Fantasía compartida

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Le dije que no había nada malo en comerse veinte pollas tiesas una detrás de otra, con la tranquilidad que da tener una en cada mano mientras terminas con la que tienes en la boca. Todos esos hombres desnudos exhibiendo sus tremendas erecciones, masturbándose y deseando que les llegue el turno. Cada descarga en la garganta es un subidón que te electriza, me dijo. Ya me lo figuraba, respondí. Tantas pollas jugosas y esos testículos pesados de macho que te prometen el elixir de la vida y te lo ofrecen de un modo generoso. Es una fantasía compartida por muchos hombres, también por algunos maricas.

Ya disponible la nueva novela de Bob Flesh

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Si te gustan las historias eróticas protagonizadas por osos, gorditos y cazadores estás de enhorabuena porque ya está disponible en cualquier lugar del planeta (via amazon) Big Fat Love, la nueva novela de la pionera serie Palabra de Oso, tanto en versión digital como en formato físico.

¿Qué es el amor? ¿Funciona el poliamor? ¿De qué hablamos cuando hablamos de throuple? ¿Está en crisis la pareja? ¿Cree usted en las relaciones abiertas? ¿Y en las cerradas? ¿Es posible enamorarse de un culo? ¿Es el fetichismo una forma de amar? ¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor? Estas son algunas de las preguntas que desfilan a lo largo de las páginas de Big Fat Love, un adictivo viaje a los placeres del sexo que estimulará tu imaginación como nunca antes has experimentado. 

En esta ocasión, Marc y su marido Theodor se verán inmersos en un tórrido enredo en la soleada Fort Lauderdale, un paraíso gay en el que lo más fácil es dejarse caer en brazos de la tentación. ¿Saldrá ilesa su relación de esta aventura? Deberás sumergirte en un océano de amor y sexo entre osos peludos y apuestos cazadores si quieres conocer la respuesta.

Puedes leer el primer capítulo aquí y puedes comprarla a través de amazon.

Por cierto, la preciosa foto de portada es obra de Iván y Gabo. Gracias por vuestro arte y por ser tan estupendos <3.

Dáselo

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Recuerda que lo que más le gusta es que lo usen, quiere vivir la fantasía de ser una puta obediente, su mente sigue obsesionada por la idea del pecado, de ahí que follar con él resulte tan intenso. En cuanto lo veas, pídele que se quite esos vaqueros que le oprimen y también esos calzoncillos blancos de algodón que te recuerdan a un pasado analógico. Pídele que se agache contra el escalón de modo que pueda ofrecerte su culo cómodamente, verás que sus nalgas son suaves y tienen un tacto casi infantil, lo cual las vuelve más excitantes. ¿Qué quieres que te diga? Yo las prefiero a unas nalgas peludas. Te lo digo en serio, si escupes sobre ellas tu mano las sentirá como una carne apetitosa. Por descontado, tiene la convicción de que su deber es satisfacer al macho. No dudará en hacer lo que le ordenes. Si aceptas un consejo, susúrrale cosas sucias al oído mientras se la clavas: lo tendrás completamente a tu merced. Llámalo por su nombre y recuérdale lo que espera de ti. Dáselo.

Las cosas que él me dijo

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Me dijo que allá por Filadelfia nadie mostraba demasiado interés en follarse un culo gordo como el suyo, que de hecho llevaba más de un año sin que se ocuparan de él. También me dijo que solía ser activo hasta que un día dos tíos lo ataron y se dedicaron a follarle ese culo gordo por turnos durante horas. Me contó que después de aquello se había convertido en una zorra pasiva sumisa. Me pidió que fuese su amo, que buscase una casa con sótano donde pudiese tenerlo desnudo las veinticuatro horas del día a mi entera disposición. Me dijo que si realmente me gustaba y tenía interés en seguir disfrutando de su culo debía marcarlo como al ganado. Me insistió en que buscase esa casa porque él no podía alojarme. Me sugirió que buscase a otro tío activo para que le diéramos su merecido entre los dos. Tan solo pedía que usáramos su ojete sin preguntar, que él estaría disponible para nosotros las veinticuatro horas del día. Me dijo que si cumplía con todo aquello y lo trataba como al cerdo que era estaba dispuesto a limpiar mi agujero con la lengua siempre que usara el baño. También me animó a que le aplicara descargas eléctricas sobre su polla inútil. Me suplicó una vez más, por favor, amo, úsame. Pero yo no merecía ese nombre, aún no había tomado ninguna decisión, básicamente me había limitado a decirle que lo encontraba muy sexy.

Vámonos

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Se encontraron en el café de la estación. Jürgen había tomado un vuelo desde el aeropuerto de Amberes y durante el viaje sus escasos cabellos se habían revuelto de forma cómica, otorgándole el aspecto de un director de orquesta irascible. Había dejado en Bélgica a su mujer y a sus dos hijos pequeños. Le esperaba un congreso sobre traducción y alguna que otra alegría paralela. Le pidió a la camarera un café corto y un vaso de agua. El chico estaba junto a él y bebía una cocacola. Su mirada atravesaba la enorme cristalera, concentrada en las complicadas maniobras de un autobús en medio del tráfico. Jürgen vestía una elegante gabardina de color crema aunque a nadie se le escapaba que su cuerpo era demasiado voluminoso como para poder abrocharla. Era dos  tallas más pequeña de lo debido y, si uno se fijaba lo suficiente, podía apreciar una pequeña mancha oscura en la solapa izquierda. El autobús desapareció por la avenida y el chico perdió interés por la escena. Se volvió hacia su acompañante y le dedicó una sonrisa de complicidad. Jürgen le habló en un perfecto castellano.
»Esta vez quiero que sea diferente. Quiero que me folles sin condón. Sentir el contacto de tu enorme polla atravesando mi culo, ensartándome sin piedad. Es muy importante para mí, no puedo explicártelo pero es algo que necesito experimentar contigo, sabes que yo no soy así pero me excitas como nadie y no es una cosa que yo vaya pidiéndole al primero con el que me acuesto. Yo estoy limpio y tú estás limpio. Podemos hacerlo. Quiero sentir tu piel contra mi piel, los chorros de tu leche saliendo disparados y estrellándose contra las paredes de mi agujero. Quiero sentirte muy duro dentro de mí y que cuando saques todo tu pollón, mi ojete se vea completamente dilatado y reventado por tus embestidas de macho, que una gota de tu jugo se deslice hasta las sábanas y quedarme derrotado y extasiado sabiendo que te llevo muy adentro. Haces que me sienta muy puta, quiero entregarme a ti por completo y que me uses a tu antojo.

Dicho esto, Jürgen se bebió el vaso de agua y se humedeció los labios con la lengua. Había hablado sin interrupción. Con disimulo, el chico se llevó una mano a la entrepierna, terminó su cocacola, dejó unas monedas sobre la barra y le dijo ‘vámonos’.