales. Observad cómo se mueven.